{"id":2416,"date":"2015-08-23T00:07:26","date_gmt":"2015-08-22T22:07:26","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/?p=2416"},"modified":"2016-06-16T13:34:43","modified_gmt":"2016-06-16T11:34:43","slug":"reduccion-del-tiempo-de-trabajo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/reduccion-del-tiempo-de-trabajo-2\/","title":{"rendered":"Reducci\u00f3n del tiempo de trabajo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/08\/imagesbanco.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-2414\" src=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/08\/imagesbanco-315x148.jpg\" alt=\"imagesbanco\" width=\"315\" height=\"148\" srcset=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/08\/imagesbanco-315x148.jpg 315w, https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/08\/imagesbanco.jpg 327w\" sizes=\"auto, (max-width: 315px) 100vw, 315px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Son varias las formas que puede adoptar la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo: disminuci\u00f3n de la duraci\u00f3n de la jornada laboral, promoci\u00f3n del trabajo a tiempo parcial, jubilaciones anticipadas, prolongaci\u00f3n del tiempo dedicado a la formaci\u00f3n y algunas otras m\u00e1s. En todos los casos, finalmente, se reparte el empleo.<\/p>\n<p>El impacto social de un desempleo que parece invencible (por su naturaleza estructural) no siempre se refleja en el debate sobre la oportunidad y pertinencia de la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo. Por una parte, las pol\u00edticas neoliberales del empleo se han acreditado como consumadas constructoras de precariedad laboral y empobrecimiento de los asalariados. Por otra, las propuestas alternativas han de someterse a la prueba de la incertidumbre ante lo que est\u00e1 por venir. Unos dicen que lo que hay que hacer es trabajar m\u00e1s; que la productividad (al alza) y los costes salariales unitarios (a la baja) constituyen factores causales de primer orden para la competitividad y, por tanto, para la existencia misma de los mercados laborales. Por lo dem\u00e1s, en las actuales condiciones de la competencia global, la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo en una sola econom\u00eda no puede ser m\u00e1s que una medida transitoria, reversible y selectiva. Otros responden que la reducci\u00f3n traer\u00eda consigo importantes incrementos en la productividad y contribuir\u00eda al saneamiento de las finanzas p\u00fablicas, a cambio, probablemente, de una revisi\u00f3n (m\u00ednima), a la baja, de los salarios; en cualquier caso, sin empleo no hay integraci\u00f3n social: es necesario abrir de par en par las oportunidades de ingreso en el mercado laboral. Pero es que, a la vez, hay una cuesti\u00f3n de fondo, en todo esto, en la que se anticipan algunos ajustes y cambios en la evaluaci\u00f3n social del trabajo y el empleo. Las experiencias francesa (con la semana, ya establecida desde hace 15 a\u00f1os, de 35 horas, que ha permitido la creaci\u00f3n de alrededor de 400.000 empleos) o sueca (con la jornada, todav\u00eda en fase de observaci\u00f3n, de 6 horas) se orientan en esa direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un acuerdo puntual en una empresa, al objeto de evitar despidos, no forma parte, en sentido estricto, de la idea de la reducci\u00f3n, que no es, desde luego, ni de lejos, la f\u00f3rmula definitiva para enfrentarse al desempleo masivo. La reducci\u00f3n del tiempo de trabajo podr\u00eda ser un factor de influencia m\u00e1s entre los factores, agentes y elementos que conforman el entramado de (des)equilibrios en la relaci\u00f3n entre las rentas del capital y el trabajo. Su campo propio se mover\u00eda siguiendo la estela de las mejoras de la productividad para las cuentas de resultados de los inversores, la situaci\u00f3n de los salarios ante tales efectos o la creaci\u00f3n y destrucci\u00f3n de empleo, como