{"id":3508,"date":"2017-04-27T13:12:21","date_gmt":"2017-04-27T11:12:21","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/?p=3508"},"modified":"2017-04-29T07:49:51","modified_gmt":"2017-04-29T05:49:51","slug":"cronica-global-la-expansion-la-precariedad-la-contraccion-los-salarios-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/cronica-global-la-expansion-la-precariedad-la-contraccion-los-salarios-ii\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica global de la expansi\u00f3n de la precariedad y la contracci\u00f3n de los salarios (II)"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3509\" src=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/04\/images-4.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"168\" \/><\/p>\n<p>En el \u00faltimo decenio del siglo XX, el estancamiento econ\u00f3mico europeo no fue consecuencia de una cadena de errores sobrevenidos por imprevisi\u00f3n o por la aparici\u00f3n de factores entr\u00f3picos o por alg\u00fan fen\u00f3meno de retroalimentaci\u00f3n mal digerido. La r\u00edgida pol\u00edtica monetaria formaba parte de una estrategia dirigida al establecimiento de una nueva regulaci\u00f3n (la desregulaci\u00f3n) de las relaciones laborales. Hab\u00eda que reforzar las posiciones del capital financiero, protegiendo sus activos contra los efectos de la inflaci\u00f3n. Como es bien conocido, las pol\u00edticas monetarias de ajuste suelen llevar al enfriamiento de la demanda agregada y, de paso, a incrementos del desempleo, tal y como hab\u00edan acreditado econom\u00edas como las de Suecia o Austria en el decenio de los 80. Se trataba de una estrategia con todas las de la ley. El incremento del desempleo en esos a\u00f1os fue aprovechado por las instituciones internacionales para justificar las medidas tendentes a la desregulaci\u00f3n de las relaciones laborales, el arrumbamiento de las \u201crigideces\u201d excesivas y la bienvenida a la flexibilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde mediados de los a\u00f1os 80, el empleo industrial, en los pa\u00edses de la OCDE, hab\u00eda iniciado un periodo de serio declive, si bien fue decayendo a distintos grados de intensidad. La crisis de 1973 ya hab\u00eda supuesto el inicio de la ca\u00edda del empleo industrial. Al mismo tiempo, su composici\u00f3n t\u00e9cnica sufri\u00f3 importantes ajustes como consecuencia de las innovaciones tecnol\u00f3gicas, que transformaron con celeridad los procesos productivos de la industria y los servicios. \u00a0 El descenso del empleo industrial en los pa\u00edses desarrollados fue m\u00e1s un resultado del desplazamiento de los puestos de trabajo hacia el sector servicios (muchos de ellos, directamente relacionados con el sector industrial y, a menudo, como un reflejo de la extensi\u00f3n del fen\u00f3meno de la subcontrataci\u00f3n en el sector industrial) y del cambio tecnol\u00f3gico y organizativo (y un corolario de las pol\u00edticas neokeynesianas de pleno empleo, proclaman los neoliberales) \u00a0que una consecuencia necesaria de la expansi\u00f3n de las exportaciones industriales de las econom\u00edas emergentes. El crecimiento del empleo en el sector servicios y un correlativo declive en el sector industrial presentar\u00edan una tendencia de largo plazo, con una fuerte aceleraci\u00f3n durante el \u00faltimo decenio del siglo XX y en los primeros a\u00f1os del siglo XXI, de manera que, en Estados Unidos, el empleo industrial apenas ocupaba, ya, a una cuarta parte del total de activos. En la Uni\u00f3n Europea, el retroceso del empleo industrial se ha debido, principalmente, a la correlaci\u00f3n de fuerzas en el contexto de la competitividad global. Mirando hacia atr\u00e1s sin ira, el declive de la producci\u00f3n industrial, en Europa y Estados Unidos, pod\u00eda haberse anotado, en buena medida, en la cuenta de las deslocalizaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La flexibilizaci\u00f3n de los procesos productivos y las pr\u00e1cticas de externalizaci\u00f3n trajeron el desmantelamiento definitivo de la composici\u00f3n laboral del fordismo, condici\u00f3n necesaria para la victoria de las pol\u00edticas monetaristas sobre la inflaci\u00f3n. Dejando de lado la relevancia que para la teor\u00eda econ\u00f3mica