{"id":2828,"date":"2016-02-27T10:02:45","date_gmt":"2016-02-27T09:02:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/?p=2828"},"modified":"2016-06-16T13:34:24","modified_gmt":"2016-06-16T11:34:24","slug":"burbujas-que-suben-y-despues-se-van-el-sobresalto-de-la-nueva-economia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/burbujas-que-suben-y-despues-se-van-el-sobresalto-de-la-nueva-economia\/","title":{"rendered":"Burbujas que suben y despu\u00e9s se van. El sobresalto de la Nueva Econom\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-2808\" src=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2016\/02\/imagespais.jpg\" alt=\"imagespais\" width=\"300\" height=\"168\" \/><\/p>\n<p>No es que me tema un inminente estallido de otra burbuja financiera, por m\u00e1s que abunden los indicios. Pero es que, cuando se inflan demasiado, las burbujas estallan. Pues bien, por una singular desconexi\u00f3n entre la econom\u00eda real y las finanzas, en el a\u00f1o 2000, clamaba Federico Rampini un a\u00f1o despu\u00e9s, la econom\u00eda mundial hab\u00eda crecido un 5% (el incremento m\u00e1s fuerte de los \u00faltimos a\u00f1os), todav\u00eda conducida por una econom\u00eda norteamericana en buen estado de salud (un 4% de desempleo, el m\u00e1s bajo desde la guerra de Vietnam). Pero, entretanto, el colapso se ensa\u00f1aba con Wall Street. Una nueva ronda de destrucci\u00f3n creadora hab\u00eda ido gest\u00e1ndose, ya, a mediados de los a\u00f1os 90, en los que los incrementos de la productividad, gracias a las TIC, potenciaron expectativas generalizadas de crecimiento sin precedentes. Sobre todo, en la econom\u00eda norteamericana, resultaron en la formaci\u00f3n de una burbuja que, como todas, termin\u00f3 por estallar. Una nueva econom\u00eda, la de la informaci\u00f3n, hab\u00eda desfilado con un paso distinto al que aconsejaban los mercados.<\/p>\n<p>La Nueva Econom\u00eda, que se hab\u00eda puesto a andar en los \u00faltimos a\u00f1os del decenio de los 90, presentaba la apariencia de saberse a salvo de las fluctuaciones habituales. Lo que produjo la imagen ilusoria de que las rentabilidades extraordinarias (de car\u00e1cter coyuntural) eran las normales que cab\u00eda prever en un contexto de crecimiento acelerado del que tampoco quiso verse su temporalidad. El alza de los precios de las acciones se desarroll\u00f3 con el acompa\u00f1amiento de los incrementos de las inversiones y el protagonismo de las innovaciones tecnol\u00f3gicas. Sin embargo, a pesar del estallido de la burbuja, la econom\u00eda norteamericana logr\u00f3 retener las ganancias de productividad. De ah\u00ed el asombro de Rampini. Los \u00faltimos a\u00f1os 90 hab\u00edan sido testigos, pues, de la nov\u00edsima ret\u00f3rica de la Nueva Econom\u00eda, del boom de los mercados emergentes en el mundo en desarrollo y la imparable liberalizaci\u00f3n del comercio internacional. No obstante, no hab\u00eda elementos de juicio suficientes para anticipar la entrada en una nueva etapa de crecimiento acelerado ni, mucho menos, se hab\u00eda producido el hallazgo de un modelo que permitiera revivir los \u00e9xitos del periodo de 1945 a 1973, al menos, para la mayor parte de las econom\u00edas occidentales. Aunque, m\u00e1s bien, desde 1990, en un contexto de estabilizaci\u00f3n macroecon\u00f3mica, de bajas tasas de inflaci\u00f3n y de liberalizaci\u00f3n de los mercados, el crecimiento hab\u00eda ido frenando su ritmo conforme a una tendencia que se mantendr\u00eda hasta 2005. En realidad, las modificaciones que impusieron las TIC al interior y al exterior de las empresas no trajeron los resultados perseguidos. La Nueva Econom\u00eda no supuso una gran expansi\u00f3n de la econom\u00eda norteamericana. La tasa de crecimiento anual del 3,7% de 1993 a 1999 result\u00f3 m\u00e1s aceptable que la del periodo 1981-1982 (de un 