El sábado 18 defebrero, viví una experiencia inolvidable.

Fui de voluntaria con la Universidad a la residencia “Casa Nostra” de Valencia. Se trata de una residencia para personas con diferentes discapacidades intelectuales y físicas.

Es difícil de explicar todo lo que sentí en las pocas horas.

Al principio quería huir, porque no esta preparada para el impacto emocional que en pocos minutos recibí. Los primeros momentos son incómodos, porque todavía no estás acostumbrado a la forma de hablar, gesticular y comunicarse de estas personas, que son muy cariñosas e intensas. Sin embargo, poco a poco fui aprendiendo a acompañarles. A medida que transcurría el paseo por el parque, puedo decir que disfruté como una niña, me reí como nunca, bailé, y el sol brillaba tanto fuera como dentro de mi corazón.

Me encariñé con una de las señoras que llevábamos de paseo, es súper coqueta y dinámica. A ella le dio igual que todos estuviéramos tomando algo, y ella no, ella sólo quería bailar, que yo bailara con ella, mandar besos y mover su pelo para que yo hiciera lo mismo y así las dos estuviéramos guapas. Su alegría era contagiosa, y eso me encantó. Además, el cariño que profesaron los demás voluntarios que vinieron al paseo fue maravilloso.

Destaco la gran labor que realizan en la residencia. Además, propongo que volvamos para realizar alguna actividad con ellos en los distintos talleres que nos mostraron.

Tengo que agradecer a la Universidad la creación de la Cátedra de Solidaridad, organización solidaria que hizo que mi corazón latiera con fuerza. Desde aquí os ánimo a que viváis experiencias como esta, porque no nos cuesta tanto, y damos un poco de felicidad a aquellos que realmente la quieren sin pedir nada a cambio.

Mª José Carrasco Palazón.

 

                               

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