{"id":2344,"date":"2015-05-21T16:27:32","date_gmt":"2015-05-21T14:27:32","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/?p=2344"},"modified":"2016-06-16T13:37:19","modified_gmt":"2016-06-16T11:37:19","slug":"mas-acumulacion-mas-pobreza-mas-desigualdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/mas-acumulacion-mas-pobreza-mas-desigualdad\/","title":{"rendered":"M\u00e1s acumulaci\u00f3n, m\u00e1s pobreza, m\u00e1s desigualdad"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/images12.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-2345\" src=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/images12.jpg\" alt=\"images12\" width=\"290\" height=\"174\" \/><\/a><\/p>\n<p>En 1994, el gobierno brit\u00e1nico llev\u00f3 a cabo una gran investigaci\u00f3n, acerca del incremento de la pobreza en su pa\u00eds, que vino a verificar lo que todo el mundo sab\u00eda ya. En esos d\u00edas, la pobreza impregnaba las oportunidades de vida de uno de cada tres ni\u00f1os (de 4,1 millones en 1991-92; en 1979, de 1,4 millones), mientras las distancias sociales y econ\u00f3micas se acrecentaban entre los hogares m\u00e1s pobres y los m\u00e1s ricos. En 1992, 13,9 millones de brit\u00e1nicos viv\u00edan por debajo del umbral de la pobreza, esto es, en un hogar que dispon\u00eda de menos de 114 libras por semana, la mitad de la renta media. En 1979, hab\u00eda 5 millones de brit\u00e1nicos en esa situaci\u00f3n. La encuesta mostraba que la renta media de los hogares hab\u00eda crecido un 36 por ciento en el periodo 1979-92, pasando de 168 a 229 libras por semana. Pero, al mismo tiempo, el 10 por ciento de los hogares m\u00e1s desfavorecidos (con menos de 61 libras por semana) hab\u00edan visto disminuir sus ingresos en un 17 por ciento, mientras que el 10 por ciento de las familias m\u00e1s ricas hab\u00edan conocido un incremento de un 62 por ciento. Y en 1996, hab\u00eda el mismo porcentaje de pobres que en 1900. Desde luego, el periodo de Margaret Thatcher hab\u00eda sido especialmente eficiente en la generaci\u00f3n de desigualdades sociales, pero todav\u00eda llegar\u00eda a casi toda Europa, desde mediados los a\u00f1os 80 hasta la segunda mitad de los 90, una gran ofensiva de la desigualdad que no se dar\u00eda m\u00e1s que una peque\u00f1\u00edsima tregua en los a\u00f1os inmediatamente anteriores al cambio de siglo.<br \/>\nEn 1998, el 94 por ciento de la renta mundial se reservaba para menos del 40 por ciento de la poblaci\u00f3n; 400 familias ten\u00edan una renta equivalente a la de 3 millardos de habitantes; las tres primeras fortunas del mundo pose\u00edan activos mayores que el PIB de los 58 pa\u00edses m\u00e1s pobres. Mil millones de personas viv\u00edan con menos de un d\u00f3lar al d\u00eda; la mitad de los habitantes del planeta, con menos de 2 d\u00f3lares. M\u00e1s de 2 millones de personas mor\u00edan cada a\u00f1o a causa de enfermedades para las que se dispon\u00eda de tratamientos y medicamentos eficaces. Sin duda, el n\u00famero de personas viviendo en la pobreza se increment\u00f3 en el periodo de 1987 a 1998. En 1999, viv\u00eda en condiciones de pobreza extrema alrededor del 40 por ciento de la poblaci\u00f3n del Sur de Asia y el 50 por ciento de \u00c1frica Subsahariana y Am\u00e9rica Latina; y la poblaci\u00f3n pobre se triplic\u00f3, durante el periodo referido, en el Este de Europa y Asia Central. En \u00c1frica Subsahariana, el n\u00famero de pobres pas\u00f3 de 217 millones a 291 millones. En el Sur de Asia, el n\u00famero de pobres, en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX, pas\u00f3 de 474 millones a 522. En Am\u00e9rica Latina y el Caribe, aument\u00f3 un 20 por ciento. En los primeros d\u00edas del siglo XXI, en Argentina, el 23 por ciento de la poblaci\u00f3n viv\u00eda con menos de 2 d\u00f3lares al d\u00eda; en M\u00e9xico, el 20 por ciento; y en Brasil, el 21 por ciento. El 70 por ciento de la poblaci\u00f3n en situaci\u00f3n de pobreza extrema se localizaba en el Sur de Asia y en \u00c1frica Subsahariana. Mientras el n\u00famero de pobres se redujo en el Este asi\u00e1tico, el Oriente Medio y algunas zonas del Norte de \u00c1frica, aument\u00f3 en las econom\u00edas en transici\u00f3n del Este de Europa y Asia Central. Los problemas de la dependencia, el endeudamiento, la pobreza persistente y la desigualdad han sido (y contin\u00faan si\u00e9ndolo) mucho m\u00e1s graves en \u00c1frica que en cualquier otra zona, incluida Latinoam\u00e9rica. Y dado que el crecimiento de la poblaci\u00f3n es m\u00e1s acelerado en los pa\u00edses pobres que en los ricos, la disminuci\u00f3n comparada de las rentas de las poblaciones de aquellos pa\u00edses no deja de agravarse. Seg\u00fan el Human Development Report 2006, y el Human Development Report 2007\/2008, el PIB de \u00c1frica, expresado en d\u00f3lares de 2005, cay\u00f3 de 1216 millardos, en 1980, a 760 millardos en 1990. En t\u00e9rminos de renta per c\u00e1pita, una ca\u00edda de 2.538 d\u00f3lares a 1.192 y 1.029 en los a\u00f1os mencionados. En t\u00e9rminos de PPP (paridad de poder adquisitivo, que permite la comparaci\u00f3n de los niveles de vida al interior de los distintos pa\u00edses) podr\u00eda mostrarse un ligero aumento en la media de ingresos, pero la fotograf\u00eda de cuerpo entero resulta esclarecedora. As\u00ed, como excepci\u00f3n a la tendencia establecida para el resto del mundo, la esperanza de vida en el \u00c1frica Subsahariana apenas hab\u00eda experimentado alg\u00fan cambio desde los a\u00f1os 70 hasta los primeros a\u00f1os del siglo XXI, seg\u00fan el Human Development Report 2006. La pobreza, por supuesto, condiciona la prevalencia de muchas enfermedades que conducen a elevadas tasas de mortalidad.