2,9%) pero muy similar a la del 3,4% del periodo 1977-1980 y bastante m\u00e1s baja que la del periodo de 1961 a 1968, que lleg\u00f3 a un 4,8%. De 1997 a 2000, el d\u00e9ficit comercial se multiplic\u00f3 por m\u00e1s del doble y, en 2003, lleg\u00f3 al 5% del PIB. El desarrollo de la econom\u00eda de high-tech fue un boom m\u00e1s de consumo que de inversi\u00f3n. Y comport\u00f3 un sustancial incremento de la deuda, que pas\u00f3 del 65% de la renta disponible, en los a\u00f1os 60, al 94% de los \u00faltimos a\u00f1os 90. La revalorizaci\u00f3n de los activos pudo financiar ese brutal incremento y coadyuv\u00f3 a paliar los efectos de la reducci\u00f3n del d\u00e9ficit presupuestario norteamericano.<\/p>\n<p>Sin perjuicio de las expectativas que pudo despertar, en funci\u00f3n de los sectores productivos, lo cierto es que era portadora de una tendencia original: el desplazamiento de los puestos de trabajo hacia la producci\u00f3n inmaterial. La Nueva Econom\u00eda se hab\u00eda instalado con intenci\u00f3n de permanencia. Las TIC hab\u00edan ocupado todos los sectores productivos, incluso el primario, bien que su impacto se hiciera m\u00e1s notable en la industria y los servicios. Los intercambios de servicios (licencias y royalties, servicios financieros, de Internet, etc.) en el primer decenio del siglo XXI aumentaron m\u00e1s r\u00e1pidamente que los intercambios de mercanc\u00edas. Gracias a los servicios, algunos pa\u00edses deficitarios en el comercio de mercanc\u00edas (por ejemplo, Estados Unidos, Gran Breta\u00f1a, Espa\u00f1a o Suiza, entre otros) pudieron lograr excedentes (as\u00ed, en 2006), al contrario que Jap\u00f3n y Alemania, que acumularon d\u00e9ficits equivalentes a una cuarta parte de sus super\u00e1vits en el comercio de mercanc\u00edas. La balanza europea, en general, se comport\u00f3 de forma irregular, con d\u00e9ficits en productos primarios y excedentes en productos qu\u00edmicos y maquinaria. A este respecto, Alemania y Jap\u00f3n lograron grandes super\u00e1vits, pero Gran Breta\u00f1a y, en menor medida, Francia e Italia se convirtieron en importadores netos. A Europa correspondi\u00f3 el 42% de las exportaciones mundiales. Una importante proporci\u00f3n del comercio mundial (la cuarta parte) se desarroll\u00f3 en el mercado norteamericano. Desde 1992 hasta el 2000, mientras sus principales competidores hac\u00edan frente a una importante desaceleraci\u00f3n, la econom\u00eda norteamericana conoci\u00f3 un boom relativamente basado en los altos niveles de inversi\u00f3n, la baja inflaci\u00f3n y una tasa aceptable de desempleo. Todav\u00eda m\u00e1s, la administraci\u00f3n Clinton incluso logr\u00f3 revertir el enorme d\u00e9ficit presupuestario que hab\u00eda heredado de las etapas de Reagan y Bush. El PIB creci\u00f3 a una media del 3,7% anual de 1993 a 1999 (de 1981-1992 hab\u00eda crecido al 2,9%). Las razones de ese \u00e9xito hab\u00eda que buscarlas en las aportaciones de la Nueva Econom\u00eda, que gener\u00f3 expectativas de futuras ganancias de la mano de sectores especialmente din\u00e1micos, y la potenciaci\u00f3n de la productividad gracias a las TIC.<\/p>\n<p>El sector financiero encontr\u00f3 magn\u00edficas oportunidades para su expansi\u00f3n con el desarrollo de las TIC. Sin embargo, el boom de los mercados de valores que precedi\u00f3 al crash del 2000 no pudo m\u00e1s que fundamentarse en falsas expectativas y percepciones desviadas de la realidad, en opiniones arbitrarias y creencias sin sentido. Tambi\u00e9n, en la promoci\u00f3n de expectativas de r\u00e1pidos beneficios, en la creaci\u00f3n de artificios para inducir a la demanda sin que importara, apenas, la gran deriva de los recursos. Las expectativas generadas alcanzaron el rango de factores que acabar\u00edan conduciendo a una burbuja especulativa. As\u00ed, por una parte, la desregulaci\u00f3n