consecuencia. Hoy por hoy, el empleo es el gran sacrificado. No parece gozar de buenas expectativas, por otra parte, la idea de una reducci\u00f3n del tiempo de trabajo semanal para pasar a una reducci\u00f3n del tiempo de trabajo sobre la vida activa. Y hay que tratar de forma distinta el tiempo individual de trabajo y el tiempo de funcionamiento de las cadenas de producci\u00f3n o de apertura de los establecimientos comerciales, por ejemplo. Esto exigir\u00eda una organizaci\u00f3n del trabajo especialmente flexible, en funci\u00f3n de las situaciones particulares. A este respecto, solamente las negociaciones descentralizadas, por ramas de actividad y empresas, permitir\u00edan preservar el equilibrio de los intereses.<\/p>\n<p>Las reacciones (contrarias) a la propuesta de la reducci\u00f3n (que no corresponden, \u00fanicamente, a posiciones ideol\u00f3gicas derechistas) advierten acerca de su (obvia) inconsistencia para el incremento de las plantillas: en los m\u00e1s de los casos, aumentar\u00eda el n\u00famero de horas extraordinarias (declaradas o no) y (puede que) la productividad, pero las plantillas apenas se mover\u00edan. Para los intereses de la organizaci\u00f3n general del sistema econ\u00f3mico, la reducci\u00f3n de la duraci\u00f3n del trabajo traer\u00eda un sinf\u00edn de problemas de gesti\u00f3n y administraci\u00f3n. A\u00fan m\u00e1s, quedar\u00eda invalidado, en gran medida, el ingente esfuerzo de control para la estabilidad de los procesos productivos (desde los flujos flexibles hasta la orientaci\u00f3n a la calidad total) integrados en las empresas m\u00e1s competitivas. Y conviene tener en cuenta otra variable: muy probablemente, los trabajadores tratar\u00edan de aprovechar su tiempo libre para complementar sus ingresos. En l\u00edneas generales, la reducci\u00f3n favorecer\u00eda los desarrollos de la econom\u00eda sumergida. Es m\u00e1s, potenciar\u00eda una especie de \u00abeconom\u00eda administrada\u00bb, en lugar de \u00abre-responsabilizar a los ciudadanos\u00bb, en los t\u00e9rminos de Alain-G\u00e9rard Slama. Esta posici\u00f3n es la t\u00edpica de los neoliberales. Para adaptarse a las actuales circunstancias del mercado, hay que cambiar los comportamientos y las reglas de juego: el desempleo de larga duraci\u00f3n, el m\u00e1s grave de todos los tipos de desempleo, se reducir\u00eda significativamente si el mercado de trabajo fuera m\u00e1s abierto para la entrada y la salida; es decir, la clave est\u00e1 en la flexibilidad. Siempre ser\u00e1 preferible la inestabilidad que el despido o la imposibilidad de encontrar un empleo. Y el \u201cargumentario\u201d consiguiente se publicita con las consignas incansablemente repetidas: no es el tiempo de trabajo el que hay que repartir, sino el riesgo de p\u00e9rdida del empleo; la seguridad de los \u201cindefinidos\u201d se alimenta de la inseguridad de los \u201ctemporales\u201d; lo que hay que hacer, m\u00e1s bien, es incrementar la riqueza y permitir a todos que aporten su m\u00e1xima contribuci\u00f3n al valor a\u00f1adido colectivo, etc. El grito de guerra preferido por los neoliberales: \u00abel reparto del trabajo es el reparto de la penuria\u00bb. Ciertamente, los medios tradicionales de lucha contra el desempleo ya no garantizan su derrota. El crecimiento, tan necesario, no parece resultar suficiente. Y no se trata de repartir la penuria, sino de un reparto din\u00e1mico del trabajo que mejore la situaci\u00f3n del empleo y, tambi\u00e9n, la calidad de vida. Pero, por supuesto, entre las filas ortodoxas tambi\u00e9n pueden encontrarse an\u00e1lisis relevantes. La reducci\u00f3n del tiempo de trabajo no arreglar\u00e1 la escasez del empleo, insisten; ni mucho menos podr\u00eda propiciar una reorganizaci\u00f3n del trabajo que se extendiera a un nuevo marco de oportunidades vitales de mejor uso y disfrute del tiempo propio. Lo que hay que hacer es liberar la creaci\u00f3n de empleos, en vez