Un mundo naranja por el fin de la violencia contra las mujeres

Como cada año, el 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Una fecha infame, no por lo que reivindica, sino por la propia necesidad de que esté marcada en nuestro calendario. Y es que, en pleno siglo XXI, todavía es demasiado habitual que mujeres y niñas sean objeto de discriminación y de violencia: maltrato, mutilación, acoso, marginación, abusos físicos, y un largo y vergonzoso etcétera.

La igualdad de género es uno de los fundamentos esenciales para construir una sociedad pacífica, justa y sostenible

La violencia contra las mujeres y niñas se puede manifestar de forma física, sexual o psicológica y, lo que es peor, muchas veces de manera velada u oculta. Porque, aunque muchas de estas manifestaciones no las veamos, siguen existiendo, y vayan por delante algunas cifras que deberían invitarnos a la reflexión (todas, sacadas de ONU Mujeres):

  • Una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido algún tipo de violencia física o sexual
  • El 71% de las víctimas de tráfico de personas en el mundo son mujeres y niñas, en gran parte destinadas a la explotación sexual
  • Una de cada diez mujeres de la UE ha sido víctima de ciberacoso relacionado con contenidos sexualmente ofensivos y explícitos en redes sociales
  • 137 mujeres son asesinadas cada día en el mundo por un miembro de su familia, su pareja en la mayoría de los casos

Cifras que reflejan la necesidad de que, cada año, el 25 de noviembre siga estando marcado en naranja en nuestro calendario.

Pintar el mundo de naranja por la igualdad y contra la violencia

Son ya varios los años que, desde la ONU, se lanza la campaña «ÚNETE para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres» para concienciar a la sociedad sobre esta situación. Y son también varios los años que, desde nuestra universidad, nos hemos vestido de naranja para seguir denunciando la violencia contra mujeres y niñas.

La profesora Ruth Abril, experta en cuestiones de género y firme defensora de los derechos humanos, es una de las personas que cada año promueve y participa en todas estas iniciativas, al igual que la Unidad de Igualdad de la universidad. Además, ella desarrolla diversas líneas de trabajo que buscan el fin de las desigualdades y, entre otras, la erradicación de la violencia contra las niñas en conflictos armados. Con otra cifra demoledora, por cierto: de los 300 000 niños soldado que hay en el mundo, el 40% son niñas.

Sí, lamentablemente, incluso en la guerra las niñas sufren más violencia que los niños.

El machismo, el sexismo, la desigualdad entre hombres y mujeres… son el germen de muchas actitudes violentas. Ruth, ¿cuál crees que es la clave para empezar a desmontarlas?

Para mí, un punto fundamental es la visibilidad. Si no ves algo, no puedes actuar para promover el cambio.

Mi proyecto sobre niñas soldado, por ejemplo, ya trata sobre esto, y arranca con nada menos que con la normativa. La normativa existente no contempla a las niñas, sino únicamente a los niños. Y hay muchísimas niñas en los ejércitos ocupando posiciones no reconocidas porque no están en primera fila, sino «detrás». A esto, evidentemente, hay que añadir todo tipo de agresiones sexuales, de matrimonios forzados, etc. Pero la desigualdad y la violencia no acaban aquí: estas jóvenes, tras la reinserción, vuelven a sus hogares deshonradas, con niños, muchas veces repudiadas y rechazadas por sus propias comunidades.

Por eso defiendo que, en situaciones de conflicto, no se puede desmovilizar de la misma manera a las niñas y a los niños: las primeras se convierten en una carga, mientras que los segundos son tratados prácticamente como héroes. Nuestro proyecto busca visibilizar todos esto, buscar fórmulas y ejemplos que funcionen y que se puedan desarrollar en otros lugares.

En la necesaria reivindicación por la igualdad y la justicia, ¿es lo mismo un machista que un no feminista?

El que no es feminista, en el fondo es alguien que no reconoce la igualdad entre hombres y mujeres. Y, si no reconoces los derechos y el trato igualitario, actúas conforme a eso. Esto conduce inevitablemente a comportamientos machistas, que son potencialmente violentos.

Sin embargo, hay un matiz importante que todos deberíamos conocer: lo contrario del machismo no es el feminismo, sino el hembrismo. El feminismo se sitúa en un punto intermedio, ya que defiende la igualdad entre hombres y mujeres y el evidente respeto a la diferencia. Por esta razón, cuando una persona rechaza el feminismo, va a tender a un extremo o a otro. Y, de nuevo, esto lleva a la violencia: no siempre a una violencia física, pero sí a una violencia estructural que impone comportamientos, actitudes y limita las libertades.

Cuando nos acercamos ya a la violencia física, las cifras son escalofriantes: en lo que llevamos de año, más de cuarenta mujeres han muerto en España a manos de sus parejas. Pero la verdadera dimensión de esta lacra social todavía es invisible, sólo llegamos a ver la punta del iceberg. Y es que, hasta que un hombre mata a una mujer, ya se ha pasado por diversas fases con distintos grados de violencia. Controlar o limitar los contactos de la mujer ya es una forma de violencia. Impedirle hacer algo ya es una forma de violencia. Que las niñas tengan miedo y se vean obligadas a caminar en grupo para evitar ser atacadas, eso es decididamente violencia.

En el mundo, el 35% de las mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual a manos de sus parejas o a manos de otras personas

La violencia no siempre es física y directa, también puede manifestarse de forma indirecta a través del lenguaje, de la coacción: ¿es normal que una joven de 14 ó 15 años sea objeto de comentarios intimidatorios, que sea continuamente sexualizada? Hay ciertos comentarios, ciertos «piropos» que, repetidos muchas veces y de forma continuada, son violentos. Lo son porque coaccionan, intimidan y generan miedo: esto es violencia, y lo peor es que muchas veces no nos damos cuenta del efecto que pueden tener.

Evidentemente, el comportamiento brutal que se traduce en agresiones físicas y psicológicas es lo primero que hay que visibilizar, pero no es lo único. A nivel social, hay que sacar todo esto a la luz, debemos educar y actuar: en España tenemos ejemplos muy recientes y muy dolorosos de agresiones grupales a jóvenes, a pesar de que existe ya una conciencia social sobre la violencia contra las mujeres.

No, aunque nos duela como sociedad, hay que seguir mostrando todo esto. No podemos ni debemos dejar de denunciarlo.


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