Mes Misionero. Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo

Este año se cumplen 100 años de la Carta Apostólica Maximum Illud del Papa Benedicto XV. Para celebrar este centenario, el Papa Francisco ha convocado un Mes Misionero Extraordinario (MME) este mes de octubre. Con él, el Santo Padre quiere despertar la conciencia de la misión ad gentes y retomar con nuevo impulso la responsabilidad de proclamar el Evangelio de todos los bautizados.

La clave para ser misionero es vivir como testigo

¿Y qué hay que hacer para ser misionero? El Papa lo dijo bien claro: “Testimoniando con nuestra vida que conocemos a Jesús. Testigo es la palabra clave, una palabra que tiene la misma raíz de significado que mártir. Y los mártires son los primeros testigos de la fe: no con palabras, sino con la vida. Saben que la fe no es propaganda o proselitismo, es un respetuoso don de vida. Viven transmitiendo paz y alegría, amando a todos, incluso a los enemigos, por amor a Jesús”.

Si quieres que Dios haga cosas grandes en ti, primero has de hacerte pequeño.  No se puede ser lluvia sin haber sido antes nube, y no se puede dar agua sin tenerla. Cuando amas y lo das todo a Dios, cuanto más comunión con Dios, más lejos llegarás y más fuerte te harás en Él. Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom 8: 31-39)

Una Iglesia misionera, es una Iglesia que no pierde el tiempo en llorar por las cosas que no funcionan

El Papa Francisco dice que “una Iglesia en salida, misionera, es una Iglesia que no pierde el tiempo en llorar por las cosas que no funcionan, por los fieles que ya no tiene, por los valores de antaño que ya no están. Una Iglesia que no busca oasis protegidos para estar tranquila; sino que solo desea ser sal de la tierra y fermento para el mundo. Sabe que esta es su fuerza, la misma de Jesús: no la relevancia social o institucional, sino el amor humilde y gratuito”.

Este mes el Señor te llama a ti, personalmente. Te pide que te muevas, que te entregues allá donde vayas, allá donde se necesita más esperanza, donde la gente vive sin la alegría del Evangelio… Hagamos que la Iglesia vuelva a encontrar su fecundidad en la alegría de la misión, ¡seamos Iglesia!

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