<\/p>\n<p>El World Development Report 2001: Attacking Poverty dec\u00eda expl\u00edcitamente que el aumento de la desigualdad de las rentas no deb\u00eda verse en negativo puesto que, en realidad, las rentas no empeoraban y el n\u00famero de pobres no se incrementaba. Pero, aunque el n\u00famero de personas en situaci\u00f3n de pobreza extrema, en los \u00faltimos 30 a\u00f1os, haya descendido ligeramente, se ha producido un visible incremento de la desigualdad que, adem\u00e1s de las obvias consecuencias econ\u00f3micas, se ha visto reflejado en la forma de importantes quiebras de la cohesi\u00f3n social y la legitimidad pol\u00edtica, y ha logrado oscurecer las expectativas de mejora de calidad de vida de la mayor parte de las poblaciones afectadas.<\/p>\n<p>Entre los pa\u00edses integrantes de la Organizaci\u00f3n para la Cooperaci\u00f3n y el Desarrollo Econ\u00f3mico (OCDE), en 2011, el 10 por ciento de los m\u00e1s ricos obtuvo 9,6 veces m\u00e1s ingresos que el 10 por ciento m\u00e1s pobre. En 2007, los afortunados hab\u00edan ganado 9,3 veces m\u00e1s. La medici\u00f3n publicada por el Credit Suisse Global Wealth Databook 2013 no ofrec\u00eda dudas: algo menos del 1 por ciento de la poblaci\u00f3n mundial pose\u00eda el 41 por ciento de la riqueza global; el 7,7 por ciento de la poblaci\u00f3n dispon\u00eda del 42,3 por ciento de la riqueza; el 22,9 por ciento, del 13,7 por ciento; y el 68,7 por ciento, del 3 por ciento restante. Se trataba de la en\u00e9sima verificaci\u00f3n de la solidez de una tendencia que hab\u00eda empezado a manifestarse 40 a\u00f1os antes. En nuestros d\u00edas, la distribuci\u00f3n de la riqueza global no s\u00f3lo es notablemente desigual, sino que el gap entre ricos y pobres se incrementa sin cesar mientras que, a la vez, se produce un aumento sin precedentes de la acumulaci\u00f3n de capital. Seg\u00fan la OCDE, Irlanda y Grecia hab\u00edan conocido, de 2007 a 2011, un incremento de la desigualdad de ingresos de un 5 por ciento; Estonia, de un 3 por ciento. El 0,35 del \u00edndice de Gini (cuanto m\u00e1s cercano a 1, m\u00e1s desigual distribuci\u00f3n) situaba a Espa\u00f1a a la cabeza de la Uni\u00f3n Europea, con un incremento de la desigualdad de ingresos, desde el 2008, del 9,7 por ciento. Considerando los impuestos y las transferencias, y midiendo los ingresos disponibles, la desigualdad se agrav\u00f3 en Espa\u00f1a en un 4 por ciento, mientras que en Francia, Hungr\u00eda o Eslovaquia lo hac\u00eda en un 2 por ciento. El desempleo, el debilitamiento o desaparici\u00f3n de transferencias y los efectos de los recortes del gasto social se mostraban como factores explicativos de los peores movimientos de la desigualdad en los pa\u00edses mencionados. Ciertamente, la Gran Recesi\u00f3n de 2008 hab\u00eda resultado determinante para el grave deterioro de las condiciones materiales de vida de gran parte de los hogares de bajos ingresos. Hasta tal punto que la proporci\u00f3n de personas viviendo con menos de la mitad de la renta media real (referida a 2005) se increment\u00f3 en 15 puntos porcentuales en Grecia, y en 8 puntos porcentuales en Irlanda y Espa\u00f1a. El aumento comparado de la tasa de ganancia y la acumulaci\u00f3n de capital, en la forma de beneficios, dividendos e intereses, constituye el gran factor explicativo del aumento de las desigualdades. Los ricos tienden a ser cada d\u00eda m\u00e1s ricos. Los pobres tienden a ser cada d\u00eda m\u00e1s pobres. As\u00ed, en Estados Unidos, en 2012, el 1 por ciento de los norteamericanos m\u00e1s ricos acumulaba el 22,5 por ciento de la renta nacional. El ratio de las rentas del capital respecto de las rentas del trabajo se hab\u00eda incrementado desde el 15 por ciento de 1979 hasta el 18 por ciento de 2002; y en Francia, con un Estado social m\u00e1s generoso con los menos favorecidos, pas\u00f3, del 7 por ciento, en 1979, al 12 por ciento, en 2002. \u00danicamente los pa\u00edses escandinavos mantuvieron un cierto equilibrio pero, aun as\u00ed, las rentas del capital lograron una mejora de un 8 por ciento.<\/p>\n<p>Por lo habitual, los analistas neoliberales intentan desviar la atenci\u00f3n del aumento de la desigualdad haciendo hincapi\u00e9 en la supuesta reducci\u00f3n de la pobreza repitiendo, una y otra vez, que las tendencias conocidas se han detenido y, de hecho, caminan en direcci\u00f3n opuesta gracias al avance de la globalizaci\u00f3n. El proceso de la globalizaci\u00f3n reduce la pobreza porque las econom\u00edas integradas tienden a crecer con mayor celeridad y su crecimiento se difunde ampliamente. Es el estribillo preferido para zanjar la cuesti\u00f3n. Pero, aun cuando esta premisa pudiera resultar v\u00e1lida para el caso de China, lo cierto es que deja de lado que el aumento de la desigualdad es una tendencia muy consolidada. Y aunque el creciente gap entre ricos y pobres al interior de los pa\u00edses no presentara un car\u00e1cter universal, s\u00ed que se ha hecho muy manifiesto en la mayor\u00eda de los casos. La desigualdad de las rentas es creciente tanto en los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados como en los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo.<\/p>\n<p>En los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados, el desalojo de las pol\u00edticas keynesianas (y su reemplazo por medidas tales como la disminuci\u00f3n del gasto para la protecci\u00f3n social, la desregulaci\u00f3n comercial, financiera y laboral, la privatizaci\u00f3n de servicios, etc., siguiendo las pautas marcadas por el enfoque monetarista) est\u00e1 relacionado con el aumento espectacular de la pobreza y las desigualdades sociales. La pobreza de los asalariados (activos y\/o desempleados) se ha incrementado en los \u00faltimos 40 a\u00f1os. Adem\u00e1s de algunos factores eminentemente sociales (por ejemplo, la presencia creciente de familias monoparentales), cuenta la p\u00e9rdida de capacidad adquisitiva de los asalariados, el incremento de las tasas de desempleo y la disminuci\u00f3n de las indemnizaciones, prestaciones y subsidios, y la proporci\u00f3n creciente de desempleados sin protecci\u00f3n. La pobreza se muestra unida, tambi\u00e9n, a los subempleos, hasta el punto de que el empleo de mala calidad se ha convertido en el primer vector del empobrecimiento. Pero la pobreza no acecha, \u00fanicamente, a la mayor parte de los asalariados. Cada vez hay m\u00e1s empresarios, profesionales liberales y aut\u00f3nomos en situaci\u00f3n de ruina. En un lado de la distribuci\u00f3n de las rentas, las del capital no parecen tener techo. En el otro, las remuneraciones de los altos directivos no paran de subir y las del resto de trabajadores no paran de bajar, abriendo cada d\u00eda m\u00e1s la brecha salarial. En los \u00faltimos a\u00f1os anteriores a la crisis, en Estados Unidos, millones de personas viv\u00edan ya en situaci\u00f3n de pobreza, incluso trabajando a tiempo completo. Al igual que en la zona euro (quiz\u00e1 con la excepci\u00f3n de Francia) y en Reino Unido, ya se hab\u00eda producido, all\u00ed, un notable estancamiento de los salarios reales. En concreto, los salarios que han corrido peor suerte han sido los de los sectores laborales de menor cualificaci\u00f3n y los de los procesos productivos de baja intensidad de inversi\u00f3n de capital y bajo valor a\u00f1adido. El mercado excluye lo que no le conviene y marca las condiciones para el gobierno del c\u00e1lculo de ganancias. Y lo hace siguiendo su propia racionalidad fundacional, independientemente del efecto tr\u00e1gico de la sobreexplotaci\u00f3n o el desempleo.<\/p>\n<p>El n\u00famero de trabajadores subempleados no deja de incrementarse, con lo que tambi\u00e9n crece la proporci\u00f3n de subsalarios. A mediados de los a\u00f1os 90, alrededor del 25 por ciento de trabajadores en Estados Unidos, Canad\u00e1 o Reino Unido recib\u00edan salarios por debajo del 65 por ciento de la media. En B\u00e9lgica o los pa\u00edses escandinavos, del 5 al 8 por ciento. Los marcos respectivos de las relaciones laborales incorporan factores y elementos que contribuyen a una explicaci\u00f3n satisfactoria de tama\u00f1as diferencias. As\u00ed, resulta muy clara la existencia de una correlaci\u00f3n entre el debilitamiento de las posiciones de los trabajadores en las negociaciones salariales y el incremento proporcional de los salarios bajos. Obviamente, el desempleo es un factor explicativo de gran relevancia y tambi\u00e9n lo es la posici\u00f3n social de los que, a pesar de disponer de un empleo, viven en la pobreza. No obstante, en las econom\u00edas poco dependientes de las importaciones, la liberalizaci\u00f3n de los intercambios comerciales no ha provocado grandes convulsiones en los salarios de los trabajadores de los sectores productivos de elevado valor a\u00f1adido, aunque s\u00ed que constituye un factor causal de la creciente desigualdad de las rentas salariales. En efecto, la globalizaci\u00f3n explica, en buena medida, la ca\u00edda relativa de la demanda de empleo de baja cualificaci\u00f3n, con lo que, en los sectores concernidos, las diferencias salariales se han agudizado disminuyendo, de paso, la capacidad negociadora de las organizaciones sindicales; y, claro est\u00e1, tambi\u00e9n explica los importantes incrementos de los beneficios empresariales. No hay apenas expectativas de empleo bien remunerado para los trabajadores poco cualificados de los pa\u00edses m\u00e1s avanzados, ca\u00eddos y atrapados en una trampa hist\u00f3rica de sustituci\u00f3n de empleos y salarios dignos por subempleos y subsalarios. Y, por si fuera poco, tales subempleos, que han de salvaguardar la competitividad de las exportaciones, son doblemente vulnerables, puesto que podr\u00edan ser v\u00edctimas propiciatorias de las ventajas comparativas (si los subempleados lograran incrementos salariales m\u00ednimamente