de replegarse sobre el reparto de los empleos existentes. Aunque resulte atractiva, la del reparto del empleo es una idea constitutivamente err\u00f3nea. Y todav\u00eda m\u00e1s grave que la penuria de empleos, apuntan, es la notoria escasez de emprendedores. En realidad, sentencian, la reducci\u00f3n de la duraci\u00f3n del trabajo forma parte de los falsos dilemas sobre los que se discute porque s\u00ed, en vez de abordar las cuestiones verdaderamente importantes; se buscan, desesperadamente, ideas nuevas, a falta de la disposici\u00f3n de voluntad para afrontar los obst\u00e1culos estructurales al empleo, que impiden que, con tasas notables de crecimiento, algunas econom\u00edas no sean capaces de crear empleo.<\/p>\n<p>En el contexto de los debates franceses de mediados de los a\u00f1os 90 del siglo pasado, pensando en la reducci\u00f3n continua del tiempo de trabajo, en Francia, desde finales del siglo XIX, el Rapport (de la Commision au Plan) <em>Le travail dans vingt ans<\/em> recomendaba la reducci\u00f3n de la duraci\u00f3n total del 20 al 25 por ciento, para los veinte a\u00f1os siguientes. A mediados del decenio de los 90, las 1.670 horas medias anuales pasar\u00edan a 1.500 en el a\u00f1o 2015; de las que, al menos, un 10 por ciento se dedicar\u00edan a la formaci\u00f3n profesional. Por cierto, el informe consideraba que la propuesta del l\u00edmite de cuatro jornadas laborales a la semana resultaba demasiado r\u00edgida y no respond\u00eda a la organizaci\u00f3n establecida del trabajo ni a las aspiraciones de empresarios y asalariados. M\u00e1s bien, suger\u00eda el informe en cuesti\u00f3n, la soluci\u00f3n m\u00e1s pertinente, en el proceso, ya muy adelantado, de superaci\u00f3n de la organizaci\u00f3n fordista de la producci\u00f3n, exigir\u00eda un tratamiento del tiempo conforme a una econom\u00eda de doble naturaleza, que encontrara protecci\u00f3n p\u00fablica, por una parte y, por otra, se desarrollase con arreglo a una din\u00e1mica de acuerdos por sectores o empresas. La cohesi\u00f3n social saldr\u00eda, sin duda, reforzada, en cuanto que mejorar\u00eda la capacidad de acceso al empleo. Ahora bien, la situaci\u00f3n del trabajador a tiempo completo no pod\u00eda ser, obviamente, la misma que la del trabajador a tiempo parcial. Y nada dec\u00eda, el informe, de las oportunas compensaciones salariales. Unos meses antes, otro informe, dirigido por Alain Minc, <em>La France de l&#8217;an 2000<\/em> lleg\u00f3 a proponer una cierta forma de \u00abtrabajo diferenciado\u00bb. Dejando de lado sus aspectos m\u00e1s t\u00e9cnicos, la idea en cuesti\u00f3n era una tentativa m\u00e1s de dar respuesta a la dif\u00edcil evoluci\u00f3n del empleo. Se trataba de suprimir las referencias a la duraci\u00f3n habitual y las condiciones contractuales para colectivos, seg\u00fan los convenios establecidos, a cambio del establecimiento de una duraci\u00f3n seg\u00fan la relaci\u00f3n contractual \u201cindividualizada\u201d, libremente acordada por las partes (empresa y asalariado) en funci\u00f3n de la demanda existente de tiempo de trabajo. Desde luego, la propuesta de Minc parec\u00eda muy inclinada al refuerzo de la figura de la relaci\u00f3n mercantil, en detrimento de la relaci\u00f3n laboral. Adem\u00e1s, presentaba una concepci\u00f3n de las relaciones laborales (y una determinaci\u00f3n del salario) que no pod\u00eda sino favorecer a las posiciones empresariales, aunque solamente fuese por la diferenciaci\u00f3n entre la duraci\u00f3n del trabajo (\u201cindividualizada\u201d) de los empleados y la del funcionamiento de la empresa (que podr\u00eda mantenerse o incluso aumentar, en funci\u00f3n de las condiciones del mercado). A largo plazo, la duraci\u00f3n del trabajo semanal individual podr\u00eda ser de cuatro d\u00edas y la de la empresa de cinco o seis. Y quiz\u00e1 los incrementos de la productividad pudieran conducir a la creaci\u00f3n de puestos de trabajo, seg\u00fan una relaci\u00f3n proporcional a la reducci\u00f3n de la duraci\u00f3n individual.