{"id":3499,"date":"2017-04-25T11:30:24","date_gmt":"2017-04-25T09:30:24","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/?p=3499"},"modified":"2017-04-29T07:56:35","modified_gmt":"2017-04-29T05:56:35","slug":"cronica-global-la-expansion-la-precariedad-la-contraccion-los-salarios-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/cronica-global-la-expansion-la-precariedad-la-contraccion-los-salarios-i\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica global de la expansi\u00f3n de la precariedad y la contracci\u00f3n de los salarios (I)"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3501\" src=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/04\/images-3.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"168\" \/><\/p>\n<p>El mercado de trabajo de la Uni\u00f3n Europea presenta una fuerte tendencia a la precarizaci\u00f3n masiva, si bien sus modalidades se muestran coligadas a la herencia hist\u00f3rica de las sociedades salariales nacionales y a algunos otros fen\u00f3menos, como los procesos migratorios o las pol\u00edticas p\u00fablicas. La noci\u00f3n de precariedad laboral puede entenderse como un proceso multidimensional que envuelve al empleo y los derechos sociales. La del precariado es una vida en situaci\u00f3n de incertidumbre permanente. Al no disponer de una renta estable, los precarios no desarrollan una carrera profesional y ni siquiera la percepci\u00f3n de una cierta pertenencia ocupacional. Y uno de los rasgos diferenciadores de este grupo social es el m\u00ednimo acceso a las transferencias sociales. Sus efectivos proceden de la clase obrera o de la <em>underclass<\/em> de las periferias urbanas o de los flujos de inmigraci\u00f3n.\u00a0 Tambi\u00e9n se han sumado al precariado muchos universitarios instalados en el subempleo. En cualquier caso, ni unos ni otros han llegado a desarrollar nada pr\u00f3ximo a una conciencia de clase. En las difusas trincheras de una guerra permanente de todos contra todos, los precarios no constituyen una clase, ni siquiera, en s\u00ed. Cierto es que, en el capitalismo, la precariedad vive en el mismo centro de la condici\u00f3n de asalariado, \u00a0pero \u00a0tambi\u00e9n lo es que el reconocimiento pol\u00edtico de la necesidad de protecci\u00f3n de la fuerza de trabajo se ha cruzado con su propia imposibilidad,\u00a0 a lomos de una racionalidad que se ha impuesto como un <em>fatum <\/em>implacable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el supuesto de una periodizaci\u00f3n de las relaciones laborales en el siglo XX, los a\u00f1os centrales del decenio de los 70 configurar\u00edan el tiempo de emergencia del fen\u00f3meno del desempleo masivo en los pa\u00edses de Europa y Estados Unidos, y el disparo de salida para la carrera de la degradaci\u00f3n de las condiciones de vida de sus clases trabajadoras. La desaceleraci\u00f3n del crecimiento, en aquellos a\u00f1os, fue el resultado necesario del shock de los precios del petr\u00f3leo,\u00a0 las confusas pol\u00edticas macroecon\u00f3micas y la reducci\u00f3n de la tasa de ganancia. Y lleg\u00f3 la involuci\u00f3n, de la mano de la pol\u00edtica monetaria y la austeridad fiscal impuestas en el nombre de la lucha contra la inflaci\u00f3n. Desde entonces, los salarios reales se han visto muy constre\u00f1idos, por m\u00e1s que tambi\u00e9n hayan sufrido algunos golpes puntuales los objetivos de los inversores. Para casi todos los pa\u00edses integrantes de la OCDE, el desempleo ha encontrado una inmediata explicaci\u00f3n en la sacudida que supuso el descenso de la demanda agregada provocado por los efectos sobrevenidos de la inflaci\u00f3n, el incremento de los precios del petr\u00f3leo, el empeoramiento de las cuentas de resultados y los conflictos\u00a0 laborales