{"id":2292,"date":"2015-04-24T11:43:03","date_gmt":"2015-04-24T09:43:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/?p=2292"},"modified":"2016-06-16T13:37:26","modified_gmt":"2016-06-16T11:37:26","slug":"la-decision-de-volcker","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/la-decision-de-volcker\/","title":{"rendered":"La decisi\u00f3n de Volcker"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/04\/imagesVolcker2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-2293\" src=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/04\/imagesVolcker2.jpg\" alt=\"imagesVolcker2\" width=\"225\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/04\/imagesVolcker2.jpg 225w, https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/04\/imagesVolcker2-140x140.jpg 140w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Las crisis econ\u00f3micas anteriores a 1973 resultaron muy destructivas, obviamente, pero no se manifestaron con la frecuencia con que lo har\u00edan en lo sucesivo. Los procesos de concentraci\u00f3n y centralizaci\u00f3n del capital parec\u00edan encaminados al incansable incremento de los riesgos de aparici\u00f3n de crisis. Los a\u00f1os siguientes traer\u00edan la crisis de la deuda de los pa\u00edses del Sur, y la segunda crisis del petr\u00f3leo, en 1982; la crisis noruega, seguida por otras del norte de Europa, en 1987; el hundimiento de la Bolsa, en Estados Unidos, en 1987; el estallido de la burbuja especulativa japonesa, en 1989 y la crisis de 1992-93; la crisis cambiaria que oblig\u00f3 a la libra esterlina al abandono del sistema monetario europeo, en 1992; la crisis cambiaria europea, de 1993; la crisis financiera asi\u00e1tica, de 1997; la crisis financiera brasile\u00f1a y la crisis de la deuda rusa, en 1998; el estallido de la burbuja burs\u00e1til de la neteconom\u00eda, en 2000; la crisis financiera turca, de 2000; la crisis financiera argentina, de 2001; la crisis financiera de Brasil, en 2002; y la crisis de los subprime, la Gran Recesi\u00f3n, en 2007, que afect\u00f3 a Europa, sobre todo, a partir de 2008.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os 60, los pa\u00edses de la OCDE acarrearon con tasas de inflaci\u00f3n similares, y la preocupaci\u00f3n por la salud del tipo de cambio fijo fue suficiente para justificar la adopci\u00f3n de medidas de enfriamiento econ\u00f3mico en las econom\u00edas m\u00e1s amenazadas por la inflaci\u00f3n. No obstante, el sistema de tipo de cambio fijo tuvo que hacer frente a los efectos sobrevenidos de las diferencias internacionales de las tasas de inflaci\u00f3n: la confluencia de las explosiones salariales y los m\u00faltiples impactos del incremento de los precios de las materias primas abri\u00f3 algunas brechas en la homogeneidad de tales tasas en los a\u00f1os 70. Y de 1973 a 1979, las diferencias se multiplicaron por tres. Las altas tasas de acumulaci\u00f3n de capital de los a\u00f1os 50 y 60 hab\u00edan resultado del formidable concurso de las elevadas inversiones, la notable productividad, las m\u00e1s que considerables tasas de ganancia, los aumentos en el gasto p\u00fablico y la fortaleza de la demanda, s\u00f3lidamente alentada por el papel internacional del d\u00f3lar. Pero todo se torci\u00f3 con la crisis econ\u00f3mica mundial de 1973, que adopt\u00f3 la forma de una imparable escalada de los precios de la energ\u00eda y una pol\u00edtica monetaria poco realista, y configur\u00f3 el primer acto de una recesi\u00f3n que durar\u00eda mucho tiempo. Los a\u00f1os siguientes se caracterizaron, sobre todo, por una demanda constre\u00f1ida por las incertidumbres macroecon\u00f3micas. Los ingresos reales se comportaron a la baja; los precios del petr\u00f3leo y otras materias primas, al alza; y aunque los tipos de inter\u00e9s quedaran por debajo de las tasas de inflaci\u00f3n, en t\u00e9rminos nominales siempre parecieron excesivos. Con lo que inversores y consumidores vieron motivos sobrados para mostrarse muy reticentes frente a las urgencias de inversi\u00f3n y gasto. A mediados de la d\u00e9cada, la stagflation (inflaci\u00f3n combinada con un m\u00ednimo crecimiento econ\u00f3mico) hab\u00eda erosionado muy gravemente la tasa de ganancia y la capacidad adquisitiva de los asalariados.