<\/p>\n<p>Entre los primeros que se atrevieron a proponer una reducci\u00f3n significativa de la jornada laboral, cabe destacar a Andr\u00e9 Gorz, que se\u00f1alaba, como condici\u00f3n inexcusable, la previa adecuaci\u00f3n de los recursos en todas las ramas y sectores de actividad, y la aceptaci\u00f3n de una proporcional reducci\u00f3n de los salarios, que, por eso mismo, deber\u00edan recibir alguna compensaci\u00f3n en la forma de transferencias o de cualquier otra y, a otros efectos y significados, a trav\u00e9s del disfrute de un tiempo liberado. Por su parte, Guy Aznar, otro precursor de las propuestas de reducci\u00f3n del tiempo laboral, sostuvo que, dado que el trabajo era un derecho fundamental de los ciudadanos, hab\u00eda que repartirlo equitativamente. Pensaba este ilustre jurista y economista en la plausibilidad de una fuente (p\u00fablica) de ingresos capaz de compensar el lucro cesante que, inevitablemente, afectar\u00eda a las rentas de los asalariados; esto es, en un \u00absegundo cheque\u00bb familiar, a cargo del erario. Este sobresueldo podr\u00eda financiarse por medio de un impuesto especial sobre el consumo, que habr\u00eda que entender como una manifestaci\u00f3n de solidaridad social y que, a su vez, sin duda, proyectar\u00eda efectos ben\u00e9ficos para todas las esferas de actividad. Tambi\u00e9n podr\u00eda salir de la mejora de la productividad, merced a una m\u00e1s intensiva utilizaci\u00f3n de los recursos tecnol\u00f3gicos; incluso, de una distribuci\u00f3n m\u00e1s eficiente de la masa monetaria dedicada al pago de las prestaciones y subsidios por desempleo, y hasta de los incrementos relativos de las cotizaciones sociales y los impuestos directos. En cuanto al trabajo a tiempo parcial, dado que no pod\u00eda sino conllevar un salario parcial, resultaba del todo leg\u00edtima la pretensi\u00f3n de una \u00abindemnizaci\u00f3n\u00bb que compensara la parte de la renta no percibida.<\/p>\n<p>Dos concepciones enfrentadas, pues, respecto de la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo. Por su lado, los contrarios a la idea no parecen mostrarse muy dispuestos a contemplar f\u00f3rmulas (si no son puntuales) de reducci\u00f3n aunque pudiesen contribuir, en supuestos espec\u00edficos, empresa por empresa, al mantenimiento de puestos de trabajo y respondieran a las aspiraciones de algunas categor\u00edas de activos. Los partidarios, por el suyo, proponen una visi\u00f3n m\u00e1s amplia y sit\u00faan la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo en la l\u00ednea de las conquistas sociales que hay que proteger. Puede que los managers se sientan legitimados en su rechazo de una eventual reducci\u00f3n de la duraci\u00f3n del trabajo que, sin compensaci\u00f3n de las retribuciones salariales o quiz\u00e1 incluso con ella, inflar\u00eda sus costes m\u00e1s all\u00e1 de lo razonable. O que las organizaciones sindicales se reafirmen en su rechazo del amplio elenco de las formas de flexibilidad. Pero los temores de unos y otros no son invencibles. Por m\u00e1s que el reparto del trabajo (que no har\u00eda injusticia a la cl\u00e1sica f\u00f3rmula de la divisi\u00f3n del trabajo) pudiera tomarse como una versi\u00f3n generalizada de los fundamentos (provenientes de una situaci\u00f3n particular t\u00edpico-ideal, por cierto) constitutivos del trabajo a tiempo parcial.