significativos podr\u00edan poner en riesgo la ya escasa estabilidad de sus fr\u00e1giles puestos de trabajo) y, al mismo tiempo, la producci\u00f3n a una cierta escala podr\u00eda provocar un descenso de los precios, la reducci\u00f3n de los beneficios y, con ello, la presi\u00f3n a la baja de los salarios. Al fin y al cabo, los neoliberales conciben el trabajo asalariado como un recurso de bajo coste que ha de proporcionar la ventaja de partida de los intercambios comerciales, por lo que, con arreglo a la correlaci\u00f3n actual de fuerzas entre el capital y el trabajo, se abre un futuro esplendoroso para los salarios recortados. Adem\u00e1s, con frecuencia, se asume, acr\u00edticamente, que la liberalizaci\u00f3n del comercio ha supuesto que las econom\u00edas de bajos salarios se hayan apropiado de los empleos de baja cualificaci\u00f3n a cambio de que las econom\u00edas avanzadas retengan los empleos de m\u00e1s alta cualificaci\u00f3n. Pero se trata de una evaluaci\u00f3n que no hace justicia a la realidad de los hechos por m\u00e1s que la competencia de los pa\u00edses emergentes sea un factor causal de primer orden para la explicaci\u00f3n de la resuelta tendencia a la baja de los salarios en las econom\u00edas m\u00e1s dependientes de las importaciones, especialmente. Por lo mismo, se ha generalizado la percepci\u00f3n de que los mayores riesgos para el empleo en las econom\u00edas m\u00e1s desarrolladas vienen de las transferencias de actividades productivas hacia otros centros econ\u00f3micos; en particular, los pa\u00edses asi\u00e1ticos. Obviamente, hay que contar con la posibilidad abierta de las deslocalizaciones. El coste internacional del trabajo no cualificado, en econom\u00eda abierta, ha de disminuir necesariamente; de manera que los pa\u00edses desarrollados deber\u00e1n poner en cuesti\u00f3n, tarde o temprano, el marco general de las retribuciones salariales.<\/p>\n<p>El incremento de la desigualdad es un resultado del incremento de la pobreza. Pero el Banco Mundial no reconoce esta relaci\u00f3n. Y, por cierto, en el estudio Globalization, Growth, and Poverty: Building an Inclusive World Economy, de 2002, publicado por esa instituci\u00f3n financiera internacional, la pobreza se consideraba un fen\u00f3meno cada vez menos preocupante. En ese informe, lo esencial de la cuesti\u00f3n se encuentra en el papel de la globalizaci\u00f3n, en su capacidad de agravar el problema de la pobreza o de contribuir decisivamente a su soluci\u00f3n. Pues bien, en l\u00ednea con las afirmaciones de los enfoques neoliberales, el argumentario de la instituci\u00f3n insiste en que el proceso de la globalizaci\u00f3n ha mejorado la situaci\u00f3n de los pa\u00edses que han adoptado la pol\u00edtica econ\u00f3mica apropiada (la impuesta por los organismos multilaterales que promueven la gubernamentalidad neoliberal, por supuesto) y, \u00fanicamente, los pa\u00edses que han quedado al margen sufren los problemas de las desigualdades crecientes (generalmente asociados a los que provoca la pobreza). A prop\u00f3sito del impacto de la liberalizaci\u00f3n del comercio, el Banco Mundial concluye que la pobreza y la desigualdad est\u00e1n disminuyendo, aunque, eso s\u00ed, solamente en los \u201cNew Globalizers\u201d, entre otros, India, Brasil, M\u00e9xico y, sobre todo, China; precisamente, los que han llevado a cabo una liberalizaci\u00f3n m\u00e1s radical de sus pol\u00edticas econ\u00f3micas. Un bot\u00f3n de muestra: la renta per c\u00e1pita real en la regi\u00f3n del Este asi\u00e1tico ha ido subiendo a un promedio anual del 4 al 6 por ciento desde el decenio de los 70. Pero en los restantes pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, la pobreza y la desigualdad no han seguido el mismo comportamiento. Sin embargo, Martin Wolf, el prestigioso analista del Financial Times, aduce que, en el balance global, resulta indiscutible la disminuci\u00f3n del porcentaje de personas que viven en la miseria o en formas de pobreza extrema, si bien reconoce, a rega\u00f1adientes, el car\u00e1cter poco preciso, e incluso contradictorio, de las mediciones, con lo que la validez de su posici\u00f3n ha de fundamentarse en un acto de fe. Y Jagdish Bhagwati, otro conocido militante del neoliberalismo, a prop\u00f3sito de la constataci\u00f3n de la brecha creciente entre ricos y pobres en el marco global, no deja de subrayar que carece de sentido la comparaci\u00f3n de las rentas entre pa\u00edses ricos y pobres, lo que no le impide acogerse a las \u201cevidencias\u201d de la reducci\u00f3n global de la pobreza y la desigualdad. Por m\u00e1s que las investigaciones emp\u00edricas muestren que no es as\u00ed. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial parten de la premisa de que la integraci\u00f3n global, a trav\u00e9s de la liberalizaci\u00f3n de las inversiones y el comercio, induce a la eficiencia que, a su vez, conduce al crecimiento econ\u00f3mico y la reducci\u00f3n de la pobreza y las desigualdades entre los pa\u00edses y a su interior. Por descontado, los neoliberales saben bien que los trabajadores del sector de la exportaci\u00f3n de los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo perciben salarios mucho m\u00e1s bajos que los de sus colegas occidentales y, frecuentemente, trabajan en condiciones mucho peores. La comparaci\u00f3n correcta, no obstante, sugieren, no es entre los salarios de los pa\u00edses desarrollados y los salarios de los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, sino entre los salarios de sus sectores de la exportaci\u00f3n y los de otros puestos de trabajo localmente viables. Pero tanto si lo reconocen como si no, lo cierto es que la liberalizaci\u00f3n del comercio, que complementa la desregulaci\u00f3n de los mercados financieros en la agenda de la desregulaci\u00f3n global, cumple una funci\u00f3n muy relevante para la explicaci\u00f3n de los incrementos de la desigualdad y la pobreza.<\/p>\n<p>El problema de las evidencias acerca del impacto de la globalizaci\u00f3n a estos efectos viene, por un lado, del criterio escogido para su medici\u00f3n (pobreza relativa vs. pobreza absoluta, la comparaci\u00f3n entre rentas individuales o familiares independientemente de sus pa\u00edses de residencia o estimaciones del poder de compra y el uso de medidas PPP, etc.); y, por otro lado, de la interpretaci\u00f3n de los datos, que es un corolario de la previa conceptualizaci\u00f3n y las modalidades de verificaci\u00f3n. Las diferencias en los resultados de las mediciones de la pobreza responden, pues, a menudo, a los planteamientos de las investigaciones. En cualquier caso, existen algunas dificultades para la medici\u00f3n de la pobreza y la desigualdad. No disponemos de categor\u00edas distributivas que garanticen la validez de los resultados. El Banco Mundial hace un uso descaradamente selectivo de las \u201cevidencias\u201d de la disminuci\u00f3n de la pobreza y la desigualdad ignorando, frecuentemente, la complejidad de los problemas metodol\u00f3gicos y te\u00f3rico-sustantivos que implica su investigaci\u00f3n. A este respecto, Raphael Kaplinsky ya ha advertido que las estimaciones de pobreza extrema que maneja el Banco Mundial est\u00e1n muy por debajo de la realidad. En t\u00e9rminos similares, Robert Hunter Wade no considera, frente a los datos que publica el Banco Mundial, que el n\u00famero de personas que viven en situaci\u00f3n de pobreza extrema (con menos de 1 d\u00f3lar al d\u00eda medido en t\u00e9rminos de PPP) se haya reducido sustancialmente en los \u00faltimos 25 a\u00f1os. Otros abundan en que las \u201cevidencias\u201d de la reducci\u00f3n de la pobreza y las desigualdades est\u00e1n basadas en datos muy cuestionables. M\u00e1s bien, tanto la pobreza como las desigualdades se agravan. Dado que China figura como el gran fact\u00f3tum de la disminuci\u00f3n de la pobreza y la desigualdad globales, la base de la distribuci\u00f3n mundial de la riqueza ha mejorado, como no pod\u00eda ser menos. Ahora bien, en 2004, la renta per c\u00e1pita de China era del 15 por ciento respecto de la de Estados Unidos (un 20 por ciento de la poblaci\u00f3n china viv\u00eda con una renta inferior a 1 d\u00f3lar diario). Claro que la de algunos pa\u00edses africanos apenas si llegaba al 10 por ciento de la de China. Desde luego, si la econom\u00eda china quedase fuera de la medici\u00f3n, nos encontrar\u00edamos con un importante incremento de la pobreza extrema entre 1981 y 2001.<\/p>\n<p>En realidad, los pa\u00edses ricos contin\u00faan manteniendo sus posiciones de ventaja respecto de los pobres, sin perjuicio de que algunos de estos \u00faltimos se hayan convertido en grandes potencias exportadoras. El 71 por ciento de la producci\u00f3n industrial global corresponde al 14 por ciento de la poblaci\u00f3n mundial, que reside en pa\u00edses ricos. Aunque la estructura de producci\u00f3n se encuentre en un proceso de profundos ajustes, la desigualdad entre pa\u00edses, en los \u00faltimos 30 a\u00f1os, no se ha reducido. De hecho, las desigualdades entre pa\u00edses han aumentado coincidiendo con el incremento del comercio mundial, por m\u00e1s que algunas econom\u00edas hayan mejorado significativamente mediante estrategias orientadas al provecho de las ventajas comparativas y las oportunidades del mercado global. Y es que la econom\u00eda global abre oportunidades muy desiguales. En 2001, la contribuci\u00f3n a la riqueza mundial de \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica Latina fue de un 42,5 por ciento. Pero en 1820 hab\u00eda sido del 63 por ciento. Atendiendo al valor real en d\u00f3lares, los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, seg\u00fan una investigaci\u00f3n de Bill Dunn, aportaron, en ese a\u00f1o, 2001, el 22 por ciento de las rentas mundiales. No obstante, a la vista de la reciente mejora de la contribuci\u00f3n asi\u00e1tica al PIB mundial, han de advenir cambios de gran alcance. Por el momento, encontramos datos tan reveladores como, por ejemplo, que la riqueza de todos los pa\u00edses de \u00c1frica Subsahariana sea inferior a la de Singapur. Adem\u00e1s, aunque las desigualdades entre pa\u00edses muestren alg\u00fan indicador de moderaci\u00f3n, al interior de los pa\u00edses no dejan de incrementarse. Seg\u00fan las conclusiones de un estudio de Richard Falk, en Am\u00e9rica Latina hubo un claro aumento de la