pudieran presentar las afirmaciones m\u00e1s caracter\u00edsticas del monetarismo\u00a0 (que solamente podr\u00edan aceptarse como proposiciones despu\u00e9s de un proceso de verificaci\u00f3n emp\u00edrica que jam\u00e1s se ha producido),\u00a0 lo cierto es que las primeras manifestaciones de la estrategia de la desregulaci\u00f3n de las relaciones laborales provocaron efectos catastr\u00f3ficos, tanto en las instituciones (la ofensiva contra el Welfare State o el trabajo estable) como contra las personas (el empobrecimiento de sectores crecientes de la poblaci\u00f3n, la desigualdad rampante, etc.). Todav\u00eda m\u00e1s, pudo llegar hasta la colonizaci\u00f3n de parcelas de la vida social que hasta entonces hab\u00edan podido librarse del postulado de la mercantilizaci\u00f3n total. Esto es, todo un precipitado de efectos sobrevenidos, muchos de ellos de car\u00e1cter heter\u00f3nomo. Se trataba del fen\u00f3meno de conjunto que David Harvey inscribi\u00f3 en los \u00f3rdenes de la \u201cacumulaci\u00f3n por desaparici\u00f3n\u201d. De ah\u00ed la comprensi\u00f3n del fordismo, por parte de ese analista, \u00a0como un modo de vida de vocaci\u00f3n totalista y congruente con las condiciones para el crecimiento basado en la industrializaci\u00f3n y la creciente eficiencia de los procesos productivos. Pero la flexibilidad triunfante conformaba, ante todo, un empe\u00f1o implacable de precarizaci\u00f3n generalizada. No solamente se hac\u00eda invisible el rostro humano de las relaciones laborales sino que su organizaci\u00f3n se reforzar\u00eda en varias modalidades de jerarqu\u00edas y niveles de mando, y la dispersi\u00f3n salarial se har\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s descarada. Resulta asombroso que estos ajustes\u00a0 prosperasen, precisamente, en los a\u00f1os 80, \u00a0el tiempo en el que la organizaci\u00f3n horizontal deven\u00eda m\u00e1s urgente, aunque \u00fanicamente fuese por el inter\u00e9s del principio m\u00e1s b\u00e1sico de competitividad en el marco global, el que expresaba la idea de \u201cpensar globalmente, actuar localmente\u201d. \u00a0En cualquier caso, la responsabilidad de las pol\u00edticas de ajuste respecto de la elevada p\u00e9rdida de puestos de trabajo, durante los a\u00f1os 80 y 90, sigue siendo objeto de debate.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La funci\u00f3n m\u00e1s eficiente del ej\u00e9rcito de reserva de mano de obra es la del empuje a la baja de los salarios. As\u00ed,\u00a0 el gran incremento del desempleo en los a\u00f1os 80 y 90 puede considerarse la respuesta del capital frente a la extensi\u00f3n de los conflictos laborales y las presiones para la elevaci\u00f3n de los salarios, factores causales de primer orden, seg\u00fan los analistas neoliberales, de la inflaci\u00f3n. El desempleo, por su parte, se har\u00eda especialmente valioso como instrumento estrat\u00e9gico del capital, que tuvo bien presentes las huelgas del periodo de 1968 a 1979, con el trasfondo de las explosiones salariales y las tentativas de protecci\u00f3n de los est\u00e1ndares de vida de las clases trabajadoras, a pesar de la ominosa presencia de la inflaci\u00f3n. Y el nuevo orden de las relaciones laborales se asentar\u00eda, en adelante, en el fortalecimiento de la posici\u00f3n pol\u00edtica y social de los inversores, y en el gradual debilitamiento de las organizaciones de los trabajadores; en la racionalizaci\u00f3n de los procesos productivos orientada a la recuperaci\u00f3n de las rentas del capital; en la intensificaci\u00f3n de las condiciones de competitividad regional y global; en la liberalizaci\u00f3n de los intercambios comerciales y los movimientos del capital, y en muchas otras iniciativas m\u00e1s. El Fondo Monetario Internacional siempre hab\u00eda insistido en las propuestas de reformas estructurales en la l\u00ednea de la desregulaci\u00f3n, esto es, de la negaci\u00f3n de muchos de los derechos laborales adquiridos o de la imposici\u00f3n de crecientes transferencias de las rentas del trabajo al capital, no solamente a trav\u00e9s de los recortes salariales y la continua exigencia de elevaci\u00f3n de las cotas de productividad sino, tambi\u00e9n, del aumento de la presi\u00f3n fiscal sobre las rentas del trabajo. Incluso, abundaban