financiera estimul\u00f3 las inversiones por la v\u00eda crediticia; y, por otra, el respaldo gubernamental norteamericano anim\u00f3 a las entidades financieras. Esas circunstancias animaron a los bancos (los comerciales y los de inversi\u00f3n), y propiciaron la aparici\u00f3n de ciertas pr\u00e1cticas rayanas en lo irregular, como, por ejemplo, las remuneraciones a los managers en la forma de stock options. Y no faltaron algunos episodios de fraude corporativo, en los que managers, auditores y banqueros se confabularon para inflar las cifras de beneficios con la intenci\u00f3n de ayudar a la subida de los precios de sus activos. La enorme sobrevaloraci\u00f3n de las acciones en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XX y los primeros del XXI fue un gigantesco error de mercado que provoc\u00f3 comportamientos por inercia bien predispuestos a la sobrevaloraci\u00f3n de los nuevos productos financieros, de las posibilidades de las high-tech y del potencial de la neteconom\u00eda. A esta percepci\u00f3n contribuy\u00f3 el manejo espurio de los datos por parte de muchos directivos, la descomposici\u00f3n de las normas deontol\u00f3gicas en muchas entidades financieras, en bufetes y despachos de auditores y consultores, que actuaron con toda intenci\u00f3n para desinformar y manipular los movimientos financieros en su propio beneficio. Por ejemplo, los que reflej\u00f3, en su momento, la contabilidad creativa de Enron o World Com. Era lo que correspond\u00eda al esp\u00edritu del neoliberalismo triunfante, a sus implacables procesos de racionalizaci\u00f3n de las condiciones de los mercados, y guardaba, asimismo, una transparente coherencia con la justificaci\u00f3n de las remuneraciones que se asignaron los managers de las grandes corporaciones; las directas, hasta alcanzar cifras obscenas, y las indirectas, en la forma de incentivos, stock options, etc.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la crisis, la recuperaci\u00f3n de la econom\u00eda norteamericana se logr\u00f3 merced a la creaci\u00f3n de un gran d\u00e9ficit fiscal y una gran bolsa de endeudamiento de los hogares, y la provisi\u00f3n de cr\u00e9ditos exteriores para la cobertura de la balanza de pagos. Para el mercado de valores, el crash de las acciones fue tan inesperado y violento que, en los \u00faltimos d\u00edas del a\u00f1o 2000, los inversores americanos se vieron obligados a asumir, por primera vez en m\u00e1s de medio siglo, que se hab\u00edan convertido en nuevos pobres. Esa fiebre de ganancias ten\u00eda que apelar a la puesta en funcionamiento de mecanismos extraordinarios de distribuci\u00f3n de la nueva riqueza, que no guardaba relaci\u00f3n con el crecimiento efectivo, en la que los perdedores no pod\u00edan ser otros que los sectores sociales m\u00e1s vulnerables; algo que, en s\u00ed, no representaba, precisamente, una novedad hist\u00f3rica. La p\u00e9rdida de capacidad adquisitiva de los hogares ten\u00eda que conciliarse con la necesidad de mantenimiento de la demanda. La contradicci\u00f3n se resolvi\u00f3 por la v\u00eda del endeudamiento familiar. El desenlace es bien conocido: una crisis financiera y econ\u00f3mica de amplitud descomunal. La desregulaci\u00f3n financiera permiti\u00f3 el desarrollo de una gran variedad de pr\u00e1cticas especulativas que, al final, conformaron, tambi\u00e9n, el factor decisivo para el estallido de la crisis de nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Pero no era la primera vez que ocurr\u00eda un suceso semejante. El decenio de 1920 ya hab\u00eda presenciado el advenimiento de una nueva econom\u00eda que trajo la implantaci\u00f3n de grandes innovaciones y cambios para la moderna industria (el autom\u00f3vil, la generalizaci\u00f3n de la energ\u00eda el\u00e9ctrica, el cine) pero, cuando lleg\u00f3 el crash, entre 1929 y 1932, Wall Street