Pastoral

Consejos para aprender a honrar a nuestra Santa Madre

En diferentes fechas de mayo se festeja el día de las madres en la mayoría de nuestros países. Por ejemplo: en España la celebración fue el primer domingo del mes; en Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Honduras, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela… el segundo domingo del mes. Es por ello que hoy quiero dedicarle estas líneas a una madre que algunas veces es olvidada: “NUESTRA SANTA MADRE, IGLESIA”. 

Pero ¿por qué a la Iglesia la consideramos como nuestra madre? “La Iglesia es Madre porque es una Esposa (de Cristo) que está siempre dando a luz hijos de la luz, pilares de santidad, fuentes de inspiración, atletas de la verdad, y defensores de la fe”

Desde niños nos aprendimos los diez mandamientos, y aunque a algunos nos costó más que a otros, el reto más difícil es ser fiel y cumplirlos durante nuestra vida. El cuarto mandamiento, “Honrarás a tu padre y a tu madre”, encabeza la segunda sección de mandamientos enfocados en el amor a nuestro prójimo. ¡Que hermoso es Dios que pone en primer lugar a nuestra familia! “Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida y que nos han transmitido el conocimiento de Dios. Estamos obligados a honrar y respetar a todos los que Dios, para nuestro bien, ha investido de su autoridad”.

Hoy quiero daros cinco consejos para aprender a honrar a nuestra Santa Madre, La Iglesia, y que de paso servirán como recordatorio para aplicarlo en la relación que tienes con tus propios padres.

  1. Respétala

El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une.

  1. Sé agradecido con ella

El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia.

  1. Es simple: obedece

El respeto filial se expresa en la docilidad y la obediencia verdaderas. Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre. En tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar. El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión.

  1. Aporta de lo que tengas

El cuarto mandamiento recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades para con los padres. En la medida en que ellos pueden, deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento. ¡Ayúdale a la Iglesia! No basta con donar tu tiempo y tus ideas. También es importante colaborar económicamente en las diferentes colectas. No importa la cantidad, lo importante es que sea sincero y venga del corazón.

  1. Sé buen hijo, pero también buen hermano

El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar; atañe también a las relaciones entre hermanos y hermanas. El respeto a los padres irradia en todo el ambiente familiar. Corona de los ancianos son los hijos de los hijos. Soportaos unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia”.  Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude siempre a tomar las mejores decisiones, y a nuestro Señor que moldee nuestro corazón y lo haga similar al de Él; para amar, pero también para perdonar; para no ser soberbios y para tener la capacidad de pedir perdón. ¡Somos hijos de un mismo Padre!

Espero haberte hecho pensar con todo lo anterior. Y recuerda:

“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar”

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