las propuestas de reforma de algunos mecanismos de protecci\u00f3n de los desempleados. Por ejemplo, los atingentes a las prestaciones y subsidios por desempleo, que eran contemplados como una verdadera r\u00e9mora, un factor causal\u00a0 de desempleo. Al igual que ahora, no importaba que la realidad mostrase que, m\u00e1s bien, las m\u00e1s elevadas prestaciones por desempleo sol\u00edan ir de la mano de las m\u00e1s altas tasas de empleo. Y no hay que olvidar el acelerado desmantelamiento de los mecanismos de protecci\u00f3n social y su contribuci\u00f3n al descenso de los costes unitarios del trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta la llegada del boom de la Nueva Econom\u00eda, apenas se movieron los salarios. Una nueva econom\u00eda, la de la informaci\u00f3n, parec\u00eda desfilar con un paso distinto al que marcaba el mercado, con independencia del ritmo del crecimiento. Adem\u00e1s, las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n trajeron consigo cambios de gran calado para la organizaci\u00f3n de los procesos productivos, en tanto posibilitaron la descentralizaci\u00f3n de la producci\u00f3n sin renunciar a la direcci\u00f3n centralizada ni a las probables econom\u00edas de escala de las transnacionales. As\u00ed, la informaci\u00f3n y el conocimiento, m\u00e1s que la producci\u00f3n de bienes materiales, fueron las fuerzas que impulsaron el fen\u00f3meno de\u00a0 la Nueva Econom\u00eda, en estrecha relaci\u00f3n con las posibilidades de las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n que, por s\u00ed mismas, aparec\u00edan como vectores del nuevo escenario. La expansi\u00f3n de tales tecnolog\u00edas comport\u00f3 profundos ajustes en la (re)organizaci\u00f3n de los procesos productivos. Ciertamente, la Nueva Econom\u00eda representaba los principales rasgos del paradigma postfordista y anunciaba un sinf\u00edn de nuevas oportunidades de mercado para los pa\u00edses m\u00e1s avanzados. Incluso, promet\u00eda el final de los ciclos, del <em>boom-bust <\/em>de la era industrial, y abr\u00eda las puertas a una econom\u00eda de elevad\u00edsima productividad. Los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo tambi\u00e9n disfrutar\u00edan de los efectos ben\u00e9ficos del gran acontecimiento, a la vista de sus ventajas comparativas de principio, basadas en los bajos salarios, la suave presi\u00f3n fiscal y la ausencia de reivindicaciones laborales que, en el largo plazo, promet\u00edan un crecimiento sostenido y veloz. Pero las nuevas tecnolog\u00edas no respondieron, finalmente, a las expectativas generadas de mejora de los salarios, sino que contribuyeron, m\u00e1s bien, a la creciente destrucci\u00f3n de empleo en las econom\u00edas m\u00e1s avanzadas. El recurso de las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n favoreci\u00f3 la desigualdad de las rentas, dada su plausibilidad para la modificaci\u00f3n de las relaciones entre el trabajo y el capital, y entre las mismas oportunidades profesionales de los trabajadores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En una econom\u00eda global, importa poco traerse la mano de obra barata o producir en sus lugares de origen. Sucede que la inmigraci\u00f3n constituye, en cierta medida, una alternativa a la deslocalizaci\u00f3n.\u00a0 A este respecto, la tendencia a la globalizaci\u00f3n de los flujos de migraci\u00f3n se ha hecho manifiesta en casi todos los pa\u00edses de tradici\u00f3n de inmigraci\u00f3n y en los principales mercados del empleo. La formaci\u00f3n de espacios migratorios polic\u00e9ntricos y multipolares es una expresi\u00f3n de correspondencia con el desarrollo de las redes; tambi\u00e9n, por m\u00e1s que no parezca tan evidente, de concomitancia con el desarrollo de\u00a0 sistemas \u00e9tnicos a escala local, regional e, incluso, planetaria. Los nuevos actores de los flujos migratorios, evocadores de las di\u00e1sporas antiguas o representantes de las nuevas, coexisten con las que emergieron durante las grandes oleadas de los a\u00f1os 60 y 70 en Europa occidental y Norteam\u00e9rica. Aunque las nuevas corrientes de migraci\u00f3n vayan orient\u00e1ndose hacia zonas distintas de las habituales. As\u00ed, desde el \u00faltimo decenio del siglo XX, Europa