¡Qué vivan los niños!

Andrea Vives de prácticas en el Colegio Juan Comenius de Valencia.

Empecé mi segundo y último Prácticum de la carrera un lunes de hace unas semanas. Mucho más relajada que el primero, fui al cole a conocer lo que sería mi rutina durante los próximos meses. Llegué y lo primero que me encontré fue con unas maestras preguntando por sus próximas alumnas en prácticas. Una preguntaba “¿Quién es Andrea? Que me chivaron ayer que se llamaba así la que se viene conmigo”. Y salté… “YO”. Aquí empezó todo.

La verdad es que una vez más no he podido tener más suerte. Nuria, mi seño, es estupenda, su forma de enseñar es muy diferente a lo que había visto hasta ahora, y me encantó desde el principio. Los libros y fichas, son importantes, pero no es lo primordial. La educación emocional irradia en sus clases, ella es más de música, de movimiento, de psicomotricidad,  de hablar de cómo se sienten, de temas poco convencionales, de trabajo cooperativo, de tirarse por los suelos… El beso de buenos días a los niños nunca falta, y las ganas de que mejoren hacen que haya un clima en el aula muy bonito.

Estoy con niños de tres años y la verdad, es que cuando me dijeron que iba a estar en una clase con alumnos tan pequeños, me asusté. Como el año anterior había estado en un punto intermedio, pensaba que iba a ser duro estar con unas personitas casi “recién salidas del cascarón”. Pero sinceramente, aluciné desde el primer día. Hay mucha diversidad, pero son niños tan espabilados y con comentarios tan inteligentes que cambié mi visión desde el día uno. Son ingeniosos, astutos y muy cariñosos.

A parte de comentarios muy inteligentes, también los hacen graciosos, son niños y se caracterizan por su inocencia y por sus salidas impredecibles. Por ejemplo, hace poco un niño soltó… “¡me he hecho un salchichón!” Señalándose la frente y refiriéndose al típico chichón que todos alguna vez de pequeños nos hemos hecho. O “no me toquéis el pelo que tengo gominola!” queriendo decir que llevaba gomina. Hay veces que no puedes contener la risa y creo que nadie en el mundo podría hacerlo…

Otra niña me dijo… “¿A ti quién viene a recogerte?” Y yo, le contesté, “a mi nadie, yo me voy en mi coche” Y me dijo “alaaaa… ¡Yo pensaba que tenías papás!” Con cara de pena. Posteriormente, le expliqué que mis padres viven en Alicante y que no podían venir a recogerme, con lo que me dijo que su tío también vivía en Alicante y que algún día me invitaría a comerme una paellita a su chalet…

Podría quedarme toda la tarde escribiendo frases que me han dejado totalmente muerta de risa, pero con esto quiero decir, que los niños tienen algo muy bonito, algo que los adultos -algunos adultos- hemos perdido.

Ojalá volver a ser niño, aunque teniendo comentarios así a mi lado el resto de mis días me conformaré.

¡¡¡Que vivan los niños!!!

Andrea Vives Lorente.

Alumna del grado en Educación Infantil de MAGISTERIO UCH-CEU.

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