en el sector industrial. La lucha contra la inflaci\u00f3n, identificada como la variable independiente para la explicaci\u00f3n de la crisis, justific\u00f3 la decisi\u00f3n de la subida sin precedentes de los tipos de inter\u00e9s. Y el aumento de los tipos de inter\u00e9s implicaba un serio riesgo de p\u00e9rdida de competitividad de los sectores orientados a la exportaci\u00f3n. La disminuci\u00f3n de los costes laborales fue la respuesta escogida para impedir ese efecto indeseable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No obstante, las clases trabajadoras todav\u00eda manten\u00edan una importante capacidad de negociaci\u00f3n y los Estados interven\u00edan abiertamente en los mercados. Pero no tardaron en hacerse bien visibles las primeras se\u00f1ales de un gigantesco desplazamiento de las pol\u00edticas econ\u00f3micas.\u00a0 A partir del decisivo acontecimiento de la inflaci\u00f3n desbocada, las pol\u00edticas expansivas quedaron en entredicho, al igual que la intervenci\u00f3n p\u00fablica, incluso en sectores y \u00e1mbitos en los que su presencia hab\u00eda sido habitual. Las privatizaciones y desregulaciones, la externalizaci\u00f3n de servicios p\u00fablicos y la flexibilizaci\u00f3n de las relaciones laborales configuraron los factores principales del proceso de involuci\u00f3n de la pol\u00edtica econ\u00f3mica; todo un giro hacia la ortodoxia fiscal,\u00a0 especialmente rotundo en Estados Unidos. La capacidad de compra de los trabajadores se recortaba mientras se potenciaban las rentas del capital. Las administraciones p\u00fablicas tambi\u00e9n vieron c\u00f3mo sus ingresos se reduc\u00edan significativamente, con lo que las posibles inversiones en infraestructuras o el gasto en protecci\u00f3n social no se libraron de los efectos sobrevenidos. Asimismo, se produjo el estallido del endeudamiento de los hogares y el correlativo incremento de las oportunidades de negocio para las entidades financieras. En efecto, los hogares trataron de cubrir sus decisiones de compra y consumo recurriendo al cr\u00e9dito, al objeto de afrontar los previsibles problemas que traer\u00eda la irrefrenable tendencia a la baja de sus rentas salariales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los incrementos del desempleo, a partir de 1973, constituyen, asimismo, un claro indicador de la p\u00e9rdida de poder de las clases trabajadoras, que no han dejado, desde entonces, de sufrir fuertes presiones por parte del capital. Entre otras, las provenientes de pol\u00edticas macroecon\u00f3micas resueltamente orientadas al refuerzo de las oportunidades para la acumulaci\u00f3n. Finalmente, la nueva forma del poder del capital global sobre el trabajo global se hizo especialmente patente en la noci\u00f3n victoriosa de la flexibilidad de las relaciones laborales. La nueva situaci\u00f3n, resultante de la ruptura con los procesos t\u00edpicamente fordistas, exig\u00eda la aplicaci\u00f3n de m\u00e9todos y procedimientos distintos de control de la producci\u00f3n en los que lo principal, en primera instancia, era la reducci\u00f3n de los costes. La orientaci\u00f3n a la demanda llev\u00f3 al pasaje desde la producci\u00f3n masiva a la especializaci\u00f3n flexible mientras se perfilaba el nuevo trazado de coordinaci\u00f3n horizontal e informal, el de la nueva era postfordista, la del toyotismo, en la que la organizaci\u00f3n \u201cdesburocratizada\u201d funcionar\u00eda en la forma de redes, un modelo que no supon\u00eda una verdadera innovaci\u00f3n pero que, en todo caso, se convirti\u00f3 en una opci\u00f3n de aceptaci\u00f3n generalizada. Los nuevos desaf\u00edos vendr\u00edan de la mano de una competitividad entendida como un conjunto de cualificaciones y competencias de la fuerza de trabajo nacional