<\/p>\n<p>En 1979, en Estados Unidos, la inflaci\u00f3n hab\u00eda superado el 11 por ciento. Paul Volcker, a cargo, esos d\u00edas, de la Reserva Federal, bajo el mandato presidencial de Jimmy Carter, tom\u00f3 la gran decisi\u00f3n para poner punto final al episodio de stagflation y a lo que se juzg\u00f3 como variable independiente, esto es, la inflaci\u00f3n (provocada, seg\u00fan los monetaristas, por la explosi\u00f3n salarial sobrevenida a partir de la crisis del petr\u00f3leo de 1974) y la devaluaci\u00f3n internacional del d\u00f3lar. El tipo de inter\u00e9s real (el que resulta cuando se descuenta la inflaci\u00f3n del coste nominal de un pr\u00e9stamo) dio un salto, en Estados Unidos, de su posici\u00f3n en negativo (que ocurre cuando el valor real de los reintegros se queda corto respecto del valor real de lo prestado) a m\u00e1s de un 5 por ciento. Esta medida, por su lado, actu\u00f3 como espoleta de la grave recesi\u00f3n que se mostrar\u00eda de inmediato. Eso s\u00ed, la inflaci\u00f3n cay\u00f3 del 13 por ciento, en 1980, al 3 por ciento, en 1983.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n de Volcker abr\u00eda las puertas a la recesi\u00f3n en los pa\u00edses del Norte y a las restricciones de las oportunidades para la exportaci\u00f3n de los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, que se vieron obligados a reducir los precios en aras de alguna ganancia de competitividad. En Estados Unidos, la extra\u00f1a combinaci\u00f3n, en la era de Ronald Reagan, de los altos tipos de inter\u00e9s y la expansi\u00f3n fiscal result\u00f3 muy atractiva para el capital exterior, tal y como ha puesto de relieve Robert Brenner. Al mismo tiempo, mientras la Reserva Federal se empe\u00f1aba en la puesta a punto de magn\u00edficas oportunidades para la recesi\u00f3n y el debilitamiento de la producci\u00f3n industrial, el mercado financiero iba haci\u00e9ndose protagonista de la nueva representaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En realidad, dos principios fundamentales, el libre comercio y la estabilidad monetaria, bastaron para que los inversores recibieran las ben\u00e9ficas se\u00f1ales de construcci\u00f3n de un entorno para los negocios realmente competitivo. Lo que, adem\u00e1s, implicaba la adopci\u00f3n de medidas de lucha contra la inflaci\u00f3n, el impulso de la austeridad fiscal (por m\u00e1s que se rompiera, en Estados Unidos, a partir de 1982), el retroceso de la intervenci\u00f3n del Estado en el mercado, las privatizaciones de empresas y servicios p\u00fablicos, y la desregulaci\u00f3n financiera y la liberalizaci\u00f3n del comercio. Como no pod\u00eda ser de otra manera, estas pol\u00edticas resultaron incompatibles con el estatuto de las relaciones laborales vigente en los a\u00f1os 50 y 60, y la capacidad de acci\u00f3n de las organizaciones sindicales. Durante el decenio de los 80, las tasas de desempleo se incrementaron como nunca lo hab\u00edan hecho desde el final de la II Guerra Mundial. Asimismo, las previsiones de gasto p\u00fablico y la misma solidez del Welfare State quedaron seriamente da\u00f1adas, especialmente en Estados Unidos y el Reino Unido. Las pol\u00edticas deflacionistas fueron las grandes causantes del escaso crecimiento de la d\u00e9cada. Y para mayor abundamiento, se hicieron acompa\u00f1ar de las pol\u00edticas de privatizaci\u00f3n y desregulaci\u00f3n que impulsaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Por su lado, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial impusieron su agenda neoliberal.