<\/p>\n<p>La prioridad es la creaci\u00f3n de empleo, no el reparto de la penuria de empleo. Ahora bien, no puede recortarse la duraci\u00f3n del trabajo manteniendo los mismos salarios porque no se crear\u00eda empleo y, en algunos casos, lo suprimir\u00eda, incluso. La reducci\u00f3n, en tales t\u00e9rminos, incrementar\u00eda los costes laborales, con la retah\u00edla de consecuencias negativas para el conjunto de la econom\u00eda. Ni siquiera una bajada de salarios proporcional bastar\u00eda para compensar la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo, pues los costes fijos seguir\u00edan siendo los mismos. Adem\u00e1s, podr\u00eda provocar efectos perversos en las inversiones y los gastos de consumo de las empresas y hogares que contaran con unos determinados ingresos (fallidos) en el corto y medio plazo. Sin embargo, la decisi\u00f3n del ajuste de los salarios resultar\u00eda letal para los trabajadores peor remunerados, los protagonistas del fen\u00f3meno de los working poor, con lo que la justificaci\u00f3n de las excepciones a la medida deber\u00eda quedar fuera de toda discusi\u00f3n. Con esas limitaciones, la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo ser\u00eda, sobre todo, un ejercicio de solidaridad social, a pesar del volumen de dificultades sobrevenidas que conllevar\u00eda la contrapartida de las bajadas salariales para casi todos a cambio del trabajo para todos.<\/p>\n<p>El reparto del trabajo (que resultar\u00eda de la reducci\u00f3n) introducir\u00eda otra concepci\u00f3n de la gesti\u00f3n total del ciclo de vida, una alternativa prometedora. En efecto, cuando menos, ofrecer\u00eda unas perspectivas de solidaridad activa entre los trabajadores interesados en el gobierno de su tiempo propio y los parados de larga duraci\u00f3n que aspirasen a la integraci\u00f3n laboral. Se trata tanto de una iniciativa de acci\u00f3n social para la recuperaci\u00f3n de una fuerza de trabajo marginada (y para evitar la ca\u00edda en la exclusi\u00f3n social de un sector de la poblaci\u00f3n, el m\u00e1s vulnerable) como de un verdadero proyecto de actividades ajenas a la instituci\u00f3n del mercado. En cuanto al primer aspecto, en este punto, algunos enfoques ecopol\u00edticos comparten la concepci\u00f3n del tiempo reencontrado para la vida asociativa, la \u201cconvivencialidad\u201d, la formaci\u00f3n, y los mecanismos de cooperaci\u00f3n social y ayuda mutua. En cuanto al segundo, el reparto es un imperativo de cohesi\u00f3n social, un elemento, especialmente fuerte, de un modelo de sociedad, en un movimiento de conjunto que ya pudo traducirse en el adelanto de la edad de jubilaci\u00f3n, las vacaciones pagadas o la misma duraci\u00f3n del trabajo semanal en torno a las treinta y nueve horas. Adem\u00e1s de su funci\u00f3n (originaria) instrumental para la estabilidad del empleo, la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo deber\u00eda coadyuvar a la mejora de la calidad de vida de los asalariados (\u00abtrabajar menos para vivir mejor\u00bb). Asimismo, las condiciones de un eficiente reparto del trabajo deber\u00edan mostrarse ligadas a una nueva distribuci\u00f3n entre la vida activa y los tiempos de formaci\u00f3n y descanso, y a las actividades que tuvieran un objetivo de bien com\u00fan. Desde el trabajo en el seno de asociaciones diversas hasta la participaci\u00f3n en la vida social de los barrios, se abrir\u00edan m\u00faltiples espacios para la realizaci\u00f3n de compromisos personales y colectivos.<\/p>\n<p>Sea como fuere, en s\u00ed mismo, el reparto del empleo implica un cuestionamiento de las conquistas sociales, una parad\u00f3jica adaptaci\u00f3n del derecho al trabajo que podr\u00eda volverse contra los asalariados, produciendo el efecto perverso de un reparto general del paro parcial. Podr\u00eda provocar enfrentamientos entre los que ya trabajan y los que no lo hacen, en una guerra de todos contra todos. Aunque puede que tal enfrentamiento ya se haya producido. No se ve la presencia de grandes, o peque\u00f1os, movimientos sociales dispuestos a luchar por un cambio de la realidad laboral y social. Ni siquiera las organizaciones sindicales parecen muy interesadas en la defensa de los intereses de los excluidos. Pero hay m\u00e1s: puesto que las hip\u00f3tesis de la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo se formulan en nombre de la solidaridad, no hay raz\u00f3n por