desigualdad, ya, en los a\u00f1os 80 y 90. Al igual que en el Este asi\u00e1tico, el Este de Europa y Asia Central. Solamente \u00c1frica Subsahariana mostraba cierta tendencia hacia una mayor igualdad en los ingresos. Los casos de China e India suelen traerse a colaci\u00f3n para explicar la presunta conexi\u00f3n entre la desregulaci\u00f3n de los movimientos de capital y los flujos de comercio internacional, por un lado, y, por otro, el descenso de la pobreza y la desigualdad en esos pa\u00edses. Sin duda, el esfuerzo inversor de China ha sido verdaderamente extraordinario. Y ha transitado en la compa\u00f1\u00eda de una implacable enajenaci\u00f3n, sin precedentes hist\u00f3ricos, de las plusval\u00edas del trabajo. Y las presiones de los asalariados y las espor\u00e1dicas luchas obreras han sido much\u00edsimo m\u00e1s t\u00edmidas que las mantenidas durante el periodo fordista en las econom\u00edas m\u00e1s avanzadas. En los a\u00f1os de gran crecimiento de las econom\u00edas de Jap\u00f3n y los \u201ctigres asi\u00e1ticos\u201d nunca se dieron salarios tan bajos. Adem\u00e1s, la acumulaci\u00f3n en China se ha desarrollado en un espacio geogr\u00e1fico muy concentrado, lo que implica que muchos activos se est\u00e9n quedando a las puertas del crecimiento econ\u00f3mico. A pesar de tal circunstancia, el consumo del mercado dom\u00e9stico chino no ha dejado de crecer, si bien de manera desigual. Ciertamente, ese mercado ha cohabitado con la necesidad de mantener los salarios bajos en el sector de la exportaci\u00f3n. En cualquier caso, como se\u00f1ala Dunn, aunque las reformas desencajaran los elementos de las comunas de otros tiempos, basadas en un sistema de Welfare, los est\u00e1ndares de vida de la poblaci\u00f3n han cambiado. Gran parte de la poblaci\u00f3n china ha mejorado sus rentas de forma inimaginable hasta hace pocos a\u00f1os. Por ejemplo, la esperanza de vida aument\u00f3 de los 63,2 a\u00f1os a 71,5 a\u00f1os entre los primeros a\u00f1os 70 y el 2000. El n\u00famero de pobres se ha reducido dr\u00e1sticamente en China, y bastante menos en India. Pero, al mismo tiempo, se ha producido un r\u00e1pido incremento de la desigualdad social en ambos pa\u00edses. Lo cierto, en el caso de China, es que, de 1985 a 1995, la desigualdad de las rentas entre las zonas rurales y urbanas se agrav\u00f3 y, en nuestros d\u00edas, constituye, ese comportamiento, todav\u00eda, una tendencia fuerte. Por otro lado, los efectos ben\u00e9ficos de la liberalizaci\u00f3n del comercio no se han hecho muy visibles en el caso de India, que se muestra relativamente renuente a la integraci\u00f3n global. A este respecto, varios informes del Fondo Monetario Internacional insisten en la necesidad de impulso de la liberalizaci\u00f3n del comercio de India. Y lo mismo sucede con los movimientos, manifiestamente mejorables, a juicio del Fondo Monetario Internacional, de los flujos de capital y, en general, de la intensidad de la desregulaci\u00f3n de la econom\u00eda hind\u00fa.<\/p>\n<p>Con toda certeza, la ofensiva china endurece las condiciones de competitividad del mercado global. La carrera por el ajuste de los costes, al menos en las zonas m\u00e1s sensibles a las ventajas comparativas, no ha terminado todav\u00eda y est\u00e1 produciendo estragos, sobre todo, en los mercados laborales de la regi\u00f3n. Ahora bien, las expectativas de las econom\u00edas mejor dirigidas se fundamentan en la previsi\u00f3n de que las ventajas competitivas en virtud de los bajos salarios no pueden tener un largo recorrido. Los productores potencialmente menos competitivos han de bajar los costes mediante recortes salariales o incrementos en la productividad, pero este proceso tiene sus limitaciones. Con el concurso de las tecnolog\u00edas que acompa\u00f1an a las transnacionales, la productividad de muchas econom\u00edas emergentes se hace comparable a la de los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados. La peor posici\u00f3n de partida en la carrera de la competitividad corresponde a los que \u00fanicamente conf\u00edan en el descenso de los salarios para el logro de mejoras competitivas. Finalmente, suelen resultar laminados por los competidores que invierten decididamente en nuevas tecnolog\u00edas. La inversi\u00f3n exterior es la gran fuerza motriz para una econom\u00eda; el elemento din\u00e1mico, por excelencia, en la expansi\u00f3n de la demanda agregada. Y, con mayor raz\u00f3n, cuando los intercambios se desarrollan a una escala global. De manera que la atracci\u00f3n de capital exterior constituye la condici\u00f3n sine qua non para el desarrollo. Tanto m\u00e1s si el escenario econ\u00f3mico se encuentra escaso de infraestructuras, tecnolog\u00eda y recursos humanos. En tales circunstancias, el trabajo barato y resignado puede ser un factor eficiente de atracci\u00f3n de capitales. A su vez, el comercio global desregulado dise\u00f1a el contexto en el que discurre la creciente rivalidad en la disminuci\u00f3n de los costes laborales. Por lo dem\u00e1s, hay que recordar que la nueva disposici\u00f3n de los mercados no repar\u00f3 en los distintos niveles de protecci\u00f3n social que, como recuerdan continuamente los neoliberales, configuran, en las econom\u00edas europeas, un obst\u00e1culo para la competitividad global, a causa de su impacto en los precios finales de los productos, por lo que, en las actuales condiciones de mercado, provocan p\u00e9rdidas de puestos de trabajo y disminuciones relativas de las retribuciones salariales. La conexi\u00f3n entre la r\u00e1pida liberalizaci\u00f3n del comercio y el incremento de las desigualdades es muy visible, tanto en las econom\u00edas m\u00e1s avanzadas como en las econom\u00edas en v\u00edas de desarrollo.