¡Hasta siempre, Seño Andrea!

    Andrea Vives en el CEIP MESTALLA de Valencia.

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    Educar a los más pequeños, mucho más de lo que uno espera.

    Esperando la llegada del fin de mis prácticas en el CEIP Mestalla de Valencia, me hacía multitud de preguntas: ¿cómo serán estos niños de mayores?, ¿serán buenas personas?, ¿tendrán los valores que tanto intentamos mediante la educación inculcarles para que lo sean?, ¿a qué se dedicarán?… Y la pregunta que más retumbaba en mi cabeza: ¿Se acordarán de mí? No sabía a ciencia cierta si todas estas preguntas se responderían a lo largo de sus vidas de la forma que a mí me gustaría, pero estaba segura que estos niños eran especiales, todos tan diferentes entre sí y tan parecidos en muchos aspectos.

    A lo largo de la última semana, entre mi tutora y yo íbamos diciendo que me iría pronto, para mi sorpresa, muchos me pedían que me quedase… Esto hizo que me dieran más ganas que nunca de quedarme para siempre en esa clase.

    Algunos me hacían preguntas: ¿Pero por qué te vas?, ¿Te vas a ir a otro cole más guay?, ¿Vendrás a vernos?, ¿Quién va a venir cuando tú te vayas? Y yo, les respondía que tenía que marcharme para seguir aprendiendo para poder ser finalmente maestra. Muchos de ellos, con toda su inocencia, me decían: te voy a invitar a mi cumple, a mi casa, voy a llamarte con el móvil de mi papá…

    Llegó el último día, 31 de mayo, e iba de camino al colegio como todos los días, pero ese día, más observadora que nunca, miraba la calle que había recorrido durante 4 meses, con las mismas personas que veía todos los días, haciendo su rutina diaria de la forma más normal que existía… Pero yo sabía que ese día no era uno como otro cualquiera.

    Entré al colegio y todos se abalanzaron sobre mí en la fila; ¡¡¡es tu último día Andrea!!! No te vayas… En la asamblea me regalaron, dos libros sobre la educación y los sentimientos, una marioneta en forma de rana, un yoyó, una lupa… Un cuaderno lleno de dibujos que me habían hecho, retratándome con el pelo más largo que había visto nunca, y un marco de fotos. La gota que colmó el vaso fue, sin duda, la carta que me escribió mi tutora. No pude aguantar más y me eché a llorar. Todos me miraban sorprendidos, preguntándome por qué lloraba… Y, Rosa, mi tutora, respondió: llora de felicidad, chicos. Y… ¡Qué cierto!

    A última hora de la tarde, les di los regalos que tanto empeño había puesto en hacerlos, dado que están realizando ahora el proyecto de los piratas, les hice un parche para cada uno con unas cuantas chuches. La reacción fue la que esperaba que pasara. Todos se pusieron contentísimos, y yo, me fui a casa sabiendo la respuesta a algunas de las preguntas que me había hecho durante toda la semana.

    Andrea Vives Lorente, alumna del grado en Educación Infantil de MAGISTERIO CEU-UCH.

     

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