tuvo que resignarse a la p\u00e9rdida del 90% de su capitalizaci\u00f3n. Los a\u00f1os siguientes a la finalizaci\u00f3n de la I Guerra Mundial discurrieron, para Estados Unidos, entre dos desequilibrios cruciales, las desigualdades en el sistema internacional y los desajustes internos de su econom\u00eda nacional. Claro que la econom\u00eda estadounidense hab\u00eda salido muy fortalecida de la contienda. Estados Unidos se hab\u00eda convertido en el gran acreedor, y Francia y Gran Breta\u00f1a eran sus principales deudores. Por su parte, Alemania se vio obligada a hacer frente al pago de sus indemnizaciones de guerra. En general, las econom\u00edas europeas se encontraron ante grandes dificultades para cumplir sus obligaciones de reintegro. Por otra parte, la econom\u00eda norteamericana creci\u00f3 con rapidez pero de modo desigual. As\u00ed, mientras las grandes corporaciones mejoraban sus cuentas de resultados (en un 62%, entre 1923 y 1929), los precios agr\u00edcolas se hundieron, el sector de la construcci\u00f3n sufri\u00f3 una brusca desaceleraci\u00f3n y, en fin, muchas familias se vieron abocadas a la pobreza extrema, y las desigualdades se hicieron escandalosas (el 40% de las familias norteamericanas apenas si pod\u00edan contar con unos ingresos que no llegaban a las tres cuartas partes de los necesarios para la mera subsistencia). Y el consumo masivo no lleg\u00f3 a alzar el vuelo a pesar de las facilidades de acceso al cr\u00e9dito (y la escalada de la deuda de empresas y familias). La demanda contenida coadyuv\u00f3 a la sobreproducci\u00f3n que, a su vez, desvi\u00f3 las inversiones hacia las operaciones especulativas, bien rearmadas con la reducci\u00f3n de los tipos de inter\u00e9s de 1927, con el conocido resultado de la burbuja del mercado de valores y su estallido, en 1929.<\/p>\n<p>Al igual que en el caso de la crisis de deuda de los primeros a\u00f1os 80, las causas de las crisis financieras de los 90 y los primeros a\u00f1os del 2000 todav\u00eda son objeto de arduos debates. Por su lado, los neoliberales reafirman la eficiencia del sistema comprendido como una totalidad y aducen que fueron los problemas internos de algunas econom\u00edas los que entorpecieron su integraci\u00f3n en los mercados globales. Las tesis neocl\u00e1sicas son bien conocidas: la liberalizaci\u00f3n financiera impulsa la inversi\u00f3n y el crecimiento econ\u00f3mico. Los mercados financieros, como corresponde a la naturaleza del mercado, tienden hacia el equilibrio. De manera que las crisis solamente pueden ser provocadas por factores ex\u00f3genos a los propios mercados. Y aparece, de nuevo, el chivo expiatorio de la intervenci\u00f3n del Estado, contumaz represor de los ahorros financieros y, por consiguiente, de la posibilidad de acumulaci\u00f3n. Y, precisamente, los mercados financieros son los m\u00e1s indicados para tapar las \u201cineficiencias naturales\u201d de la intervenci\u00f3n p\u00fablica. Lo que pasa es que nos empecinamos en la ignorancia de las primeras verdades: las crisis financieras no suceden por causa del comportamiento err\u00e1tico de los mercados sino, m\u00e1s bien, por la insuficiente carga de liberalizaci\u00f3n de las actividades financieras, tal y como lamentaba el Fondo Monetario Internacional a cuenta del colapso financiero del Este asi\u00e1tico. Por cierto, para salir de la crisis, el Fondo Monetario Internacional recomend\u00f3 el despliegue de medidas del tipo de la pol\u00edtica econ\u00f3mica de \u201causteridad\u201d, las privatizaciones y, c\u00f3mo no, la desreglamentaci\u00f3n financiera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es que me tema un inminente estallido de otra burbuja financiera, por m\u00e1s que abunden los indicios. Pero es que, cuando se inflan demasiado, las burbujas estallan. 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