{"id":2270,"date":"2015-04-07T12:19:55","date_gmt":"2015-04-07T10:19:55","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/?p=2270"},"modified":"2016-06-16T13:37:32","modified_gmt":"2016-06-16T11:37:32","slug":"la-exclusion-de-los-excluidos-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/la-exclusion-de-los-excluidos-3\/","title":{"rendered":"La exclusi\u00f3n de los excluidos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/04\/index1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-2268\" src=\"https:\/\/blog.uchceu.es\/ciencias-politicas\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/04\/index1.jpg\" alt=\"index\" width=\"262\" height=\"192\" \/><\/a><\/p>\n<p>La inexorable agregaci\u00f3n de los expulsados del empleo y los desestabilizados de su estabilidad laboral, los asignados al precariado, resulta en un subproletariado de nuevo cu\u00f1o, una capa social compuesta por los excluidos de la sociedad salarial y el mercado de las ocupaciones. Son los reclutas forzosos del batall\u00f3n de castigo del ej\u00e9rcito de reserva de mano de obra. El fen\u00f3meno de la exclusi\u00f3n marcha al paso de la oca, dibujando una morfolog\u00eda social y una distribuci\u00f3n de estratos sin apenas precedentes. En tierra de nadie, vienen y van los subproletarios dolientes del infraempleo y los infrasalarios, los que no logran salir de la precariedad, los que s\u00f3lo entran en el mercado de trabajo por la puerta peque\u00f1a de las ocupaciones peor remuneradas y los sentenciados a la marginaci\u00f3n por, pongamos por caso, circunstancias que les convierten en v\u00edctimas propiciatorias de un ciclo negativo de naturaleza sist\u00e9mica o una victoriosa estafa. Las formas de exclusi\u00f3n se muestran en contextos de relaciones sociales condicionadas por las categor\u00edas de la renta, la ocupaci\u00f3n, la etnicidad, la nacionalidad o el g\u00e9nero. Y se producen situaciones de antagonismo entre las relaciones de inclusi\u00f3n y exclusi\u00f3n. El mecanismo esencial de la integraci\u00f3n social es el empleo. Su ausencia conduce a la exclusi\u00f3n social, no s\u00f3lo laboral.<\/p>\n<p>El de la exclusi\u00f3n es un fen\u00f3meno muy propio de nuestros d\u00edas. Claro que siempre hubo modos de exclusi\u00f3n en todas las sociedades. Pero los lazos familiares o comunitarios conllevaban elementos de ayuda y socorro para muchas situaciones. Adem\u00e1s, la expulsi\u00f3n del mercado de trabajo no implicaba un extra\u00f1amiento social tan radical como en la actualidad. La novedad del fen\u00f3meno de la exclusi\u00f3n se produce por la concurrencia de factores que constituyen un correlato al de la p\u00e9rdida del empleo. As\u00ed, entre otros, la ruptura de v\u00ednculos de cooperaci\u00f3n y solidaridad o la generaci\u00f3n de sentimientos de culpa y frustraci\u00f3n, que suelen llevar a los m\u00e1rgenes sociales. El debilitamiento de los mecanismos asistenciales de las administraciones p\u00fablicas tambi\u00e9n constituye una variable independiente para la explicaci\u00f3n de la crueldad del proceso de la exclusi\u00f3n. Los excluidos seguir\u00e1n su camino en soledad y, muy probablemente, en situaci\u00f3n de pobreza. Con todo, la exclusi\u00f3n no es un fen\u00f3meno necesariamente adscrito a la pobreza: hay sociedades pobres que mantienen lazos sociales fuertes que obstaculizan o atemperan los efectos de la exclusi\u00f3n de una parte de sus integrantes. En definitiva, lo privativo de la exclusi\u00f3n es la ausencia de relaciones sociales, de cooperaci\u00f3n y cohesi\u00f3n sociales, de solidaridad. Las oportunidades sociales de los excluidos quedan laminadas en cualquiera de las formas de sociabilidad. Y no cabe esperar ning\u00fan esfuerzo de integraci\u00f3n por parte de los excluidos merced al reconocimiento de la reversibilidad de su propia situaci\u00f3n, o a la oclusi\u00f3n social de los dispositivos sist\u00e9micos, que les condena al extra\u00f1amiento. Al final, la exclusi\u00f3n es una manifestaci\u00f3n extrema del \u201cvolumen extraordinario de sufrimiento\u201d, en los t\u00e9rminos de Pierre Bourdieu, que viene generando el capitalismo \u201crealmente existente\u201d.