por relaci\u00f3n a las necesidades del mercado global. As\u00ed, en los \u00faltimos a\u00f1os del decenio de los 70, acab\u00f3 el ciclo de vida de un modelo de producci\u00f3n, el fordismo, que hab\u00eda contribuido, mal que bien, al mantenimiento prolongado de la paz social y el desarrollo de una clase media que, por su parte, se hab\u00eda revelado como el pilar m\u00e1s s\u00f3lido del sistema social. De acuerdo con la explicaci\u00f3n de William Robinson, el nuevo modelo productivo que desaloj\u00f3 al fordismo, desde el principio, \u00a0fue desarroll\u00e1ndose en cuatro direcciones: 1\u00aa) Los inversores extendieron sus actividades a nuevos mercados, con\u00a0 arreglo a las oportunidades que acompa\u00f1aban al fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n. 2\u00aa) Los inversores adaptaron sus modalidades organizativas al nuevo escenario, con el objetivo de lograr ganancias en circunstancias diversas y, en primer lugar, en las condiciones de la desregulaci\u00f3n de la competencia. En la gesti\u00f3n de los costes, la desregulaci\u00f3n permitir\u00eda la reducci\u00f3n de los salarios por la v\u00eda de la creaci\u00f3n de numerosos regimientos de reserva de mano de obra. 3\u00aa) Los inversores pod\u00edan reducir sus costes, tambi\u00e9n, adaptando, de forma inmediata, su capacidad productiva a la demanda; de ah\u00ed, la supresi\u00f3n masiva de empleos, la precarizaci\u00f3n generalizada, los infrasalarios, o la rigidez respecto del salario m\u00ednimo. 4\u00aa) Los inversores pod\u00edan potenciar la eficiencia de sus capitales disminuyendo los costes de producci\u00f3n o mejorando la calidad de sus productos o incrementando su oferta; por eso, la creciente racionalizaci\u00f3n de la gesti\u00f3n del capital y el trabajo, lo que significaba\u00a0 un incremento del tiempo de actividad productiva de valor a\u00f1adido durante la jornada de trabajo de cada asalariado y, tambi\u00e9n, un incremento de las cadencias y los ritmos de trabajo durante esos tiempos de actividad. Los dos primeros tipos de tales pr\u00e1cticas se reforzaban mutuamente: la resistencia de los asalariados, frente a la intensificaci\u00f3n del trabajo, ser\u00eda tanto m\u00e1s fr\u00e1gil cuanto m\u00e1s fuerte fuese el riesgo de perder el empleo, dada la magnitud de la tendencia a la \u201ccompresi\u00f3n de los efectivos\u201d. La relaci\u00f3n entre empleadores y empleados presentar\u00eda, en lo sucesivo, m\u00faltiples ventajas para los primeros. Que, adem\u00e1s, se vieron muy favorecidos por la gran transformaci\u00f3n de la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n de bienes y servicios, a saber, la generalizaci\u00f3n de m\u00e9todos y t\u00e9cnicas orientados a las mejoras de la productividad, sobre todo, los que integraban\u00a0 el pack del \u201ctoyotismo\u201d. Ante el problema espec\u00edfico del logro de beneficios recurriendo a la producci\u00f3n de series limitadas, en Toyota tuvieron la idea de sustituir la fabricaci\u00f3n de grandes cantidades de piezas, que requer\u00edan manipulaci\u00f3n y almacenamiento (con el a\u00f1adido del capital inmovilizado, la necesidad de grandes superficies, mano de obra especializada, etc.) por la producci\u00f3n de piezas en peque\u00f1os lotes seg\u00fan necesidades inmediatas. Este principio\u00a0 tambi\u00e9n pod\u00eda aplicarse a las actividades de concepci\u00f3n, distribuci\u00f3n o a un lote de servicios, y fue generaliz\u00e1ndose, durante el decenio de los a\u00f1os 80, al conjunto de la producci\u00f3n. Uno de los principales efectos fue el de la contracci\u00f3n de\u00a0 los salarios y la intensificaci\u00f3n del rigor en el desempe\u00f1o. As\u00ed, en la t\u00e9cnica de los \u201ccinco ceros\u201d o la del \u201ckanban\u201d, al