“Top Secret”: conversamos con un espía

Jaime Rocha, que fue agente del CNI (Centro Nacional de Inteligencia) durante casi 30 años, nos acerca en esta entrevista a un ámbito muy poco conocido: los servicios de inteligencia.

Capitán de Navío retirado, este antiguo espía ejerce hoy, entre muchas otras cosas, como secretario de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) de Cádiz y vicepresidente de la oenegé Madre Coraje.

Caballero de la Real y Benemérita Institución de Caballeros Hospitalarios de San Juan Bautista, y Gran Cruz de Justicia de San Lázaro, Jaime Rocha colabora periódicamente en prensa, radio y TV y forma parte activa de la Asociación de Ex Agentes de Inteligencia de España.

Jaime Rocha durante una conferencia impartida recientemente en el CEU

Secreto, reservado, confidencial, de difusión limitada. ¿Es el lenguaje real del CNI y los servicios de inteligencia o son expresiones de película? 

Nada de películas, son términos absolutamente reales, y no solo en España.

Son grados de calificación que nos indican qué personas tienen acceso a esa información. Por ejemplo, yo tuve una autorización para recibir información OTAN SECRETO en razón de un puesto que ocupaba. Al cesar en el puesto, se me quitó esa credencial.

Un informe de inteligencia debe llevar consigo dos calificaciones muy importantes. Por una parte, de la “fuente” y, por otra, del “contenido”.

La credibilidad de la fuente es fundamental, porque avala o no el contenido. Por otra parte, el contenido debe ser comprobado según otras informaciones. Un informe de inteligencia es “el destilado” de muchas informaciones de distintas fuentes, todas ellas a su vez valoradas.

Tenemos una imagen de los espías y el mundo de la inteligencia un tanto distorsionada. ¿No es así?

Efectivamente. No todos los agentes secretos o agentes de un servicio de inteligencia son iguales ni hacen el mismo trabajo. Hay, al menos, tres, y en nada se parecen unos a otros, aunque se generalice y se cometa el error de llamar espías a todos.

«El espía es una persona que, movida por una entrega al servicio de su país, trabaja en la obtención de información vital para la seguridad de este y de sus compatriotas»

¿Qué tres tipos de agentes hay?

A grandes rasgos, y sin ser muy correctos, pero para aclararnos, serían los técnicos, los analistas y los espías.

Un técnico sería un hacker trabajando para un servicio de inteligencia. O, menos complicado: técnicos, normalmente en comunicaciones, informática y nuevas tecnologías.

Un analista es la persona experta en un determinado tema o un determinado país o, generalizando, en un determinado objetivo informativo. Es destinatario de mucha información de muy diversas procedencias y debe tener, en primer lugar, mucha claridad de ideas y, en segundo, mucha capacidad de síntesis. De montañas de informes apenas debe escribir medio folio, pues los destinatarios de esa “inteligencia” no tienen tiempo de leer mucho más. No se puede mandar un informe de tres folios.

En la embajada de Praga

¿Y el espía?

Pues el espía, agente secreto o “agente manipulador de redes clandestinas” es una persona que, movida por el idealismo, por una entrega al servicio de su país, trabaja en la obtención de información vital para la seguridad de este y de sus compatriotas.

El espía, que es el término que prefiero, tiene que contar con colaboradores, confidentes, agentes, informadores que, por dinero u otras motivaciones, proporcionan la información. Es lo que se conoce como “humint” o inteligencia obtenida por medios humanos, en contraposición con la obtenida por medio de señales (acústicas, visuales…) o “sigint”.

«Para ser espía hay que tener cualidades relacionadas con la inteligencia emocional, como empatía, valor, serenidad e idealismo»

Pero eso del espía con “súper poderes” es un mito, ¿no?

Efectivamente. Ni tienen esos poderes ni conducen coches inimaginables ni son físicamente espectaculares.

Pero sí es cierto que, para ser espía no sirve la mayoría de las personas. Hay que tener una serie de cualidades relacionadas con la inteligencia emocional: dotes de actor para encarnar distintas personalidades, empatía para ganarse la voluntad de otras personas, valor para superar situaciones de riesgo personal, serenidad para sobreponerse al estrés, conocimiento de idiomas y un conocimiento en profundidad de los objetivos informativos que se le asignan, una preparación específica para cada misión que tiene que cumplir y una motivación muy especial: el idealismo, que comentaba antes.

Lo refleja muy bien Pastor Petit en el libro “La guerra de los Espías”: Tras el sujeto enmascarado de espía suele haber algo que el lector no es muy dado a sospechar en quienes le rodean… Este oficio gris, frio, mal compensado y compañero cierto de la angustia que precisa nervios de acero y tesoros de inteligencia deductiva e intuición, recluta lo más selecto de sus artesanos en las filas de los idealistas. Sí, hay que repetirlo: de los idealistas.

Durante su estancia en Checoslovaquia con la Reina Sofía

Un libro de finales de los 70. ¿Han cambiado mucho las cosas desde entonces en el mundo de la inteligencia?

No tanto. Hay algo importante que, aparentemente, pero solo aparentemente, ha desaparecido, como es la Guerra Fría, que condicionaba mucho los intereses informativos, militares y politicos, del otro bando, del Pacto de Varsovia.