<\/p>\n<p>Giorgio Agamben piensa la exclusi\u00f3n social como una categor\u00eda de existencia (actividad, seg\u00fan la idea de Hannah Arendt), como existencia de mera actividad, de vida desnuda. Si bios es la esfera de la pol\u00edtica, de capacidad de creaci\u00f3n de una forma de vivir, como dice Agamben, recurriendo a la distinci\u00f3n aristot\u00e9lica, zo\u00e8 designa la supervivencia, la vida desnuda de las actividades primarias y la reproducci\u00f3n biol\u00f3gica. Zygmunt Bauman a\u00f1ade que la exclusi\u00f3n es el efecto m\u00e1s visible de la polarizaci\u00f3n social y del volumen creciente de pobreza, privaci\u00f3n y humillaci\u00f3n humanas que, en los estratos m\u00e1s bajos, pertrechan a una infraclase formada por un heterog\u00e9neo conjunto de personas en el que el bios (la vida de un sujeto socialmente reconocido) se ha reducido a zo\u00e8 (la vida meramente animal, en la que todo lo reconocible como propiamente humano ha sido mutilado o eliminado). Fuera de los confines de la sociedad, la identidad de la infraclase significa ausencia de identidad.<\/p>\n<p>En efecto, tal y como hab\u00eda advertido Alain Minc, los excluidos no conforman una clase social sino, m\u00e1s bien, su propia negaci\u00f3n. Por m\u00e1s que la situaci\u00f3n de excluido tienda, tan a menudo, a convertirse en permanente. La tradici\u00f3n te\u00f3rica marxista fijaba los l\u00edmites anal\u00edticos de la distribuci\u00f3n social del poder y la riqueza en la diferenciaci\u00f3n de las clases; la weberiana a\u00f1ad\u00eda el estatus y el poder pol\u00edtico y, de modo colateral, las ocupaciones, que deben ser desechadas como variables independientes de identidad de clase. A este respecto, las categor\u00edas socioprofesionales son meras nociones estad\u00edsticas, definiciones diferenciales orientadas a la descripci\u00f3n de las posiciones sociales en las jerarqu\u00edas ocupacionales y algunos comportamientos sociales atingentes a las capacidades de renta y consumo, fundamentalmente. Siguiendo la comprensi\u00f3n weberiana, las clases sociales son agregados de individuos que comparten situaciones de clase con probabilidades de evoluci\u00f3n diversas, en funci\u00f3n de sus recursos y capacidades. Para la teor\u00eda marxista (ortodoxa) de las clases sociales, las clases no son categor\u00edas sociales o agregados, ni conjuntos de status, ni entramados de representaciones colectivas, ni escisiones de una conciencia com\u00fan colectiva. La clase es inseparable de la conciencia de ser una clase. La clase \u201cen s\u00ed\u201d designa una posici\u00f3n de acuerdo a la estructura social en las relaciones sociales de producci\u00f3n. La clase \u201cpara s\u00ed\u201d hace referencia a las clases autoconscientes. En la teor\u00eda de Max Weber, la conciencia de clase no es necesaria y, de hecho, se manifiesta de modo desigual y no en funci\u00f3n de los intereses de clase.<\/p>\n<p>Para algunas corrientes postmarxistas, la clase surge de continuas experiencias colectivas, entre marcos temporales, que se almacenan como conocimiento de clase, como conciencia de s\u00ed, no tanto por acumulaci\u00f3n sino como plexo referencial con potencia generadora para situarse. De ah\u00ed que la formaci\u00f3n de una clase sea funci\u00f3n de experiencias colectivas que van construyendo una conciencia com\u00fan en un proceso continuado de retroalimentaci\u00f3n. La clase se constituye, como sujeto colectivo, mediante un proceso de subjetivaci\u00f3n, de conciencia de clase en una formaci\u00f3n siempre inacabada. La conciencia de clase es, pues, un conjunto de experiencias compartidas, un efecto de subjetivaci\u00f3n no individual. As\u00ed, en la concepci\u00f3n de E.P. Thompson, la clase es un proceso activo y una relaci\u00f3n hist\u00f3rica. Una clase es un proceso hist\u00f3rico. La clase social no debe ser considerada como un conjunto determinado y establecido de individuos en determinada posici\u00f3n social sino, m\u00e1s bien, como un proceso social en movimiento continuo. La clase es ajena a cualquier propiedad o cualidad permanentes. Es, mejor, un fen\u00f3meno del todo extra\u00f1o a la objetivaci\u00f3n. No podr\u00eda confundirse con un estrato ni con una categor\u00eda socioprofesional ni, mucho menos, constituye una realidad institucional. La subjetivaci\u00f3n, que produce la clase y es producida por la clase, es de naturaleza plural y procesual. Y no es objeto de ning\u00fan determinismo. La clase no puede ser pensada como estructura. Ni siquiera como identidad. Por m\u00e1s que las clases sociales resulten, al final, en grupos de pertenencias subjetivas, construcciones sociales y pol\u00edticas a partir de vivencias comunes. Pero esta comprensi\u00f3n no se ha desarrollado pac\u00edficamente. A este respecto, Stuart