carecer de stocks entre las fases de fabricaci\u00f3n, cualquier error induc\u00eda la paralizaci\u00f3n de todo el proceso de producci\u00f3n. El procedimiento permit\u00eda la inmediata identificaci\u00f3n del responsable del par\u00f3n total que, en los m\u00ednimos, se habr\u00eda hecho merecedor del reproche de sus compa\u00f1eros por su desprecio al postulado de la orientaci\u00f3n a la calidad total o por su dudoso compromiso con la cultura de empresa. La nueva organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n dispon\u00eda, adem\u00e1s de los referidos, de m\u00faltiples medios de presi\u00f3n sobre los asalariados, a la b\u00fasqueda indesmayable del \u00f3ptimo cuantitativo y cualitativo de los procesos y los productos. Los recursos tecnol\u00f3gicos, aplicados a los objetos y las personas, se multiplicaron. As\u00ed, para la consecuci\u00f3n de los objetivos de calidad\u00a0 o para el mantenimiento productivo. Estas t\u00e9cnicas sirvieron, en primer lugar, para el logro de un objetivo funcional, el de la mejora de la fiabilidad de los procesos, y, tambi\u00e9n, para el de la integraci\u00f3n social de todos los trabajadores de la empresa, independientemente de sus funciones en los procesos productivos. Adem\u00e1s, junto a la utilidad de la movilizaci\u00f3n del compromiso subjetivo de los asalariados,\u00a0 asomaba una funci\u00f3n ideol\u00f3gica en las pr\u00e1cticas de las tentativas\u00a0 de cohesi\u00f3n\u00a0 comunitaria y la percepci\u00f3n de la convergencia de intereses entre los asalariados y la patronal. Una ilustraci\u00f3n de las pr\u00e1cticas de organizaci\u00f3n comunitaria como estrategia frente a la competencia o para ocultar los abusos y contradicciones, a prop\u00f3sito, por ejemplo, de la distribuci\u00f3n de las ganancias o las orientaciones estrat\u00e9gicas. Por cierto, tales reglas, impuestas, fueron reinterpretadas (transformadas, incluso) por los mismos trabajadores, que crearon nuevas reglas de juego para hacer m\u00e1s llevaderas las prescripciones de los procesos. De manera que las empresas se beneficiaron de los m\u00e9todos y t\u00e9cnicas de optimizaci\u00f3n de los procesos productivos, no solamente a trav\u00e9s de los objetivos funcionales sino, tambi\u00e9n, a trav\u00e9s de los objetivos de compromiso que cristalizaron en el inter\u00e9s y dedicaci\u00f3n de los obreros por sus tareas cotidianas y por los objetivos generales. Pero todav\u00eda hubo m\u00e1s. Se estableci\u00f3 la consigna de la \u201cmovilizaci\u00f3n de las inteligencias\u201d, que expresaba la necesidad de acrecentar la circulaci\u00f3n de la informaci\u00f3n, de la mejora de las cualificaciones y el cuidado de las competencias y, sobre todo, el enriquecimiento de las tareas y la promoci\u00f3n de la autonom\u00eda de los trabajadores. Si bien, ese nuevo paradigma cuaj\u00f3 al interior de una estructura organizativa fr\u00e1gil y de unas relaciones de poder que no se mostraron preparadas m\u00e1s que para la incorporaci\u00f3n de algunos ajustes relacionados con las TIC. En realidad, no se produjo ninguna modificaci\u00f3n en las jerarqu\u00edas. En efecto, los procesos productivos, lejos de inclinarse por la igualaci\u00f3n de las situaciones de los asalariados, potenciaron la segmentaci\u00f3n y la fragmentaci\u00f3n de las tareas, reforzando la divisi\u00f3n en la forma de un centro y su periferia. El grupo de trabajadores mejor cualificados dispon\u00eda de condiciones laborales cuidadas y de salarios por encima de la media al objeto de lograr su mejor integraci\u00f3n y, en especial, su compromiso con los objetivos y la cultura de la empresa. Para los asalariados de la periferia, se dibujaba un panorama muy distinto. Aunque no tan firmemente instalados en la precariedad como