occidental ha venido recibiendo contingentes cada vez m\u00e1s numerosos de origen no mediterr\u00e1neo,\u00a0 provenientes, sobre todo, del este de Europa y de Am\u00e9rica Latina, y en menor medida, de China. Los pa\u00edses escandinavos han recibidos efectivos procedentes, tambi\u00e9n, de Ir\u00e1n,\u00a0 L\u00edbano y Pakist\u00e1n. En Australia, Canad\u00e1, Estados Unidos o \u00c1frica del Sur la inmigraci\u00f3n irregular, procedente, sobre todo, de Asia, se ha convertido en un serio problema. Desde luego, la inmigraci\u00f3n contribuye a la fluidez del mercado laboral, pero tambi\u00e9n puede constituir una fuente de conflictos derivados de las concentraciones comunitarias. En cualquier caso, el creciente rechazo social a la presencia de inmigrantes, en algunos pa\u00edses europeos y en Estados Unidos, no es \u00fanicamente de corte cultural sino que tambi\u00e9n se alimenta del miedo ante la perspectiva econ\u00f3mica y social. De manera que parece haberse instalado, entre los trabajadores \u201cnacionales\u201d de los pa\u00edses desarrollados, la percepci\u00f3n de que la presencia de inmigrantes contribuye a reforzar\u00a0 la tendencia a los recortes salariales, sobre todo, para los empleos que exigen menores cualificaciones. Pero la inmigraci\u00f3n ha resultado mucho menos decisiva para la degradaci\u00f3n de las relaciones laborales en Estados Unidos y la Uni\u00f3n Europea de lo que suele darse por sentado. Ciertamente, Estados Unidos, Canad\u00e1, Australia, el Reino Unido y otros pa\u00edses europeos han aceptado fuertes contingentes de inmigrantes, lo que explicar\u00eda, en parte, el descenso de los salarios reales en los \u00faltimos decenios y puede que, como correlato, tambi\u00e9n, en alguna medida, la relativa mejora de la competitividad de sus productos. Sin embargo, probablemente sea, el mercado de trabajo, el menos integrado en la econom\u00eda global. De todos modos, en Estados Unidos, aunque se produjera un fuerte ascenso de la inmigraci\u00f3n laboral en los a\u00f1os 80, \u00a0en el decenio de los 90 el volumen de la inmigraci\u00f3n apenas si supuso una tercera parte del acumulado durante los diez primeros a\u00f1os del siglo XX. Y mientras en Europa y Estados Unidos, la proporci\u00f3n de la poblaci\u00f3n mundial residente en pa\u00edses distintos a los de su nacimiento se increment\u00f3 en alrededor de un 10%, en el resto del mundo lo hizo en un modesto 3%. En la actualidad, casi todos los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados han endurecido las medidas contra la inmigraci\u00f3n, bien que, sobre todo, afecten a los inmigrantes de menor cualificaci\u00f3n. Ciertamente, en los pa\u00edses de escaso desempleo, la llegada de inmigrantes siempre fue una tentadora oportunidad para imponer reducciones salariales. Asimismo, los conservadores suelen utilizar la presencia de inmigrantes como arma arrojadiza contra la supuesta generosidad del Welfare State. Y no \u00fanicamente porque puedan, los inmigrantes, sumarse a la legi\u00f3n de los m\u00e1s necesitados de protecci\u00f3n social sino porque la mera existencia del Welfare act\u00faa como reclamo para la inmigraci\u00f3n. Sin entrar en detalles a prop\u00f3sito del debate abierto a este respecto, lo cierto es que, por lo que respecta al temor que produce el comportamiento demogr\u00e1fico de muchos pa\u00edses avanzados por la viabilidad del sistema actual de las pensiones, la presencia de inmigrantes que contribuyen, con sus cotizaciones, a la caja de la seguridad social, deber\u00eda ser raz\u00f3n suficiente para desestimar los argumentos que tratan de obtener decisiones pol\u00edticas restrictivas a la inmigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de los <em>working poor<\/em>, en nuestros d\u00edas, se ha extendido, especialmente, entre los inmigrantes. No cabe esperar una recomposici\u00f3n del mercado laboral sin una decidida actuaci\u00f3n p\u00fablica, sobre todo, en los sectores m\u00e1s concurridos por los trabajadores inmigrantes. Los inmigrantes se muestran muy vulnerables ante las pr\u00e1cticas del <em>dumping<\/em> social, las presiones a la baja de los salarios y el establecimiento de las variadas formas de flexibilidad; y frente a las transformaciones de los procesos