<\/p>\n<p>Para inducir con rapidez al ajuste estructural y el desplazamiento del empleo entre pa\u00edses industrializados, la liberalizaci\u00f3n del comercio suele traer consigo la ca\u00edda de los salarios reales y, por esta v\u00eda, verdaderos estropicios para las condiciones laborales y el bienestar de los hogares. Hasta el momento, la liberalizaci\u00f3n del comercio global ha contribuido, decisivamente, al incremento del desempleo y la gran expansi\u00f3n de los \u201cworking poors\u201d en los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados. Y la pobreza afecta m\u00e1s intensamente a las poblaciones de los pa\u00edses m\u00e1s liberalizados que a las de los pa\u00edses que gozan de mayor protecci\u00f3n social. As\u00ed, las tasas de pobreza en los pa\u00edses escandinavos eran, antes de la gran crisis, dos veces menores que las de Canad\u00e1 y Reino Unido y tres veces menores que las de Estados Unidos. Los pa\u00edses con mayores desigualdades entre ricos y pobres, en 2011, eran M\u00e9xico, Chile, Turqu\u00eda y Estados Unidos, mientras que los m\u00e1s igualitarios eran Dinamarca, Eslovenia, Finlandia y la Rep\u00fablica Checa. Entre los a\u00f1os centrales del decenio de los 80 y el a\u00f1o 2000, los mayores incrementos de la pobreza, en los pa\u00edses de la OCDE, se dieron en Reino Unido y Nueva Zelanda. En Estados Unidos, en 2000, se estimaba que alrededor del 20 por ciento de ni\u00f1os viv\u00edan en la pobreza; en Italia, Irlanda, Nueva Zelanda y Reino Unido, el 16 por ciento; en los pa\u00edses escandinavos, en torno al 3 por ciento. En parte, esta distinta presencia de la pobreza entre pa\u00edses de renta similar puede explicarse por la aplicaci\u00f3n de transferencias para la compensaci\u00f3n, entre otras calamidades del mercado laboral, de la market poverty, muy generosas en el Norte de Europa (que permiten el alivio de las tres cuartas partes de los afectados) y muy reducida en otros pa\u00edses, como, por ejemplo, Estados Unidos (que apenas si llega a la cuarta parte). Los recortes en los gastos de protecci\u00f3n social se muestran coligados a los incrementos de las desigualdades. Los pa\u00edses escandinavos est\u00e1n entre los m\u00e1s igualitarios. Disponen de sistemas de protecci\u00f3n social, generosas prestaciones y subsidios, y servicios sociales de calidad que se combinan con bajas tasas de dispersi\u00f3n de salarios y una menor capacidad de influencia, en las administraciones p\u00fablicas, de los efectos del \u201ccrony capitalism\u201d. Con lo que las probabilidades de movilidad social ascendente no se han visto muy afectadas. En cualquier caso, el Welfare State, en la Uni\u00f3n Europea, al menos, no padece una enfermedad terminal, a pesar de las m\u00faltiples agresiones de que es objeto. Pero all\u00ed donde ha sufrido una p\u00e9rdida acusada de salud, su horizonte de viabilidad se muestra ciertamente problem\u00e1tico. Es lo que ha sucedido en los pa\u00edses que m\u00e1s decididamente han emprendido el camino trazado por el neoliberalismo. De modo que, por el momento, la v\u00eda fiscal permite una cierta redistribuci\u00f3n de la riqueza. No obstante, conviene prestar atenci\u00f3n a lo que designa la denominada \u201cparadoja de la redistribuci\u00f3n\u201d: la lucha contra la pobreza y la desigualdad por medio de las transferencias p\u00fablicas se hace cada d\u00eda menos eficiente. Y es que la clase media superviviente no parece mostrar gran entusiasmo a la hora de prestar su contribuci\u00f3n financiera a las formas de protecci\u00f3n que no aproveche directamente o que puedan resultar ciertamente escasas, habr\u00e1 que reconocer, si se refuerza la ofensiva derechista contra el Welfare State. La desregulaci\u00f3n del comercio y los flujos financieros de los \u00faltimos 40 a\u00f1os no han conseguido m\u00e1s que poner obst\u00e1culos a los esfuerzos para la mejora de los modos de vida de los sectores sociales m\u00e1s empobrecidos, incluso los de las econom\u00edas mejor integradas. La movilidad del capital en un entorno relativamente desregulado se ha convertido en factor causal de especial relevancia para la explicaci\u00f3n del incremento de las desigualdades, tanto entre pa\u00edses como al interior de cada uno de ellos. Asimismo, sin la facilidad acreditada de los movimientos del capital no podr\u00eda explicarse la ralentizaci\u00f3n del ritmo de la lucha contra la pobreza.