los asalariados de las empresas subcontratantes, tambi\u00e9n se vieron obligados a aceptar su nuevo estatuto de empleados intercambiables, con contratos de duraci\u00f3n determinada, y encaminados sin remedio hacia los subempleos y los infrasalarios. De manera que los trabajadores se encontraron las puertas abiertas para gozar de la \u201cindependencia\u201d (esto es, lo que en los pa\u00edses anglosajones entienden referido a la figura de los <em>self-employed<\/em>, los que aportan sus servicios, sin m\u00e1s) y las oportunidades de vida que les brindaba la nueva realidad de las relaciones laborales, es decir, la ruptura de los v\u00ednculos contractuales con la empresa, y fueron aceptando, con creciente resignaci\u00f3n, las nuevas formas del mercado del trabajo, tanto m\u00e1s cuanto que el n\u00facleo formado por los m\u00e1s cualificados y mejor remunerados se bastaba para garantizar la eficiencia de los procesos productivos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el postfordismo, la racionalizaci\u00f3n de la producci\u00f3n exig\u00eda la resuelta autonom\u00eda de las unidades productivas, a fin de lograr mejoras en la productividad, esto es, la cadena de mando dirig\u00eda y controlaba los procesos productivos, pero compartiendo su responsabilidad con los subordinados. Tambi\u00e9n, \u00a0una serie de ajustes congruentes respecto a un sistema de producci\u00f3n que deb\u00eda prepararse para reaccionar con celeridad a cualquier s\u00edntoma de cambio en los mercados. Es lo que manifestar\u00eda el \u00e1mbito de la denominada especializaci\u00f3n flexible. Por m\u00e1s que, en realidad, el fordismo ya hubiera ido introduciendo, y a un ritmo r\u00e1pido, medidas \u00a0innovadoras; en especial, en aquellos procedimientos que requer\u00edan elevados niveles de cualificaci\u00f3n y competencia. Y aunque tales pr\u00e1cticas resultaron muy exigentes en inversi\u00f3n de capital, fueron muchas las empresas que optaron por ellas, con lo que ganaron posiciones de ventaja, y pudieron contribuir a la paulatina diferenciaci\u00f3n de las econom\u00edas de las que formaban parte y a la consolidaci\u00f3n de ciertas ventajas comparativas en la elecci\u00f3n de los productos y, sobre todo, en la productividad de sus plantillas. Durante el decenio de los a\u00f1os 80, la especializaci\u00f3n flexible, emblem\u00e1tica del tiempo del postfordismo, se aplic\u00f3 al dominio de una serie de competencias para atender a la flexibilidad de las tareas y la racionalizaci\u00f3n del conjunto de los procesos productivos. En la voluntarista visi\u00f3n de Michael J. Piore y Charles F. Sabel, se mostraba un paisaje gr\u00e1vido de oportunidades de autorrealizaci\u00f3n existencial por la v\u00eda del trabajo, para la construcci\u00f3n de una vida activa plenamente dotada de sentido. Pero el contraste con la realidad de las relaciones laborales no pod\u00eda sino justificar plenamente una cr\u00edtica hasta la masacre de tal perspectiva; al menos, si se reparaba en la crudeza de los subempleos y los infrasalarios,\u00a0 la descualificaci\u00f3n y la precariedad, los ejercicios de poder de los managers y la insaciable voracidad de los accionistas. Por otra parte, el excesivo endeudamiento hab\u00eda empujado a muchas empresas de los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados a una imperativa redefinici\u00f3n de sus estrategias respecto de las competencias esenciales, las inversiones y los dividendos. En primer lugar, se deshicieron de las actividades menos rentables y comenzaron a externalizar la limpieza, la restauraci\u00f3n o la seguridad y, despu\u00e9s, otras de car\u00e1cter estrat\u00e9gico, como el ensamblaje, la gesti\u00f3n de la informaci\u00f3n o el marketing. Se trataba de reducir costes. Los