Día de la persona emprendedora. Nuevo Artículo: El Mercader de Valencia

Estimados todos,

Aprovecho de la celebración del día de la persona emprendedora (15 de noviembre, Feria de Valencia) (http://ceeivalencia.emprenemjunts.es/index.php?op=8&n=5825) para matizar la diferencia entre ser emprendedor y ser un simple mercader y os propongo un artículo que escribí hace un par de años para Las Provincias:

El mercader de Valencia.

La pasada semana, en el suplemento económico de un periódico, leí lo siguiente: “El paro se ha cebado con Valencia como consecuencia del fuerte desplome del sector de la construcción”, solicitando, por tanto, una estructura económica más equilibrada, más vinculada a la industria.

Una comedia de Shakespeare muy conocida – El mercader de Venecia – cuenta la historia de Barsanio, noble veneciano que ha malgastado su caudal, y que, para casarse con la rica Porcia, pide a Antonio, un rico mercader amigo suyo, un préstamo de tres mil ducados. Por su parte, Antonio, que ha invertido todo su dinero en una expedición a ultramar, pide el dinero a un usurero judío – Shylock –, a quien antes había insultado por la usura que ejercía. Shylock consiente en prestar el dinero con una condición: si la cantidad no es pagada el día fijado, él tendrá derecho a tomar una libra de carne del cuerpo de Antonio.

Antonio, por circunstancias imprevistas del negocio, no puede devolver el dinero, y Shylock lo lleva ante un tribunal para exigir lo debido. Pero, la inteligente Porcia se disfraza de abogado y se presenta ante el tribunal para defenderlo. Después de haber intentado – en vano – obtener el perdón del acreedor ofreciéndole el triple de la cantidad debida, Porcia solicita que sea concedida la petición del hebreo, pero advirtiéndole que se derramará solamente una gota de sangre de Antonio; en caso contrario, será condenado a muerte por asesinato, pues la deuda le da derecho a la carne, pero no a la sangre.

En nuestro tiempo, es interesante analizar la figura cotidiana del empresario valenciano y, sobre todo, preguntarnos si es más inversor, en el sentido de asumir que los negocios comportan riesgos, o es más mercader, o sea, simple mediador entre dos partes para cobrar una comisión. El pelotazo del ladrillo no solo se ha comido más de una libra de carne, sino que ha derramado mucha sangre de unas cuantas buenas empresas de esta comunidad. Pero, aún peor: creo que ha golpeado a fondo el “espíritu emprendedor” de todos aquellos empresarios que han hecho rica a esta comunidad.

Me explico. Llevo por lo menos un par de años asistiendo a posibles negocios que se esfuman porque las partes interesadas no quieren invertir dinero en operaciones que no puedan garantizar la completa devolución del dinero. O sea, que nadie quiere invertir un duro si no tiene la garantía de que este duro volverá a sus arcas. Entonces, me pregunto: ¿qué raza de empresario es este? Todos los negocios tienen unos riesgos implícitos. Mientras esperamos que llegue el negocio que nos garantice la devolución del dinero, otros se quedarán con los negocios que suponen riesgos.

Tenemos que entender con claridad que ninguna planificación estratégica podrá garantizar un buen futuro del negocio. Lo que sí podemos garantizar es que una mala estrategia (o la falta de estrategia) llevará al fracaso. De hecho, veo más negocios que no salen debido al miedo al fracaso que negocios emprendidos… Esto lo tienen muy claro los americanos: en lugar de esperar a descubrir el nuevo algoritmo para la búsqueda en Internet, aconsejan emprender nuevos negocios teniendo en cuenta lo siguiente:

1)   Actúe rápidamente con lo que tiene en sus manos; es mejor contar con lo que sabemos, que esperar a que llegue la idea fenomenal (para entendernos: el chollo o pelotazo, o mejor dicho, la idea del negocio garantizado…).

2)   Ponga los recursos suficientes para desarrollar el negocio (tiempo, dinero y dedicación), y no ponga más hasta que el negocio no empiece a desarrollarse solo. Esos recursos representarán, por tanto, las posibles máximas pérdidas de su nueva actividad empresarial.

3)    Introduzca en el negocio a otras personas que puedan aportar algo al mismo, en vez de comprar/alquilar los recursos tangibles e intangibles necesarios para desarrollarlo.

4)   Desarrolle el negocio utilizando los recursos que la misma actividad ha creado.

Me parece un planteamiento bastante prudente y, al mismo tiempo, indispensable, para que nuestra comunidad pueda finalmente salir de la recesión, creando aquella tan deseada estructura económica más equilibrada. No podemos seguir solamente con la política del ladrillo, ya que, al final, en nombre de la codicia, desangraremos la gallina de los huevos de oro (pienso a todas las buenas empresas de esta comunidad que se han encontrado sin liquidez debido al dinero invertido en el sector de la construcción)  y, por último, nos quedaremos con una crisis que no ha llegado sola, sino que hemos ido construyendo con nuestras propias manos.

Por tanto, para evitar que el paro siga mordiéndonos – y aquí parafraseo las palabras de Shylock: Me llamasteis paro sin tener ningún motivo, pues ya que soy el paro, temed por mis mordiscos – hago un llamamiento a renovar aquel “espíritu emprendedor” que ha hecho grande esta comunidad. Pero, no mañana ni el año que viene, sino ahora. El verdadero emprendedor no solo sueña las cosas, sino que las hace. Un viaje de mil millas, comienza con el primer paso.

Salvatore Moccia, Profesor de Dirección Estratégica

(salvatore.moccia@uch.ceu.es)

1 Comentario

  1. Excelente post, muy buena la referencia al Mercader de Venecia y haces un análisis agudo y certero. Pero hay mucha gente que salido malparada en esta crisis y no sólo ha perdido sus inversiones, sino algo más… Así que es normal que se desanimen con nuevas inversiones, especialmente con la política de recortes que estamos viviendo.

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