<\/p>\n<p>La recesi\u00f3n mundial de 1980 a 1982 fue el resultado previsible de todo esa conjunci\u00f3n de factores (unos, sobrevenidos; otros, provocados). En las econom\u00edas m\u00e1s desarrolladas, se llev\u00f3 a cabo el desplazamiento de las pol\u00edticas orientadas a la protecci\u00f3n de las relaciones laborales, el gasto p\u00fablico y el Welfare State en favor de pol\u00edticas dirigidas a la desregulaci\u00f3n de los mercados. Y no result\u00f3 muy dif\u00edcil encontrar argumentos de justificaci\u00f3n para tales pol\u00edticas. Al fin y al cabo, la baja inflaci\u00f3n conven\u00eda a los consumidores y, por otra parte, las \u201crigideces\u201d de los mercados laborales compromet\u00edan las mejoras en la productividad y las oportunidades competitivas de las econom\u00edas nacionales. Claro que las justificaciones ideol\u00f3gicas de los neoliberales ignoraban el desigual desarrollo de los pa\u00edses y los sectores, las crecientes tasas de sobreexplotaci\u00f3n de las clases trabajadoras y la sobreacumulaci\u00f3n de capital. Las pol\u00edticas monetaristas agudizaron los efectos, ya de por s\u00ed, catastr\u00f3ficos, sobre el mercado de trabajo, y precipitaron la ca\u00edda de la demanda. Los tipos de inter\u00e9s de los pr\u00e9stamos internacionales, que estaban alrededor del 2 por ciento en los primeros a\u00f1os 70, saltaron hasta un 18 por ciento, diez a\u00f1os despu\u00e9s. Y la tasa de ganancia de los operadores exteriores de los grandes bancos norteamericanos creci\u00f3 al 60 por ciento. Los reintegros por los pr\u00e9stamos en vigor crecieron mientras la inflaci\u00f3n se aliviaba merced a los tipos de inter\u00e9s real.<\/p>\n<p>En Estados Unidos, la administraci\u00f3n Reagan afront\u00f3 la crisis recurriendo, en parte, al denominado keynesianismo militar (que altern\u00f3 con medidas abiertamente monetaristas) a fin de compensar los errores de las soluciones monetaristas adoptadas, que \u00fanicamente hab\u00edan conseguido agravar la situaci\u00f3n econ\u00f3mica nacional reduciendo la demanda y debilitando la capacidad de acumulaci\u00f3n de capital. El consumo, finalmente, pudo recuperarse pero la fortaleza del d\u00f3lar implicaba una contrapartida a la llamada de la inversi\u00f3n exterior en la forma de la agudizaci\u00f3n del d\u00e9ficit por cuenta corriente. El tipo de cambio real del d\u00f3lar se apreci\u00f3 en m\u00e1s de un 40 por ciento en la primera mitad del decenio de los 80 (El tipo de cambio real, esto es, el tipo nominal ajustado al \u00edndice de precios, suele adaptarse suavemente a los cambios en la competitividad subyacente). Tal apreciaci\u00f3n devino del aumento de los tipos de inter\u00e9s decidido por Volcker y que, como es bien conocido, empuj\u00f3 al aumento del d\u00e9ficit presupuestario. Asimismo, la apreciaci\u00f3n del d\u00f3lar afect\u00f3 muy negativamente a la competitividad de las exportaciones norteamericanas. De 1980 a 1985, el d\u00e9ficit comercial se multiplic\u00f3, nada menos, que por cinco. Ese golpe de tim\u00f3n de la pol\u00edtica monetaria de la Reserva Federal apuntaba a la protecci\u00f3n del d\u00f3lar, tanto al interior como al exterior. Dada la importancia de la econom\u00eda norteamericana y su influencia en la determinaci\u00f3n de los tipos de inter\u00e9s, tal decisi\u00f3n resultar\u00eda trascendental. Por m\u00e1s que, en realidad, la Reserva Federal estuviera siguiendo la senda marcada por Alemania, que hab\u00eda mantenido unos tipos de inter\u00e9s relativamente elevados durante los a\u00f1os inflacionistas del decenio de los 70. Por su parte, el gobierno de la se\u00f1ora Thatcher tambi\u00e9n hab\u00eda empezado a apretar las tuercas a la econom\u00eda real (antes de que lo hiciera Volcker). El aumento del tipo de inter\u00e9s de 1979 supuso, tal y como ha observado Giovanni Arrighi, no s\u00f3lo que el gobierno de los Estados Unidos alimentara el sistema con liquidez; lo m\u00e1s importante fue que se dispuso a competir agresivamente por el capital mundial. Y no \u00fanicamente con los altos tipos de inter\u00e9s sino, tambi\u00e9n, mediante exenciones tributarias y mejoras de la capacidad de movimientos para los capitalistas, productores y especuladores; y con la apreciaci\u00f3n del d\u00f3lar, provoc\u00f3 la desviaci\u00f3n masiva de flujos de capital hacia Estados Unidos. Los elevados tipos de inter\u00e9s en ese pa\u00eds despertaron, pues, la atenci\u00f3n