competidores de las econom\u00edas emergentes aprovechaban las econom\u00edas de escala a su alcance y sus menores costes salariales. Las empresas escogieron el camino de la especializaci\u00f3n creciente trasladando los riesgos a proveedores y subcontratantes. Con esta modalidad de especializaci\u00f3n advino, acto seguido, la desintegraci\u00f3n de muchos conjuntos de actividades y los nefastos efectos para el empleo. Asimismo, las empresas acud\u00edan, cada vez con mayor frecuencia, y para distintos \u00e1mbitos, a trabajadores \u00abindependientes\u00bb, a los aut\u00f3nomos. Adem\u00e1s, las empresas de tama\u00f1o medio pod\u00edan resultar m\u00e1s \u00e1giles y eficientes que sus competidoras de gran tama\u00f1o, recurriendo a las redes de subcontrataci\u00f3n de buena parte de sus producciones, con la ventaja a\u00f1adida de la reducci\u00f3n de costes y el buen aprovechamiento de la especializaci\u00f3n. La organizaci\u00f3n en redes, llamada a ocupar el trono de la organizaci\u00f3n jerarquizada, se adaptaba mejor a las cambiantes circunstancias de los mercados y propon\u00eda una distribuci\u00f3n m\u00e1s racional de las funciones y las responsabilidades. Y la \u201cespecializaci\u00f3n flexible\u201d aseguraba la viabilidad de la producci\u00f3n de vol\u00famenes reducidos para determinados nichos de mercados. Por lo dem\u00e1s, la inevitable aceleraci\u00f3n de la adaptaci\u00f3n a las nuevas tareas impuso la incorporaci\u00f3n, a los procesos productivos, no solamente de tecnolog\u00edas ad hoc sino, tambi\u00e9n, de trabajadores espec\u00edficamente cualificados en las nuevas tecnolog\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En los a\u00f1os inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el marco legal de la regulaci\u00f3n de las relaciones laborales, por una parte y, por otra, las instituciones sociales de protecci\u00f3n social hab\u00edan consolidado un ambiente favorable a las negociaciones y acuerdos entre la patronal y los obreros. Por supuesto, las relaciones entre el capital y el trabajo sufrieron muchas variaciones. Pero, al menos, pudo mantenerse, entre los obreros, una cierta capacidad de identificaci\u00f3n de los intereses comunes. El crecimiento de la poblaci\u00f3n urbana coadyuv\u00f3 a la formaci\u00f3n y solidez de las organizaciones obreras y, por tanto, a su capacidad de negociaci\u00f3n con la patronal, de manera que el n\u00famero de afiliados a organizaciones sindicales aument\u00f3 en todos los pa\u00edses avanzados. Al principio, el sector servicios contribuy\u00f3 en poca medida a la fortaleza sindical pero, con el tiempo, los empleados de este sector, al igual que ocurri\u00f3 con los del sector p\u00fablico, llegar\u00edan a superar en n\u00famero de afiliados a los obreros industriales. Y en un escenario de bajo desempleo, lo que, a su vez, prest\u00f3 una valiosa contribuci\u00f3n a las mejoras constantes de los niveles salariales y las condiciones de trabajo. Los asalariados pod\u00edan anticipar sus ingresos, dada la estabilidad de los salarios, y las distancias salariales no resultaban escandalosas; el n\u00famero de horas trabajadas tend\u00eda a disminuir y los trabajadores hab\u00edan logrado dotarse de s\u00f3lidos dispositivos de protecci\u00f3n legal. Adem\u00e1s, las organizaciones sindicales manten\u00edan, generalmente, posiciones de firmeza en las negociaciones con la patronal, aprovechando el esmero con el que los poderes p\u00fablicos trataban las relaciones laborales. La capacidad \u00a0de negociaci\u00f3n y resoluci\u00f3n de los conflictos laborales vino muy bien para las mejoras constantes de la cualificaci\u00f3n de los trabajadores y para la limitaci\u00f3n de las prerrogativas y ejercicios de poder de los managers. En