<\/p>\n<p>En fin, en casi todos los pa\u00edses de la OCDE, el riesgo de pobreza extrema es mucho m\u00e1s pronunciado que hace 40 a\u00f1os. Y en nuestros d\u00edas, a causa de la Gran Recesi\u00f3n, en la Uni\u00f3n Europea, millones de personas han cruzado el umbral de la pobreza. Por su lado, las pol\u00edticas de consolidaci\u00f3n presupuestaria han tra\u00eddo un fuerte impulso de la tendencia de medio plazo a la agudizaci\u00f3n de la pobreza y la desigualdad. Los trabajadores menos cualificados y los j\u00f3venes han sido los m\u00e1s afectados por el desastre del mercado del empleo. A mediados de 2013, los pa\u00edses de la OCDE contaban con 17 millones de parados de larga duraci\u00f3n (el doble que cinco a\u00f1os antes). Para los j\u00f3venes, el paro y los bajos salarios al principio de la vida activa comprometen el recorrido profesional a largo plazo, las expectativas de ingresos y, por tanto, ensombrecen sus oportunidades y proyectos de vida. El n\u00famero de j\u00f3venes que no est\u00e1n empleados, ni escolarizados ni en formaci\u00f3n profesional resulta verdaderamente escandaloso. Es muy significativo que el grupo de edad de los j\u00f3venes haya reemplazado al de los mayores en su exposici\u00f3n al riesgo de pobreza monetaria (esto es, a verse obligados a sobrevivir con menos del 50 por ciento de la renta media de su pa\u00eds). O que las mejoras de la tasa de fecundidad de algunos pa\u00edses se hayan visto frenadas taxativamente. Y no es que, frente a esta situaci\u00f3n, los gobiernos europeos carecieran de margen de maniobra, tal y como revela el aumento del gasto en protecci\u00f3n social (con las clamorosas excepciones de los que optaron por los recortes en los pilares fundamentales del Welfare), que pas\u00f3 del 19 por ciento del PIB, en 2007, al 22 por ciento, en 2009-2010, y continu\u00f3 subiendo a pesar de la orientaci\u00f3n radical de la pol\u00edtica econ\u00f3mica. En la zona euro, los pa\u00edses excedentarios, a pesar de su posici\u00f3n de ventaja (as\u00ed, el excedente corriente alem\u00e1n, en 2013, alcanz\u00f3 el 7,5 por ciento del PIB) han impuesto las pol\u00edticas restrictivas que condenan a la pobreza a buena parte de la poblaci\u00f3n europea. Esos pa\u00edses (o mejor, sus \u00e9lites pol\u00edticas y econ\u00f3micas) se han empecinado en el m\u00e1s contundente rechazo al est\u00edmulo de su demanda interna, con lo que la totalidad del peso del ajuste ha reca\u00eddo en los pa\u00edses deficitarios. Dado el ap\u00e1tico comportamiento de la productividad, la devaluaci\u00f3n interna por presi\u00f3n persistente sobre los costes salariales y por la bajada directa de los salarios se ha convertido en la estrategia m\u00e1s a mano para la recuperaci\u00f3n, a costa de los desfavorecidos de siempre y algunos otros m\u00e1s, con el empobrecimiento fulgurante de amplias capas de la poblaci\u00f3n, la exclusi\u00f3n social y tantos otros problemas de extraordinaria gravedad. Con todo, en 2014, los beneficios empresariales volvieron a enderezarse. Para las empresas de los pa\u00edses de la OCDE, alcanzaron un promedio, en ese a\u00f1o (despu\u00e9s de impuestos, intereses y dividendos), del 11,5 por ciento del PIB (en 2009, algo m\u00e1s del 9 por ciento; antes de la crisis, el 10,5 por ciento). De manera que los salarios tambi\u00e9n deber\u00edan recuperarse. Pero no es el caso. Y los beneficios empresariales no parecen dirigirse, precisamente, a la materializaci\u00f3n de inversiones en I+D o a la renovaci\u00f3n de los procesos productivos sino, m\u00e1s bien, a la financiaci\u00f3n de compras o recompras de acciones o para la acumulaci\u00f3n de reservas de cash. En estas circunstancias, ya que no se produce la reinversi\u00f3n de los beneficios empresariales, el aumento de los salarios podr\u00eda suavizar la tendencia creciente a la reproducci\u00f3n de los desequilibrios en la distribuci\u00f3n de la riqueza. Siempre que los restantes elementos y factores del conjunto de la econom\u00eda global y las nuevas formas de la gobernabilidad permitieran tal acontecimiento, claro. Pero la gesti\u00f3n de la crisis, en realidad, ha supuesto el m\u00e1s importante refuerzo para la gubernamentalidad neoliberal desde sus primeras manifestaciones de los a\u00f1os 70. No solamente habr\u00e1 que tomar en cuenta que la producci\u00f3n econ\u00f3mica se encuentra, todav\u00eda, lejos de su nivel anterior a la crisis, sino tambi\u00e9n que la degradaci\u00f3n del empleo y los salarios sigue haciendo camino. En los Estados m\u00e1s duramente afectados por la crisis, las condiciones laborales contin\u00faan empeorando, a pesar de la estabilizaci\u00f3n aparente de los mercados. Algunas econom\u00edas europeas (especialmente, a estos efectos, la espa\u00f1ola), vienen mostrando indicadores de una recuperaci\u00f3n aparente protagonizada por grandes y crecientes diferencias entre las rentas del capital y el trabajo. De nuevo, se abre, ahora, otro ciclo presidido por la acumulaci\u00f3n y la brutalidad de las relaciones laborales para grandes segmentos de la fuerza de trabajo. M\u00e1s pobreza y m\u00e1s desigualdad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1994, el gobierno brit\u00e1nico llev\u00f3 a cabo una gran investigaci\u00f3n, acerca del incremento de la pobreza en su pa\u00eds, que vino a verificar lo que todo el mundo sab\u00eda ya. 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