de los inversores, incluidos los de pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo muy endeudados, que pronto necesitar\u00edan perentoriamente ese capital expatriado para hacer frente a sus obligaciones de reintegro. La combinaci\u00f3n de ambos factores, los altos tipos de inter\u00e9s y la expatriaci\u00f3n de capitales, conform\u00f3 un panorama catastr\u00f3fico para las econom\u00edas endeudadas que, a la vista de sus obligaciones de pago, se vieron obligadas al logro urgente de incrementos de los ingresos procedentes de los intercambios con el exterior, y a costa de su consumo interior. De 1979 a 1982, las pol\u00edticas de los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, basadas hasta entonces en el impulso de la capacidad productiva dom\u00e9stica, acompa\u00f1ada, en alg\u00fan caso, de redes de protecci\u00f3n social, dejaron paso a la nueva estrategia de prosecuci\u00f3n de oportunidades de comercio a trav\u00e9s de los incrementos de las exportaciones y la disminuci\u00f3n de las importaciones. Es decir, se vieron en la tesitura de la inevitable orientaci\u00f3n al ejercicio de sus ventajas comparativas en la econom\u00eda global. Pero la disminuci\u00f3n implacable de los precios de buena parte de los bienes producidos en las econom\u00edas endeudadas, especialmente en el primer tercio del decenio de los 80, redujo dr\u00e1sticamente su capacidad de reintegro hasta bien entrados los a\u00f1os 90. Y las medidas tendentes al control de la inflaci\u00f3n jugaron, asimismo, un papel crucial para el descenso de la demanda. Incluso, la aparici\u00f3n de productos alternativos a los exportados por los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo contribuy\u00f3 a la materializaci\u00f3n de la pr\u00e1ctica imposibilidad de hacer frente a los pagos para algunas econom\u00edas. Lo que, a su vez, sirvi\u00f3 para justificar las restricciones crediticias y para que el Fondo Monetario Internacional desempe\u00f1ase, en adelante, una expl\u00edcita funci\u00f3n de vigilancia y disciplina financiera que extendi\u00f3 a todas las econom\u00edas, tal y como ha subrayado Ray Kiely, con otros muchos.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os 70, muchos pa\u00edses latinoamericanos hab\u00edan logrado importantes cotas de crecimiento merced al cr\u00e9dito proveniente de los petrod\u00f3lares depositados en los bancos europeos y que destinaron al pago de las importaciones de recursos energ\u00e9ticos y equipamientos industriales. La oferta de dinero fue muy elevada, incluso con intereses efectivamente negativos descontando la inflaci\u00f3n. Adem\u00e1s, los petrod\u00f3lares permitieron soslayar la v\u00eda de la financiaci\u00f3n asociada a la inversi\u00f3n exterior y, sobre todo, la condicionalidad frecuentemente ligada a los pr\u00e9stamos concedidos por gobiernos o instituciones internacionales. La decisi\u00f3n de Volcker rompi\u00f3 esa din\u00e1mica con el alza de los tipos de inter\u00e9s. La magnitud de los impagos lleg\u00f3 a ser tan amenazante que se temi\u00f3 una debacle para el sistema bancario internacional. Los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo tuvieron que regresar a la tutela del Fondo Monetario Internacional, bien que aceptando condiciones muy severas, tal y como han explicado Susan Strange, Stuart Corbridge o Robert K. Schaeffer, entre otros. Los deudores deb\u00edan abrirse a las privatizaciones y a las inversiones exteriores y de cartera. Se contaba con que el incremento de los intercambios comerciales trajera importantes aumentos de las ganancias de las exportaciones y, por tanto, mayores probabilidades de pago de la deuda, por m\u00e1s que se hubiera incrementado, que fue precisamente lo que pas\u00f3. Como era de prever, ese esfuerzo sirvi\u00f3 de bien poco para el crecimiento de las econom\u00edas nacionales concernidas. Las pol\u00edticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial pretend\u00edan la correcci\u00f3n de las \u201cineficiencias\u201d de las econom\u00edas endeudadas, b\u00e1sicamente provocadas, denunciaban los