productivos,\u00a0 la extensi\u00f3n de los servicios y la subcontrataci\u00f3n, o a los efectos de las restricciones de las ayudas p\u00fablicas y de\u00a0 medidas administrativas, cada vez m\u00e1s refractarias a la inmigraci\u00f3n, y que producen un gran n\u00famero de \u201csin papeles\u201d. La presencia de inmigrantes en situaci\u00f3n irregular no es un acontecimiento nuevo, pero la celeridad con la que se est\u00e1 manifestando la voluntad pol\u00edtica de clausura, de cierre social de las oportunidades de vida para ellos, hace que muchos se vean obligados a refugiarse en la econom\u00eda sumergida. Los inmigrantes son los precarios por excelencia. Y las medidas de protecci\u00f3n social (los estabilizadores autom\u00e1ticos, las decisiones de discriminaci\u00f3n positiva, las transferencias p\u00fablicas, en suma) no siempre llegan a los colectivos m\u00e1s necesitados. Por su lado, los conservadores vienen insistiendo, desde hace varios decenios, en el cuidado homeost\u00e1tico entre los derechos de los beneficiarios de los subsidios y sus deberes colectivos. Dejando de lado el discurso subyacente (acerca de la cultura de la pobreza o de la responsabilidad individual, constantes ideol\u00f3gicas del derechismo) lo cierto es que parece razonable que la solidaridad de la que puedan beneficiarse los necesitados se vea acompa\u00f1ada de un compromiso por su parte. Ahora bien, nadie escoge la pobreza. Y los derechos no pueden reducirse a limosnas. Las propuestas derechistas de un trabajo obligatorio, como contrapartida a las subvenciones, entre otras medidas atingentes a los obligaciones de los beneficiarios, deber\u00edan tomar en consideraci\u00f3n la disponibilidad de contratos de inserci\u00f3n laboral, la adecuaci\u00f3n de las pol\u00edticas activas de empleo, entre otras\u00a0 medidas, en vez de empecinarse en la responsabilidad individual de los desempleados que no encuentran empleo. Y, adem\u00e1s, el subempleo no deber\u00eda utilizarse como la evidencia de una respuesta social coherente con los m\u00e9ritos del subempleado. En realidad, el subempleo es, ya, un rasgo, en expansi\u00f3n, del orden neoliberal. Quiz\u00e1 la falta de motivaci\u00f3n, al cabo de m\u00faltiples ocasiones para la acumulaci\u00f3n de fracasos, agrave la situaci\u00f3n\u00a0 de los desempleados, pero lo que es seguro es que el desempleo de larga duraci\u00f3n\u00a0 provoca muchas y muy graves patolog\u00edas, para la sociedad en su conjunto y sobre todo, para los desempleados y para sus familias. Los derechos civiles y pol\u00edticos de los inmigrantes siempre se han situado al borde de su negaci\u00f3n pero, en nuestros d\u00edas, las pol\u00edticas restrictivas de la inmigraci\u00f3n convierten en muy fr\u00e1giles sus derechos de ciudadan\u00eda. Sea como fuere, pocos son los inmigrantes o los \u201cnacionales\u201d que pueden, ya, sortear las din\u00e1micas de degradaci\u00f3n de las relaciones laborales, adosadas a los subempleos y los infrasalarios, a las actividades de baja cualificaci\u00f3n, al desmenuzamiento de los procesos productivos, a las formas de contrataci\u00f3n de duraci\u00f3n limitada y, en fin, a la sobreexplotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y mientras la precariedad parece contenerse, a duras penas, en las econom\u00edas emergentes, se ha incrementado notablemente en las econom\u00edas avanzadas. Al igual que la tendencia a la baja de los salarios por la presi\u00f3n de una mano de obra abundante, la de los pa\u00edses emergentes,\u00a0 la de los pa\u00edses proveedores de los flujos migratorios y, ahora, tambi\u00e9n, la de las econom\u00edas avanzadas en trance de desindustrializaci\u00f3n. Con todo, la importaci\u00f3n de productos manufacturados desde las econom\u00edas de bajos salarios no ha llegado a desempe\u00f1ar un papel muy relevante en el proceso de desindustrializaci\u00f3n de los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados, especialmente duro en los que forman parte de la Uni\u00f3n Europea. Es cierto que tales importaciones se han visto compensadas por las exportaciones de otros productos de mayor valor a\u00f1adido (por ejemplo, es el caso de la balanza entre China y Jap\u00f3n). Pero se han perdido muchos m\u00e1s empleos a causa de las