toda Europa, se abrieron expectativas razonables para la mejora creciente de las condiciones laborales. Sin perjuicio de los abundantes conflictos industriales de la \u00e9poca, especialmente, en los \u00faltimos a\u00f1os del decenio de los 60,\u00a0 claros indicadores de una fuerte resistencia por parte de la patronal. Ahora bien, las organizaciones sindicales fueron orient\u00e1ndose a la defensa preferente de los sectores m\u00e1s favorecidos del mercado laboral. Asimismo, de modo creciente, ceder\u00edan posiciones ante las pr\u00e1cticas del management, incluso a las m\u00e1s dirigidas al establecimiento de dispositivos de control y disciplina. Hasta que lleg\u00f3 la despolitizaci\u00f3n de las reivindicaciones. Al fin y al cabo, hab\u00eda que abonar la cuenta de las concesiones de la patronal, por ejemplo, en la forma de mejoras continuas de las condiciones laborales; entre ellas, las de los salarios, que propiciaron el desarrollo del consumo masivo de bienes relativamente estandarizados, por m\u00e1s que la relaci\u00f3n entre la producci\u00f3n masiva y el consumo masivo no resultase perfecta. De hecho, la pobreza no qued\u00f3 del todo derrotada y, al interior del propio mercado de trabajo, se abrieron grandes cesuras de la mano del incremento de la participaci\u00f3n femenina,\u00a0 los flujos migratorios del campo a los centros urbanos y las corrientes internacionales de migraci\u00f3n. Estas incorporaciones conformaron un considerable potencial de trabajo barato. Y tambi\u00e9n provocaron situaciones de contradicci\u00f3n de intereses entre los trabajadores mejor pagados y los que ocupaban las zonas del subempleo y los infrasalarios. A partir de 1979, el orden social que anunciaba el emergente escenario del trabajo se har\u00eda especialmente patente en las econom\u00edas m\u00e1s liberales, pero ya empezaba a mostrar sus rasgos incluso en las econom\u00edas de elevada presencia p\u00fablica, como las europeas continentales. Uno de los \u00faltimos episodios de resistencia obrera frente a la gran ofensiva conservadora se inici\u00f3 el 12 de marzo de 1984, el d\u00eda en que la organizaci\u00f3n sindical de los mineros brit\u00e1nicos, The National Union of Mineworkers (NUM), decidi\u00f3 lanzarse a la convocatoria de una gran huelga nacional para protestar contra el cierre de una veintena de minas de carb\u00f3n. Un a\u00f1o despu\u00e9s, nadie dudaba, ya, de la derrota obrera. El desenlace de este pulso entre los mineros y el thatcherismo allan\u00f3 el camino a la victoria aplastante de la l\u00f3gica de la competitividad global. El triunfo del thatcherismo no ser\u00eda puesto en tela de juicio por ninguno de los gobiernos que sucedieron a los de Margaret Thatcher, ni siquiera por los de los laboristas de Tony Blair y Gordon Brown. Encima, las clases capitalistas transnacionales se hab\u00edan esmerado en la construcci\u00f3n de\u00a0 m\u00faltiples ideologismos respecto de los mecanismos invencibles de los mercados, los efectos ben\u00e9ficos de las privatizaciones, \u00a0la desregulaci\u00f3n financiera o \u00a0la liberalizaci\u00f3n de los intercambios comerciales. Y no \u00a0faltaron las m\u00e1s sentidas bendiciones para el \u00e9xodo de los capitales hacia la econom\u00eda financiera y la legitimaci\u00f3n de las condiciones de competitividad del mercado global.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mercado de trabajo de la Uni\u00f3n Europea presenta una fuerte tendencia a la precarizaci\u00f3n masiva, si bien sus modalidades se muestran coligadas a la herencia hist\u00f3rica de las sociedades salariales nacionales y a algunos otros fen\u00f3menos, como los procesos migratorios o las pol\u00edticas p\u00fablicas. 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