monetaristas, por el empe\u00f1o intervencionista de los Estados, que imped\u00edan el disfrute de las oportunidades del mercado global, aunque fuera en nombre de la protecci\u00f3n de los intereses dom\u00e9sticos. El desigual desarrollo sist\u00e9mico no contaba. El problema radicaba, claro, en el exceso de gobierno. El culpable de la crisis de la deuda ten\u00eda que ser el mismo que el de la inflaci\u00f3n y la subsecuente recesi\u00f3n de los 70. Las econom\u00edas se ve\u00edan ante la urgente necesidad de proceder a ajustes profundos para la mejora de la competitividad de sus exportaciones, lo que les permitir\u00eda captar recursos para hacer frente a sus obligaciones de reintegro.<\/p>\n<p>Las pol\u00edticas de ajuste estructural, muy semejantes para todos los pa\u00edses endeudados, consist\u00edan, en primer lugar, en la potenciaci\u00f3n de medidas encaminadas a la apertura de los mercados, con la pertinente inmediatez de la devaluaci\u00f3n de sus monedas al objeto de abaratar sus exportaciones; de la reducci\u00f3n del gasto p\u00fablico para la lucha contra la inflaci\u00f3n; y de reducciones salariales para la recuperaci\u00f3n de incentivos empresariales. Estas medidas se relacionaban estrechamente con las pol\u00edticas de estabilizaci\u00f3n del Fondo Monetario Internacional, y de su materializaci\u00f3n (por cierto, muy desigual y limitada) depend\u00eda la concesi\u00f3n de nuevos pr\u00e9stamos. Desde luego, los bancos occidentales no se vieron coaccionados por las mismas cautelas. Pero el entusiasmo que despertaban las pr\u00e1cticas de libre mercado no fue \u00f3bice para la conversi\u00f3n de la deuda privada en deuda p\u00fablica, en el caso de los deudores occidentales.<\/p>\n<p>El escenario con el que dio comienzo el decenio de los a\u00f1os 80, pues, constituy\u00f3 la sopa primordial para el desarrollo del neoliberalismo, la m\u00e1s contundente respuesta a la crisis econ\u00f3mica de los 70 que, a su vez, puso punto final a la edad de oro del capitalismo de la postguerra. De modo que la crisis potenci\u00f3 la recuperaci\u00f3n aplicada de las tesis neocl\u00e1sicas. En los a\u00f1os finales de la d\u00e9cada de los 70 parec\u00eda fuera de discusi\u00f3n que las pol\u00edticas keynesianas, que hab\u00edan suministrado el marco te\u00f3rico de las pol\u00edticas econ\u00f3micas de los a\u00f1os de crecimiento, merec\u00edan una profunda reconsideraci\u00f3n. De hecho, se hab\u00edan convertido en un trampol\u00edn para los problemas que tra\u00eda la inflaci\u00f3n. Y en un contexto de ca\u00edda de la tasa de ganancia, de tipos de cambio flotantes, gasto p\u00fablico creciente y desaceleraci\u00f3n del incremento de la productividad. Las proposiciones de Hayek y Friedman representaban el retorno a un liberalismo decididamente antiestatalista y una clara voluntad de proceder a la desregulaci\u00f3n, de entrada, de los mercados financieros y a la liberalizaci\u00f3n de los intercambios comerciales. Sus principios de justificaci\u00f3n epist\u00e9mica recog\u00edan la reivindicaci\u00f3n de la validez de la Ley de Say y el supuesto hallazgo de la teor\u00eda de la cantidad de moneda. En efecto, el primer dogma del monetarismo exig\u00eda el desarrollo de restricciones a la oferta de dinero y el control de sus variaciones en funci\u00f3n del crecimiento econ\u00f3mico. Y la lucha contra la inflaci\u00f3n se revelaba como la gran medida.<\/p>\n<p>Las pol\u00edticas contra la inflaci\u00f3n ata\u00f1en a la relaci\u00f3n de oposici\u00f3n entre dinero y cr\u00e9dito. Por supuesto, la determinaci\u00f3n de los tipos de inter\u00e9s, los tipos de cambio y la oferta de dinero no se reduce a una cuesti\u00f3n t\u00e9cnica sino que se muestra ligada a intereses pol\u00edticos de protecci\u00f3n del capital o el trabajo; de la exportaci\u00f3n o la importaci\u00f3n; del capital financiero o la producci\u00f3n industrial. Por m\u00e1s que la gesti\u00f3n del dinero y las finanzas se presente, a menudo, como un modelo t\u00e9cnico, neutral y sin ideolog\u00eda. No hay m\u00e1s que fijarse en la l\u00ednea de actuaci\u00f3n del Banco Central Europeo para que, de modo inmediato, quede rotundamente desmentido tal embuste. Y hay pocos instrumentos de poder pol\u00edtico m\u00e1s eficientes que la pol\u00edtica monetaria.