importaciones baratas que los que se han ganado con las exportaciones de alto valor a\u00f1adido. Desde el a\u00f1o 2000, en la Uni\u00f3n Europea, las deslocalizaciones se han visto muy reducidas, y su implicaci\u00f3n en la p\u00e9rdida de empleos ya no es muy significativa. M\u00e1s bien (especialmente, desde el estallido de la crisis de nuestros d\u00edas), las empresas europeas invierten en los pa\u00edses emergentes, sobre todo, al objeto de disponer de emplazamientos de producci\u00f3n pr\u00f3ximos a unos mercados de consumo en expansi\u00f3n aprovechando, de paso, adem\u00e1s, las condiciones ventajosas para los procesos productivos que presentan, todav\u00eda, las econom\u00edas emergentes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo cierto es que la globalizaci\u00f3n no s\u00f3lo ha transformado al capital en constitutivamente global, es decir, en un mercado \u00fanico de capitales, sino tambi\u00e9n en un mercado \u00fanico de trabajo. Como ha venido se\u00f1alando Richard Freeman, entre otros, la poblaci\u00f3n activa del mercado laboral, en los \u00faltimos a\u00f1os, se ha duplicado; sobre todo, con el despegue econ\u00f3mico de India y China. El total de obreros y empleados en China se estima en alrededor de 750 millones, es decir, un 150%\u00a0 del total de los pa\u00edses de la OCDE, y casi diez veces el conjunto de trabajadores de Jap\u00f3n y Corea del Sur. La mitad del empleo se concentra, todav\u00eda, en el sector primario. Lo m\u00e1s preocupante, para la fuerza de trabajo global, es que ese dato indica la existencia de una enorme reserva de fuerza de trabajo bien dispuesta, probablemente, a dar el salto a las zonas industriales. Algunos estudios se\u00f1alan la plena e inmediata disponibilidad de 150 millones de personas, a ese respecto (otros, elevan la cifra a 300 millones o m\u00e1s, en el largo plazo). De hecho, florece una econom\u00eda sumergida, sobre todo, en los grandes centros urbanos, muy concurrida por\u00a0 agricultores hartos de soportar sus miserables condiciones materiales de vida (as\u00ed, los <em>mingongs<\/em>) y por despedidos del empleo p\u00fablico, en el caso de China. Tales contingentes conforman batallones adicionales, por m\u00e1s que tapados, de la fuerza de trabajo disponible. Adem\u00e1s, el tama\u00f1o\u00a0 de la econom\u00eda formal y la proporci\u00f3n de la poblaci\u00f3n activa de mujeres tiende a crecer. Y tampoco deber\u00eda soslayarse el caudal de consecuencias que pueda producir en China, en el medio plazo, junto a su excedente de fuerza de trabajo, \u00a0el margen de influencia sobre los salarios de los activos con empleo, mucho m\u00e1s bajos que en las econom\u00edas avanzadas. El trabajo barato puede servir de motivaci\u00f3n para las inversiones directas pero, como resulta bien conocido, hay que tomar en cuenta, a esos efectos, otros muchos factores de similar o mayor importancia. Con todo, el ratio capital-trabajo todav\u00eda podr\u00eda empeorar m\u00e1s a una escala global, a la vista de las reservas de fuerza de trabajo en India y otros pa\u00edses. Y los salarios de las clases trabajadores de las econom\u00edas avanzadas no saldr\u00edan bien librados. La capacidad de negociaci\u00f3n de los representantes de los trabajadores tambi\u00e9n se debilitar\u00eda, al igual que muchas de las instituciones de protecci\u00f3n social.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora bien, la liberalizaci\u00f3n de las transacciones comerciales no podr\u00eda entenderse dejando de lado la previsible convergencia de los precios de los factores productivos (en el largo plazo). Lo que significa que el incremento de las transacciones entre los pa\u00edses desarrollados y los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo deber\u00eda propiciar (en el largo plazo) la mejora paulatina de los salarios de los trabajadores de los pa\u00edses menos desarrollados y una disminuci\u00f3n relativa de los salarios para los trabajadores de los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados. Por el momento, el proceso de precarizaci\u00f3n generalizada est\u00e1 logrando que muchos asalariados \u201cnacionales\u201d experimenten en carne propia las condiciones de trabajo que han sufrido los inmigrantes en sus pa\u00edses