Hall, entre otros, no ha dejado de insistir en que son los modos de producci\u00f3n los que constituyen las clases. A la posici\u00f3n cr\u00edtica de Hall se ha sumado G.A. Cohen con su observaci\u00f3n de que la negaci\u00f3n de una definici\u00f3n estructural de clase por referencia a las relaciones de producci\u00f3n implica que la condici\u00f3n de existencia de la clase sea la conciencia de clase misma. La diferenciaci\u00f3n de las clases sociales no se fundamenta, a priori, en la subjetividad de los actores sino en los hechos, en las condiciones objetivas, en la posici\u00f3n en las relaciones de producci\u00f3n. En el capitalismo, tales relaciones se inscriben en el campo del valor trabajo. El mismo antagonismo de los intereses de las partes, esa muestra de la lucha de clases, expresa una subjetividad propia de las relaciones de clase. De manera que la conciencia de la propia situaci\u00f3n en relaci\u00f3n con la de los dem\u00e1s deber\u00eda manifestarse, mejor que en la situaci\u00f3n de clase, en el grupo de estatus. Los intereses de clase no explican satisfactoriamente (por necesarios y suficientes) la acci\u00f3n colectiva de una clase. En cambio, los grupos de status en relaci\u00f3n rec\u00edproca son grupos por definici\u00f3n.<\/p>\n<p>La identidad social es un conjunto de caracter\u00edsticas definitorias y diferenciadoras, compartidas o no con otros individuos. Desde el punto de vista de la psicolog\u00eda social, la identidad social resulta de la imagen autoconstruida en virtud del proceso de socializaci\u00f3n y el contexto social de integraci\u00f3n. Se trata de una dimensi\u00f3n de las relaciones sociales que se resuelve en una autorrepresentaci\u00f3n de nuestra existencia singular, una conciencia de s\u00ed. En el sentimiento de identidad se funden elementos sociales y ps\u00edquicos que se reflejan en las interacciones sociales. As\u00ed, de acuerdo con la ya cl\u00e1sica elaboraci\u00f3n de G.H. Mead, el proceso de socializaci\u00f3n propicia la interiorizaci\u00f3n de los valores grupales, el sentimiento de pertenencia a un Nosotros. La construcci\u00f3n social de la identidad se entiende, siguiendo, por ejemplo, la explicaci\u00f3n psicogen\u00e9tica de Piaget, como un continuo que integra estructuras cognitivas y afectivas en un proceso de ajustes constantes no lineales, por asimilaci\u00f3n (de estructuras ya construidas) y \u201caccomodation\u201d (reajustes de estructuras en funci\u00f3n de transformaciones externas). Por supuesto, el proceso de socializaci\u00f3n no escapa al influjo de las condiciones materiales de vida, del estatus socioecon\u00f3mico familiar. Tambi\u00e9n puede observarse la socializaci\u00f3n como un proceso de adquisici\u00f3n de c\u00f3digos simb\u00f3licos (constituyentes de la construcci\u00f3n de identidad, en un marco relacional y colectivo) de la comunidad de pertenencia. La identidad individual va model\u00e1ndose en funci\u00f3n de los ajustes de integraci\u00f3n de rasgos comunes a la sociedad total, por cierto, cada vez menos generalizados, en virtud de la creciente heterogeneidad social, y las particularidades individuales y grupales. La identidad se construye por el camino de la socializaci\u00f3n en un proceso de personalizaci\u00f3n y socializaci\u00f3n entre pertenencias categoriales. Para este enfoque te\u00f3rico, la identidad colectiva es el corolario de la transmisi\u00f3n de normas propias, de la solidez de los mecanismos de conservaci\u00f3n de los referentes consuetudinarios, de su interiorizaci\u00f3n racional y emotiva, y de su legado en las estructuras de socializaci\u00f3n. El fundamento primero de la identidad colectiva se proyectar\u00eda, pues, en el vector de la socializaci\u00f3n, en el hecho de la pertenencia a una colectividad. Los grupos de pertenencia, por su parte, se distinguen seg\u00fan sus imaginarios colectivos, mantienen una cultura com\u00fan y, en ocasiones, incluso una ideolog\u00eda colectiva, pero no constituyen clases sociales. M\u00e1s bien, se inscriben en el orden comunitario, esto es, comparten una cierta organizaci\u00f3n de la vida colectiva. Pero la noci\u00f3n de grupo de estatus tampoco servir\u00eda para el an\u00e1lisis de la posici\u00f3n de los excluidos con arreglo a los conceptos del s\u00ed-mismo, ni de acuerdo con la diferenciaci\u00f3n durkheimiana entre un ser colectivo y un ser privado, ni de los roles o las culturas interiorizadas. Desde luego, los excluidos podr\u00edan adoptar una