la que los asalariados tengan que llevar adelante ese empe\u00f1o en solitario. Todas las categor\u00edas del mundo empresarial deber\u00edan participar tambi\u00e9n; al menos, en t\u00e9rminos financieros. El valor del trabajo no puede dejarse al criterio \u00fanico del mercado, a no ser que el propio mercado acepte su papel de subordinado a los valores sociales (a los que entendemos mejor asentados, en los m\u00ednimos: los de justicia social), algo que parece muy lejano en el tiempo, porque lo est\u00e1 en la voluntad de las clases dominantes. No puede exigirse a nadie el compromiso vital de un trabajo arduo y sacrificado, por mera supervivencia o por asunci\u00f3n de las prescripciones psicol\u00f3gicas del capitalismo tan bien explicadas por Max Weber o Thorstein Veblen. Ni, menos todav\u00eda, por el imperativo de la sobreexplotaci\u00f3n, que no es un fatum, precisamente. La devaluaci\u00f3n del trabajo no fortalece la cohesi\u00f3n social. M\u00e1s bien, se hace cada d\u00eda m\u00e1s urgente una firme revaluaci\u00f3n del trabajo, incluso de las actividades no estrictamente productivas; lo que, en las actuales circunstancias, exige una compensaci\u00f3n de rentas, en cuya virtud las propias del trabajo deber\u00edan recoger buena parte de los excedentes de las del capital. Supondr\u00eda, obviamente, toda una revisi\u00f3n del modelo actual de sociedad salarial. Los argumentos centrales ser\u00edan de orden \u00e9tico y moral, pero en absoluto quedar\u00edan invalidados los de tipo t\u00e9cnico.<\/p>\n<p>A otros efectos, con vistas al cumplimiento del requisito homeost\u00e1tico, las modalidades del reparto del trabajo, extremadamente diversas, deber\u00edan negociarse de forma particularizada. Y para su negociaci\u00f3n, har\u00eda falta, con toda probabilidad, la supervisi\u00f3n de los poderes p\u00fablicos, dada la correlaci\u00f3n de fuerzas entre las partes. No obstante, con regulaci\u00f3n legal o sin ella, el Estado habr\u00eda de asumir un papel protagonista, potenciando las posibilidades para la reducci\u00f3n. Claro que en el actual escenario de precarizaci\u00f3n creciente y desmantelamiento del Estado del bienestar se hace verdaderamente dif\u00edcil cualquier iniciativa con pretensiones de eficacia inmediata \u00bfC\u00f3mo asegurar la (redescubierta) cohesi\u00f3n social (en potencia) en un contexto en el que reina la desigualdad, tambi\u00e9n, en el seno de la poblaci\u00f3n activa, en la que una amplia fracci\u00f3n de trabajadores se ve implacablemente privada de su derecho al trabajo?<\/p>\n<p>Desde luego, el Estado del bienestar ya no est\u00e1 en condiciones \u00f3ptimas para prestar amparo generoso e indefinido a los excluidos del mercado laboral. De manera que habr\u00e1 que repartir el trabajo existente. En esa l\u00ednea, podr\u00eda aligerarse el peso de las cargas sociales, tanto para los patronos como para los obreros, de los que participaran en esta modalidad de lucha contra el desempleo. La reorganizaci\u00f3n y reducci\u00f3n del tiempo de trabajo deber\u00eda acompa\u00f1arse, en todo caso, de una modulaci\u00f3n proporcional de las cargas sociales. Surgir\u00edan problemas, quiz\u00e1, por causa de las dificultades que presentar\u00eda la financiaci\u00f3n de las disminuciones de ingresos en la caja de la Seguridad Social, como consecuencia de tal modulaci\u00f3n, y el (m\u00e1s que probable) descenso de las cuant\u00edas de las prestaciones sociales. Tal necesidad de financiaci\u00f3n quiz\u00e1 pudiera cubrirse a trav\u00e9s de las ganancias de productividad del trabajo asociadas, eso s\u00ed, a la reorganizaci\u00f3n (racionalizaci\u00f3n) de los procesos, y a la reducci\u00f3n de los plazos productivos o a los ajustes de los activos circulantes, por ejemplo. A lo que habr\u00eda que a\u00f1adir (sin remedio) la contribuci\u00f3n de los asalariados en la forma de una reducci\u00f3n de los salarios presentes o futuros. A este respecto, una de las posibles compensaciones para los que renunciaran a una parte de su jornada laboral podr\u00eda materializarse mediante el recurso a t\u00e9cnicas de remuneraci\u00f3n variable, seg\u00fan los incrementos de valor a\u00f1adido.