de origen, de manera que va tomando forma la figura de una \u201cinmigraci\u00f3n sin inmigrantes\u201d, en la que se funden los fen\u00f3menos de la precarizaci\u00f3n, la incorporaci\u00f3n a la econom\u00eda sumergida y el estallido del contrato moral entre empleadores y empleados. As\u00ed, la expresi\u00f3n \u201cdeslocalizaci\u00f3n sin moverse del sitio\u201d designa las formas de precarizaci\u00f3n a que se ven sometidos los asalariados de los pa\u00edses m\u00e1s avanzados, cada d\u00eda m\u00e1s semejantes a las habituales en las econom\u00edas emergentes. Adem\u00e1s, \u00a0el fen\u00f3meno de la compresi\u00f3n de los salarios ha adquirido dimensiones gigantescas. Los asalariados ya no pueden estar seguros de librarse de la pobreza. Por supuesto, hay una gran heterogeneidad de factores y elementos, un espectro muy amplio de situaciones familiares y sociales que llevan a la pobreza o que se retroalimentan de ella. En la Uni\u00f3n Europea, incluso en Francia y Alemania, y en pa\u00edses con tasas bajas de desempleo, se est\u00e1 produciendo una gran explosi\u00f3n de empleo mal remunerado. Abundan los casos de dr\u00e1sticas rupturas de trayectorias profesionales que parec\u00edan s\u00f3lidamente establecidas y han acabado por resignarse a los tiempos de alternancia entre el empleo y el desempleo, \u00a0a los empleos a tiempo parcial o, incluso, a la exclusi\u00f3n. Asimismo, en la parte alta de la distribuci\u00f3n salarial, los salarios elevados han ido abriendo distancias con los salarios m\u00e1s bajos. Y el n\u00famero de trabajadores subempleados no deja de incrementarse, con lo que tambi\u00e9n aumenta la presencia de los infrasalarios. En Estados Unidos, a la vista del empuj\u00f3n de las innovaciones tecnol\u00f3gicas y los ajustes estructurales, los trabajadores menos cualificados se han visto obligados a escoger entre el desempleo o los bajos salarios y la precariedad laboral. Por cierto, a mediados de los a\u00f1os 90, alrededor del 25% de los trabajadores de Estados Unidos, Canad\u00e1 y el Reino Unido recib\u00edan salarios por debajo del 60% de la media. En B\u00e9lgica y los pa\u00edses escandinavos, del 5 al 8%. Los marcos respectivos de las relaciones laborales permiten la explicaci\u00f3n de tama\u00f1as diferencias. Y parece muy clara la existencia de una correlaci\u00f3n entre el debilitamiento de las posiciones de los trabajadores en las negociaciones salariales y el incremento proporcional de los salarios bajos. No obstante, en Estados Unidos, no todos los salarios se han reducido. El fen\u00f3meno ha afectado, en particular, a los salarios correspondientes a los empleos de menor cualificaci\u00f3n, que son los que desempe\u00f1an, precisamente, los trabajadores m\u00e1s pobres. Con todo, las distancias salariales tienden a reducirse en la econom\u00eda norteamericana, aunque de un modo lento y desigual, y m\u00e1s por causa de la tendencia a la ca\u00edda general de los salarios que por el reconocimiento de la anomal\u00eda de la discriminaci\u00f3n. A este respecto, en el pasado, muchos empleos tradicionalmente femeninos pudieron mejorar sus salarios gracias a la actividad sindical en defensa de los intereses de las mujeres trabajadoras. En Estados Unidos, los datos acerca de las diferencias salariales sugieren que los sectores laborales mejor organizados suelen obtener mejores remuneraciones. A la vez, en las zonas m\u00e1s bajas de la distribuci\u00f3n salarial, la afiliaci\u00f3n sindical es muy reducida.\u00a0 Las v\u00edctimas propiciatorias de la distribuci\u00f3n, las mujeres y las minor\u00edas \u00e9tnicas, no suelen afiliarse a las organizaciones sindicales aunque, parad\u00f3jicamente, manifiesten actitudes m\u00e1s favorables a la acci\u00f3n sindical que las de los trabajadores varones blancos, mejor protegidos y remunerados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el nombre de la inserci\u00f3n laboral de los desempleados, se ha levantado un escenario de precariedad generalizada que hace de la figura del \u201c<em>work-poor<\/em>\u201d todo un emblema de la distribuci\u00f3n de oportunidades de vida de nuestro tiempo. Probablemente, los asalariados con escasa cualificaci\u00f3n ni siquiera podr\u00e1n contar, en lo sucesivo, con las