representaci\u00f3n de s\u00ed mismos por relaci\u00f3n a los otros en su misma posici\u00f3n y a los otros de la sociedad total. Es lo que sucede en muchas biograf\u00edas. Pero las de los excluidos solamente tienen en com\u00fan las experiencias acumuladas de la retroalimentaci\u00f3n positiva de su propia exclusi\u00f3n, la heterogeneidad de sus perspectivas y la multiplicidad de los pensamientos de su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras los integrados en la sociedad salarial y las relaciones de producci\u00f3n disponen de opciones de resistencia en virtud de las v\u00edas posibles de organizaci\u00f3n para la defensa de intereses comunes, esto es, si son poseedores de una identidad com\u00fan, que les fortalece en la medida de que se trate, los excluidos est\u00e1n del todo inermes ante su fatum. No reconocen a sus id\u00e9nticos por m\u00e1s que conozcan a sus diferentes y a sus enemigos. Para la determinaci\u00f3n de su campo de acci\u00f3n colectiva ser\u00eda necesaria la mediaci\u00f3n de una representaci\u00f3n com\u00fan de su posici\u00f3n, de sus experiencias y vivencias comunes. No importan demasiado las biograf\u00edas, ni se requiere la presencia de un mismo camino hasta la exclusi\u00f3n. En cualquier caso, los excluidos comparten, \u00fanicamente, las condiciones objetivas de su situaci\u00f3n; y no hay nada que se asemeje, entre ellos, a una intersubjetividad activa o a un proceso de subjetivaci\u00f3n que lleve a la identidad de grupo de estatus.<\/p>\n<p>Los excluidos son los protagonistas del \u201csufrimiento social\u201d, en expresi\u00f3n de Emmanuel Renault. El tiempo del neoliberalismo ha proporcionado magn\u00edficas oportunidades para el espectacular desarrollo del sufrimiento social. Pueden observarse, algunas, en la fragmentaci\u00f3n social, las desigualdades extremas, las condiciones del empleo y el desempleo, y en la mercantilizaci\u00f3n de casi todos los \u00e1mbitos de la vida social. Por m\u00e1s que el sufrimiento causado por factores sociales pudiera convertirse en el \u00faltimo resorte para la lucha contra la dominaci\u00f3n, rendidos de antemano, los excluidos no lo sentir\u00edan as\u00ed. Tal es el alcance de la tr\u00e1gica paradoja del sufrimiento social. A fin de cuentas, el sufrimiento social es la continuaci\u00f3n de una gran derrota, el efecto de un exceso de sumisi\u00f3n y la sublimaci\u00f3n del \u00e1nimo de revuelta. Se aloja en cada individuo que lo padece y deviene una experiencia compartida con otros individuos en la misma situaci\u00f3n; pero sin asomo de conciencia \u201cpara s\u00ed\u201d. Pero los excluidos, sin referencias de adscripci\u00f3n o pertenencia a grupos sociales, suelen manifestarse desligados de cualquier suerte de estrategia com\u00fan con gentes afines y, en definitiva, acaban por bajarse realmente del mundo cuando les llega la noticia de la clausura inexorable de sus oportunidades existenciales. La mera precariedad laboral ya desplaza los modos de autoconstrucci\u00f3n de una individualidad coligada a la normalidad de las normas sociales. La exclusi\u00f3n es el peor de los impedimentos para la autonom\u00eda individual; determina la \u201cprecarizaci\u00f3n de las vidas ordinarias\u201d. Incluso, impide la consolidaci\u00f3n de una conciencia de s\u00ed mismo, como advierte Guillaume Le Blanc. Siempre hubo en los sistemas sociales (y con mayor rigor cuanto m\u00e1s jer\u00e1rquicamente ordenados) una inercia sustantiva entre los miembros de los estratos m\u00e1s bajos. A ellos han de corresponder, forzosamente, los rasgos de identificaci\u00f3n provenientes de la carencia pr\u00e1ctica de materiales de conocimiento y definici\u00f3n de su propia situaci\u00f3n, de la invisibilidad de opciones viables de ruptura con la realidad establecida, y de la imposibilidad de gesti\u00f3n de los recursos disponibles para la acci\u00f3n social. El actual escenario de crisis profunda de la sociedad salarial presenta las mejores condiciones para la garant\u00eda de reproducci\u00f3n de la exclusi\u00f3n de los excluidos, de su ausencia de identidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La inexorable agregaci\u00f3n de los expulsados del empleo y los desestabilizados de su estabilidad laboral, los asignados al precariado, resulta en un subproletariado de nuevo cu\u00f1o, una capa social compuesta por los excluidos de la sociedad salarial y el mercado de las ocupaciones. 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