Pero hoy, Rusia, con su anexión de Crimea y el este de Ucrania, y sus manifiestas intenciones de volver a una renovada “Gran Rusia”, obliga a un despliegue militar de la OTAN en esas zonas más sensibles, donde se han celebrado recientemente las maniobras militares más importantes en la historia de la Alianza Atlántica que han sido calificadas por el presidente ruso, Vladimir Putin, como una provocación. Así que, de desaparición de la Guerra Fría o de la carrera de armamento, nada de nada.

«La irrupción en nuestros países del terrorismo yihadista ha cogido a muchos servicios de inteligencia occidentales con poca experiencia en ese campo, no así en España»

¿Y el yihadismo y el ciberterrorismo?

La irrupción en nuestros países del terrorismo yihadista ha cogido a muchos servicios de inteligencia occidentales con poca experiencia en ese campo, no así en España o Gran Bretaña donde, desgraciadamente, hemos tenido terrorismo autóctono.

Pero para nuestro servicio las cosas no han cambiado demasiado: ha desaparecido un terrorismo y aparece otro mucho más complejo y difícil de combatir.

El terrorismo yihadista va directamente contra las vidas de los ciudadanos pretendiendo, y a veces consiguiendo, sembrar el pánico, el terror en una sociedad para someterla a sus normas. En su mentalidad, Occidente les ha robado y los ha tenido sometidos como pueblo durante siglos. Ahora pretenden recuperar territorios que consideran suyos, como Al Ándalus.

Por su parte, la amenaza cibernética tiene objetivos políticos y económicos fundamentalmente. De ordinario no atenta contra la vida de las personas, pero es muy peligroso y puede dañar seriamente la política y la economía de un país, una región, una empresa o una persona.

«La de espía es una profesión de la que se desconoce casi todo y cuya imagen pública está absolutamente distorsionada»

¿Qué aporta personalmente trabajar como espía? 

Primero, sin duda, la satisfacción del deber cumplido y, desde luego, grandes dosis de adrenalina, emociones fuertes, situaciones comprometidas ante las que hay que reaccionar con rapidez y certeza. Los errores se pueden pagar muy caros.

«La amenaza cibernética puede dañar seriamente la política y la economía de un país, una región, una empresa o una persona»

En su dilatada carrera como espía… ¿cuál fue el momento en el que temió más por su vida?

En mis veintiocho años en el CNI he tenido actividades muy diversas, desde relaciones con otros servicios de inteligencia extranjeros, mandar una unidad de análisis, mandar una unidad de infraestructuras operativas (empresas pantalla), como diplomático en un país extranjero y como director de redes clandestinas en otros países objetivo.

Sin duda en este último destino, en el que viajaba sin que mi familia supiera a que país iba, ni cuándo iba a volver -y ni siquiera si iba a volver-, es donde he temido por mi vida en algunas ocasiones, sabiendo, además, que el Gobierno español no reconocería mi pertenecía al servicio. 

¿De qué logro se siente más satisfecho? Si se puede contar…

Lamentablemente no puedo ni debo. Creo que ayudé a resolver algunos problemas graves en compañía de otros muchos compañeros.

«trabajar como espía aporta la satisfacción del deber cumplido y grandes dosis de adrenalina ante situaciones comprometidas en las que hay que reaccionar con rapidez y certeza»

Suficiente. Echando la vista atrás y sabiendo lo que sabe ahora, ¿repetiría?

Sin duda ninguna volvería a repetir tantas veces como me lo pidieran.  Aunque, sabiendo lo que sé ahora, trataría de minimizar en lo posible la incertidumbre y el sufrimiento de mi familia. No sé muy bien cómo, pero me gustaría.

¿Lo recomendaría?

Yo no digo que alguien pueda sentir una vocación de espía, porque es difícil tener vocación hacia una profesión de la que se desconoce casi todo y cuya imagen pública está absolutamente distorsionada.  Pero digamos puede ser una opción interesante para los jóvenes que tengan esa vocación de servicio que tienen los servidores públicos en profesiones de riesgo como policías, militares… o agentes de inteligencia.

Confiamos en que esta entrevista haya ayudado a aclarar algunas cuestiones sobre el mundo de la Inteligencia. Es uno de los objetivos de la Asociación de Ex Agentes de Inteligencia, a la que pertenece, ¿verdad?

Sí. Nuestra meta es la ayuda mutua y la difusión de la cultura de inteligencia. Hacemos seminarios, damos conferencias, charlas, entrevistas, escribimos y estamos en los medios de comunicación para difundirla. Somos conscientes del desconocimiento casi absoluto que nuestra sociedad tiene de su servicio de inteligencia, incluidos políticos, periodistas y personas que deberían conocerlo.

¿Algo que añadir?

Me gustaría, como hago en todas mis charlas, rendir homenaje a un valenciano ilustre, el general Emilio Alonso Manglano, al que le debe España la creación del moderno CNI y también a los agentes que han perdido la vida cumpliendo con su deber.

Muchas gracias por compartir su experiencia con nosotros.

A ustedes.

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