<\/p>\n<p>Los monetaristas consideran err\u00f3nea la proposici\u00f3n keynesiana de que la pol\u00edtica monetaria act\u00faa solamente de modo indirecto, provocando cambios en los tipos de inter\u00e9s que, a su vez, se proyectan en la demanda agregada y, despu\u00e9s, en los precios, el PIB real y el empleo. Para el monetarismo, los cambios en la oferta de dinero determinan los cambios en los precios, el PIB real y el empleo. Cuando la oferta de dinero se expande en exceso, cabe anticipar una elevada tasa de inflaci\u00f3n. Partiendo de la escuela cl\u00e1sica, creen que el sistema de precios es la clave para el an\u00e1lisis macroecon\u00f3mico, hasta el punto de que adquiere el rango de teor\u00eda, la teor\u00eda cuantitativa del dinero. Tal teor\u00eda viene a explicar que entre la cantidad de dinero en circulaci\u00f3n y el nivel general de precios existe una estrecha relaci\u00f3n, de manera que cualquier cambio en la oferta de dinero provocar\u00e1 un cambio proporcional en el nivel de los precios. As\u00ed, consideran los monetaristas que la causa de la inflaci\u00f3n es un exceso de dinero en circulaci\u00f3n. Los dem\u00e1s factores no monetarios apenas si cuentan. Desde luego, en nuestros d\u00edas, los monetaristas ya no se refugian en las conjeturas de la teor\u00eda cuantitativa del dinero. No obstante, para la lucha contra el desempleo y la inflaci\u00f3n, las prescripciones monetaristas insisten en que la oferta de dinero se sit\u00fae en el nivel apropiado, esto es, para preservarse de los periodos de inflaci\u00f3n o desempleo, el aumento de la oferta de dinero deber\u00eda mantenerse en una proporci\u00f3n constante a\u00f1o tras a\u00f1o. Claro que, a estas alturas, nadie ignora las dificultades de medici\u00f3n de la masa monetaria en circulaci\u00f3n. Adem\u00e1s, la complejidad de la determinaci\u00f3n de la oferta de dinero ha sido repetidamente admitida por los bancos centrales. Y a pie de obra, las tesis monetaristas se vieron tambi\u00e9n desmentidas por el hecho de que la desregulaci\u00f3n financiera, de la que la se\u00f1ora Thatcher fue pionera merced a algunas decisiones puntuales, constituy\u00f3 toda una verificaci\u00f3n de la imposibilidad de control de la oferta de dinero.<\/p>\n<p>A pesar de todo, para los analistas neoliberales, rendidos al \u00e9xtasis monetarista, las crisis de 1973-75 y 1980-82 resultaron de la excesiva expansi\u00f3n del cr\u00e9dito, de manera que la moraleja iba de suyo: una pol\u00edtica monetaria apropiada, de car\u00e1cter restrictivo, se revelaba como la gran soluci\u00f3n (y su correlato: la promoci\u00f3n de la liberalizaci\u00f3n de las relaciones comerciales, el retroceso de la capacidad de intervenci\u00f3n de los Estados en el mercado, la prioridad del control de la inflaci\u00f3n sobre el pleno empleo, etc.) Este modo de comprensi\u00f3n del desarrollo de ambas crisis hizo fortuna, especialmente, en el decenio de los 80. No importaba que, en el decenio anterior, la facilidad de acceso al cr\u00e9dito y la inflaci\u00f3n hubiesen convivido con el desempleo, por ejemplo. Compartiendo mesa y mantel con la decisi\u00f3n de Volcker, la soluci\u00f3n de Friedman solamente sirvi\u00f3, al final, para que los elevados tipos de inter\u00e9s impidiesen las inversiones productivas o para que las deudas de empresas y hogares se convirtieran en monta\u00f1as imposibles de escalar; para agravar la recesi\u00f3n, en definitiva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las crisis econ\u00f3micas anteriores a 1973 resultaron muy destructivas, obviamente, pero no se manifestaron con la frecuencia con que lo har\u00edan en lo sucesivo. Los procesos de concentraci\u00f3n y centralizaci\u00f3n del capital parec\u00edan encaminados al incansable incremento de los riesgos de aparici\u00f3n de crisis. 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