<\/p>\n<p>Aunque, en realidad, la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo no deber\u00eda implicar un aumento de los costes sociales totales sino, al contrario, su disminuci\u00f3n, puesto que tambi\u00e9n se reflejar\u00eda en important\u00edsimas minoraciones del gasto p\u00fablico. Es lo que se infiere de una opci\u00f3n que debe reducir el desempleo y, por tanto, los costes que conlleva la protecci\u00f3n de los desempleados. As\u00ed, el Estado podr\u00eda disponer de descuentos previos en funci\u00f3n de la disminuci\u00f3n de costes sociales que acompa\u00f1ar\u00eda a la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo. Adem\u00e1s, deber\u00edan adoptarse decisiones que permitieran la suavizaci\u00f3n de las consecuencias de las inevitables p\u00e9rdidas parciales de las cuant\u00edas salariales, derivadas de tal reducci\u00f3n, en forma de alguna modalidad de subsidio inspirada en el del desempleo que, en este supuesto, corresponder\u00eda a una cierta ayuda por el paro parcial sobrevenido. La reducci\u00f3n parece ser una salida plausible al paro de larga duraci\u00f3n, aun con todas sus complicaciones. Si bien, a fin de cuentas, habr\u00eda que hacer frente a dos fuertes obst\u00e1culos. El primero vendr\u00eda del conjunto de efectos que provocar\u00eda una regulaci\u00f3n legal de tal reducci\u00f3n: las empresas, ante los hechos consumados, probablemente contra su criterio, tratar\u00edan, entonces, de compensar los previsibles incrementos de los costes (por v\u00eda, sobre todo, de las cargas sociales) intensificando el ritmo de trabajo y exigiendo mayores niveles de productividad, con lo que el impacto sobre la posible creaci\u00f3n de m\u00e1s empleos se frenar\u00eda con suma celeridad. Y, en segundo lugar, si la regulaci\u00f3n se dejara en manos de los agentes sociales, incluso sector a sector, empresa a empresa, es muy probable que primaran los intereses establecidos, y bien pertrechados, de los que disfrutan de buenas condiciones laborales, previsiblemente poco proclives a los ajustes que traer\u00eda consigo la decisi\u00f3n. Al final, la evoluci\u00f3n de la productividad del trabajo constituye una variable independiente que act\u00faa a la manera de principio de realidad. Por supuesto, la competitividad depende (tambi\u00e9n) de la productividad (que suele entra\u00f1ar regulaciones masivas de las plantillas, a todos los niveles). Las mejoras en la productividad deber\u00edan dejar de tomarse como fuentes de legitimaci\u00f3n de las supresiones de puestos de trabajo para convertirse en razones de justificaci\u00f3n de mejoras salariales.<\/p>\n<p>En cualquier caso, la viabilidad de la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo depende de un concurso de factores sometidos al riesgo constante de frustraci\u00f3n por su escasa capacidad de anticipaci\u00f3n de los comportamientos del mercado global (y los mercados locales y regionales). Por el momento, la idea de la reducci\u00f3n asociada al reparto del empleo ha de soportar un terrible parecido de familia con la realidad de la reducci\u00f3n salarial asociada al reparto del desempleo, merced, sobre todo, al acoso y derribo a que se ve sometida la sociedad salarial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son varias las formas que puede adoptar la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo: disminuci\u00f3n de la duraci\u00f3n de la jornada laboral, promoci\u00f3n del trabajo a tiempo parcial, jubilaciones anticipadas, prolongaci\u00f3n del tiempo dedicado a la formaci\u00f3n y algunas otras m\u00e1s. En todos los casos, finalmente, se reparte el empleo. 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