instituciones asistenciales m\u00e1s que en casos de situaciones muy extremas. A cambio, se les ofrecer\u00e1 la integraci\u00f3n en un mercado laboral en el que conformar\u00e1n una especie de subempleados con sus correspondientes infrasalarios, como, por lo dem\u00e1s, ya viene sucediendo en la actualidad con frecuencia creciente. La justificaci\u00f3n ideol\u00f3gica de este nuevo orden est\u00e1 servida: la pobreza es resultante de la pereza y la desidia de los individuos que la padecen. Los pobres son los responsables de su pobreza. La responsabilidad de sus desdichas es individual, no sist\u00e9mica. Los derechistas sostienen, sin ruborizarse, que los extraordinarios incrementos en las diferencias de las cuant\u00edas de las rentas son el resultado l\u00f3gico del comportamiento de los mercados, lo que, de paso, proporciona una buena base para el camuflaje de la\u00a0 realidad de las relaciones laborales, coligando las oportunidades sist\u00e9micas y los m\u00e9ritos individuales. Y la idea que se ha asentado en la opini\u00f3n p\u00fablica es que las diferencias de las remuneraciones son efectos necesarios de las diferencias de las cualificaciones. La circularidad de tales argumentos deber\u00eda contrastarse con las posiciones, especialmente desfavorables en la organizaci\u00f3n del\u00a0 trabajo, por ejemplo, de las mujeres y los inmigrantes en los sectores productivos con gran reserva de mano de obra. Por supuesto, hay otros par\u00e1metros de la competitividad adem\u00e1s del que constituye la gran obsesi\u00f3n de los neoliberales, esto es, el descenso abrupto de los salarios. En realidad, cuentan, tanto o m\u00e1s que los salarios, factores tales como los de la reorganizaci\u00f3n de los procesos productivos, las inversiones en investigaci\u00f3n, desarrollo e innovaci\u00f3n, la incorporaci\u00f3n de nuevas tecnolog\u00edas, la concepci\u00f3n de nuevos productos, la conquista de nuevos mercados, entre otros, y en un contexto de adecuaci\u00f3n de las instituciones pol\u00edticas y los reguladores econ\u00f3micos. Y, desde luego, no existe nada parecido a una correlaci\u00f3n entre beneficios y creaci\u00f3n de puestos de trabajo. En efecto, el beneficio, la diferencia entre los costes y el precio de venta de los servicios ofertados o los bienes producidos, se distribuye en funci\u00f3n de la relaci\u00f3n de fuerzas entre: los que invierten, los acreedores que esperan su remuneraci\u00f3n en forma de intereses y los accionistas que reclaman sus dividendos; los que se encargan de la gesti\u00f3n, los managers remunerados con elevados salarios (y bonus); y los que aportan su fuerza de trabajo, remunerados con los salarios. Claro que una parte de los beneficios podr\u00eda destinarse al refuerzo de la posici\u00f3n de la empresa en el mercado (por ejemplo, para la introducci\u00f3n de nuevas tecnolog\u00edas de los procesos productivos; o para la investigaci\u00f3n e innovaci\u00f3n); aunque tambi\u00e9n puede dedicarse a la compra y recompra de sus propias acciones, al objeto de impulsar los precios de sus productos al alza. Los beneficios pueden encontrar destinos diversos, pero no hay ninguna ley del mercado que prescriba que las ganancias deban destinarse a la creaci\u00f3n de puestos de trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La expansi\u00f3n de la precariedad y la contracci\u00f3n de los salarios no son fen\u00f3menos marcados por un sino ineluctable ni constituyen un efecto perverso de la exigencia de mejora de la competitividad de las econom\u00edas nacionales, de la necesidad de inversiones exteriores o de un comportamiento congruente con la tendencial movilidad de los capitales. Son resultados, propiamente resultados, de un plexo de decisiones pol\u00edticas favorables a los intereses del bloque hegem\u00f3nico que trata de lograr el \u00f3ptimo de sobreexplotaci\u00f3n de la fuerza de trabajo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el \u00faltimo decenio del siglo XX, el estancamiento econ\u00f3mico europeo no fue consecuencia de una cadena de errores sobrevenidos por imprevisi\u00f3n o por la aparici\u00f3n de factores entr\u00f3picos o por alg\u00fan fen\u00f3meno de retroalimentaci\u00f3n mal digerido. 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