Pronto vamos a celebrar la Navidad y eso significa que muchos de nosotros nos reuniremos con nuestros seres queridos, brindaremos, compraremos regalos, decoraremos nuestros hogares… Pero esta celebración significa mucho más. En este artículo hemos querido ahondar en los valores de la Navidad y reflexionar sobre el impacto que estos días pueden tener en cada uno de nosotros.

Aunque cada año vemos más pronto los turrones en los supermercados, la Navidad no comienza entonces. El año litúrgico tiene varias estaciones: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y el Tiempo Ordinario. El tiempo de Navidad empieza el 24 de diciembre y termina el domingo siguiente a la fiesta de la Epifanía. Ese domingo, que este año cae el 12 de enero, se celebra la fiesta del Bautismo del Señor. La Navidad es tan importante que su tiempo de preparación, que es el Adviento, es de cuatro semanas.

Para hallar los verdaderos valores de la Navidad, hemos de fijarnos en su origen. En Navidad celebramos el nacimiento entre nosotros de Jesucristo, el hijo de Dios. Es la fiesta de Dios con nosotros. Y de ese hecho, surgen tres valores principales que dan motivo a la Navidad:

La Fe

La fe, nuestra relación con Dios, son el pilar de la Navidad y lo que le da sentido. ¿Te has preguntado alguna vez por qué brindas en Navidad, por qué recibes regalos, por qué comes platos ricos…?

David, estudiante de la Universidad CEU, nos cuenta como vive la Fe.

La razón no es que las cosas te vayan bien. La verdadera celebración de la Navidad es que, independientemente de cómo te vayan las cosas, Dios está contigo.
Para todas aquellas personas que, por diferentes motivos, se puedan sentir necesitadas de fuerza, de ánimo… la Navidad puede representar un motivo de consuelo. Porque el valor principal de la Navidad es su propio origen: que Dios está con nosotros. Esta alegría la compartimos con los más cercanos. Y esto nos lleva al siguiente valor de la Navidad.

La familia

Para muchos de nosotros, la familia representa un pilar en nuestra vida. Aprendemos a amar a los demás, a entregarnos a ellos y a recibir cariño, en el seno familiar. Durante la Navidad, las reuniones familiares y los reencuentros con nuestros parientes son muy habituales y se convierten para nosotros en un motivo de felicidad.

Carlos, estudiante CEU, sobre el valor que le da a la familia

Sin embargo, nuestra familia no puede ser una isla en la que celebramos la Navidad y que nos hace darle la espalda al resto. La alegría de compartir estos momentos no puede quedarse en nosotros, ni en nuestro núcleo familiar. Hemos de intentar que se expanda también a los demás. Y no como una mera filantropía, sino como parte de un proceso natural en el que doy “gratis” todo aquello que yo he recibido “gratis”. Por eso disfrutar del regalo de la familia nos tiene que impulsar hacia el tercer valor de la Navidad.

La solidaridad

El amor que sentimos por nuestra familia nos catapulta a darnos a los demás. La Navidad es para todos, pero, sobre todo, para los que más la necesitan. Para aquellos que, aparentemente, puede que no tengan nada que celebrar, o que crean que no tienen motivos; las personas que están solas, las que están enfermas, las que no tienen nada que regalar o recibir…

Carmen comparte su experiencia como voluntaria

Las actividades solidarias como las recogidas de alimentos o juguetes, las visitas a hospitales o residencias de ancianos… son actos que sirven para visualizar que nuestra alegría no se queda en nosotros, sino que se irradia y se expande a los demás. Porque cuando descubrimos que Dios nos llena, nos impulsa a darnos a los demás.

Tal y como hemos visto, todo arranca de nuestra relación con Dios. Y este Dios no viene a hacernos una visita temporal, de cortesía. Viene para quedarse. Así que, con su ayuda, tratemos de alargar los valores de la Navidad más allá de las próximas semanas.

Y ahora, sí… ¡Os deseamos Feliz Navidad!

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